Friday, May 01, 2015

Mara y la rutina del martes.


Mara y la rutina del martes.
Entiendo que Mara, poco a poco, tal como así ha sido, prefiera ir de compras con sus amigas que conmigo, que se va haciendo más independiente cada día que pasa, son ya dieciséis añitos y claro, las cosas cambian. Lo entiendo y lo acepto, es ley de vida. Casi le da vergüenza que la vean cuando me acompaña a algún recado o a la compra, huye de recados y de compras. Lo entiendo y me enorgullece que vaya haciéndose independiente de nosotros.

Lo único que se  iba manteniendo de forma sorprendente y excepcional era la tradición de los martes. Hubo un tiempo, hace ya la friolera de más de cinco años, que por razones complejas, yo, los martes por la tarde trabajaba y Mara al llegar a casa se encontraba sola, mas sola que la una. Coincidió esa temporada con que Ed, mi bueno de Ed, tenía su día de descanso y Javi tenia actividades extraescolares, no recuerdo bien si futbol o karate o baloncesto. Empezaron, como no, Mara con sus doce años, pues , con el buen tiempo, a sacar la bicicleta y darse sus buenos paseos por la senda del parque del Oeste o con el patinete o a jugar al baloncesto en la cancha de aquí al lado o los patines de toda la vida.
Más tarde, sobre todo en esos días  de mal tiempo de invierno, algún día iban al cine que está aquí al lado, el Lido de toda la vida, (esos días si que daban envidia, ya sabéis mi pasión por la pantalla grande; uno mas que ha desaparecido ante el empuje digital y la desgana de los espectadores). Más tarde aun, los años no pasan en balde, olvidadas la bici y demás, con la temática de la pelis muy cambiada, de las infantiles a las de miedo o dramas románticos, pues a ver escaparates y visitar tiendas de moda, de merendar bien en alguna cafetería (que no falte el bocata de jamon y la coca cola) y de que Mara siempre pescara alguna cosa, una camiseta, una sudadera, un pantalón, algo que me enseñaba más tarde con verdadera ilusión. Mara feliz, Ed radiante, yo contenta, Javi celoso, el bolsillo vacio.

Las cosas han ido cambiando  pero no la tradición del martes. Ed, no sé cómo lo consiguió pero logró que la empresa le mantuviese esa tarde libre de forma casi perpetua. Yo, por mi parte, aunque ya estaba/estoy  libre de obligaciones y deberes, quise que esa tarde de padre e hija la mantuviesen y siempre excusaba el ir con ellos, era su tarde sabiendo que, un día cualquiera, se rompería e iba avisando suavemente a Ed, que se preparase para la ruptura. Nunca pensé que aguantarían tanto. Nunca pensó Ed que se acabaria.
El martes pasado.
Ed recibió un mensaje en su móvil de Mara a las cinco de la tarde, como en el terrible poema, a las cinco de la tarde/Eran las cinco en punto de la tarde./Un niño trajo la blanca sabana/ a las cinco de la tarde:

Papi, no me encuentro bien, me voy a acostar que tengo mucho cansancio y sueño, hoy no salimos. No es nada grave, no te preocupes. Nos vemos por la noche

Me imagino la cara del pobre, la mandíbula caída, el rostro preocupado, los ojos rojos y a punto de llorar. Me imagino los mil pensamientos y dudas que le cruzarían por la cabeza. Ir a ver como estaba pero, claro, la vocecita interior le decía que no, no fuera que se enfadase. Quedarse a trabajar esa tarde, trabajo había de sobra. Llamar o no llamar, pero se iba a acostar, mejor llamar mas tarde…Al final se quedo en el trabajo tratando inútilmente de no pensar en Mara y si estaba mala. Me lo imagino viendo como el reloj tardaba en dar las cinco, las seis, las seis y media, las siete…
Sobre las ocho de la tarde no pudo más y la llamó. Le asusto que no el cogiera el móvil, eran ya más de tres horas de siesta. El movil sonó y sonó de forma repetida, como las campanadas últimas de una condena.

Me llamó casi sin resuello  y me pregunto por la niña, que como estaba, si tenía fiebre, si estaba muy pálida, si la veía mal, si convenía llevarla al médico…le corte como pude y le dije que sí, que se acostó temprano en el sofá pero que recibió una llamada de Loren, se arreglo rápido y se fue con ella y otras chicas a dar una vuelta.
Me imaginé, al otro lado de la line telefónica, como quedaría de espíritu, desconcertado y sin saber ni que decir ni que pensar. Rápida le dije que ya lo sabía, que era normal que la niña prefiere salir con sus amigas, que es ley de vida, que tenía que esperarlo de una semana u otra, que no le diese más vueltas. “Vente para casa que haremos una buena ensalada, como la que a ti te gusta, lechuga, tomate, queso, soja, maíz, bonito…bien aliñada…”

Al otro lado me siguió con su eterna cantinela: “La ensalada, salada; poco vinagre y bien aceitada”
Al fondo la voz de Javi, levantando la cabeza de sus cuadernos entre los que esconde algún comic, como si no lo supiéramos: “Dile que si quiere me lleva a mí a comprarme alguna cosita, ya que no esta Mara….”

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