Friday, June 23, 2017

Una puerta roja, cerrada…


Una puerta roja, cerrada…



Solo una puerta como tantas

Cerrada a cal y con candado…

A un lado, calidez del hogar,

Al otro el descenso al infierno…

De los bares de humo  y sostén

O triste ascenso a la terraza…

Para volar ingrávido hacia la fosa.



Es  solo una puerta y una llave…

Mágica que no está en la mano.

Voces que llamaban a la ira

Traspasan la madera hiriendo

Grave al corazón detenido…,

Taladran con dolor los oídos.



Una puerta cerrada

Una hija a un lado

Junto con la madre,

Un padre al otro…



Y voces airadas como puñales en la sombra

Viejos secretos que afloran

Solo una vieja puerta barnizada…

Un mundo se cae por una palabra,

Una vida se acaba por una palabra,

Un secreto se abre por una palabra,

¡Mejor estar en la inocencia del no saber!

¡Mejor estar sordo y no escuchar!



Solo una puerta marcando un destino…

Y el tiempo se acaba y para y muere…


Wednesday, June 21, 2017

Cuidado con los deseos…pueden cumplirse.


Cuidado con los deseos…pueden cumplirse.

Se enamoro del coche del escaparate, era el de sus sueños. Se paró a mirarlo, tenía algo de tiempo antes de entrar a trabajar aun sabiendo que la reunión con los nipones era muy importante para la empresa y para el. Un descapotable deportivo de la marca Ferrari sobre una tarima redonda dando vueltas inútilmente como la tierra sobre su eje. Rojo  como la sangre recién derramada. Se ponía a 140 kilómetros por hora en cuatro segundos. Con una belleza de líneas medio salvaje, inhóspita, peligrosa,  atrayente. Con el precio de un apartamento de un tamaño mediano era eso un sueño, imposible de poseer algo así y lo sabía. Su sueldo escaso, la familia amplia, el colegio de los niños, la hipoteca mensual. Valía mucho más que su propia casa. Esa era la típica idea de un idealista, un iluso, algo deseable pero inalcanzable. Su mano abierta sobre el cristal del escaparate era todo un símbolo, un gesto casi infantil…en la fuente de la plaza le dio la espalda al agua y, con una mueca que pretendía ser una sonrisa y los ojos cerrados,  arrojo con desespero un euro, el del café que no podría tomar en ese día.

Todo empezó a ir mal a partir de ese momento ¡y de qué forma!

Eran las ocho de la mañana cuando piso la mierda de un perro en la acera, resbalo y se cayó cuando largo era sobre la espalda que crujió como un viga de madera al romperse, de rebote la nuca impacto contra las losas de la calle por dos veces. Vio estrellas volando alrededor de su cabeza y a la gente solicita que le ayudaba. En realidad solo era un joven melenudo y lleno de piercings pero en su mareo lo veía por quintuplicado; curioso, pensó, como en los documentos mensuales para la dirección, por quintuplicado. El buen samaritano lo sentó en un banco de madera donde en una astilla le rasgo, pierna derecha, el pantalón; un siete enorme que dejaba entrever el calzoncillo blanco y sus piernas peludas y muy blancas. Medio conmocionado trato de recomponerse pero el dolor no le dejaba concentrarse bien. El joven le decía de ir al hospital, a urgencias pero el le respondía que debía ir al trabajo, que tenía que llegar a su oficina, cosas importantes, negocios, dinero, salario. El borracho que vivía en el banco cabreado con el intruso, pensando en que posiblemente le robase el lugar, su lugar de toda la vida,  le vomito encima como diciendo que no se metiera en su territorio, que se buscase su propio banco.

Llego tarde al trabajo, eran las nueve pasadas,  por primera vez en su vida y, tras la bronca de rigor por la tardanza y el aspecto deplorable, no digamos del olor que desprendía,  lo despidieron a distancia y con gestos.

Llego, en cambio,  temprano a casa, temprano y abatido, queriendo darse una ducha y poder cambiarse de ropa. Eran las diez horas treinta minutos,  y encontró a su mujer con otro; según ella, no era otro, era el de siempre. La escena era absurda, todas esas lo son, ridículas, un mal chiste.  La mujer, ex, más bien a partir de esa entrada, le hizo la maleta ante la sonrisa sardónica del testigo inoportuno que se tapaba sus cosas con una toalla blanca, la suya de siempre, y salió de la casa con el alma en los suelos. Menos mal que le dejaron  el tiempo justo de limpiarse y cambiar de ropa. “La casa me la quedo yo y los niños, por supuesto, gilipollas” le espeto la ya su ex en la puerta que se cerró como una condenación a los calabozos de la soledad.

No podía pensar que más le podría salir mal. Andado como un autómata se fue al café de la plaza, viejo y de grandes cristaleras. Era absurdo, pensó el, que a las once y media de la mañana, con su pequeña maleta, estuviera en aquel café en el que no entraba desde sus tiempos de la universidad. Era absurdo también que después de años de trabajo toda su vida se resumiera en aquella maleta mínima, se sentía casi desnudo como los hijos de la mar aunque el era más bien de aviones y aires. Su reflejo en el gran espejo mostraba ya los estragos de la situación y de la vida.

El café le quemo la garganta, en la impresión le vivieron ganas de llorar, y una furia consigo mismo inexplicable.  Se sentía airado, violento sin dejar de sentir la inutilidad de todo. Años de trabajo y familia tirados por la borda en unos minutos, un pequeño accidente, una broma cómica de algún Dios juguetón.

Los minutos pasaban sin darse cuenta, en un vacio de mente y alma mientras se abrían dudas y verdades. Vio el ticket de la consumición en un pequeño platillo de metal reluciente, un euro con cuarenta céntimos. Pago con desgana, casi llorando. Se pregunto qué podría hacer. ¿Una pensión? ¿La casa de un amigo por unos días? ¿Un abogado?....llamo al camarero y le entregó el dinero. Eran las once y cincuenta y siete. El garÇón comprobó el dinero, se dio la vuelta y avanzo con paso tambaleante hacia la caja central. Por el camino atendió la llamada de una joven guitarrera, tomando nota de  su pedido.

Entrego todo al viejo arrugado y de grandes mostachos de la caja, el de siempre, el eterno, eternamente empotrado en un sitio minúsculo. Pulsó el precio y, al coger las monedillas de la vuelta,  sonaron campanas como cristales rotos. Un grueso y orondo camarero de chaleco reluciente, frac  y un puro en la boca, bajó por las escaleras de las oficinas con una bandeja enorme, con un chasquido seco de los dedos de la mano derecha se  rodeo de todos los camareros con bengalas encendidas y se acercaron a la mesa de aquel  hombre, nuestro mísero y desgraciado protagonista, y haciéndole entrega, eran las doce en punto de la mañana,  lo sé por las campanadas del reloj de la sucursal bancaria de enfrente que se puso a dar esas doce campanadas, de las llaves del coche que le había tocado en ese mismo momento, un coche rojo como la sangre recién derramada, le iba describiendo el grueso camarero, descapotable, un  deportivo para conquistar y poder vivir en la absoluta velocidad,  en cuatro segundo se ponía a ciento cuarenta kilómetros a la hora, con un precio equivalente al de un apartamento mediano, una joya de la mecánica Ferrari de la que podía elegir el color, con unas curvas sinuosas y aerodinámicas….nadie entendió la blancura que se extendió por  su rostro, nadie entendió el porque el dolor del corazón, nadie entendió el miedo que se instauro en su cara y como gritó como un poseso, un loco, un orate mientras se mesaba los cabellos…

Monday, June 19, 2017

Viejas notas para un año nuevo….


Viejas notas para un año nuevo….



Loco, bailo y sigo al rio       

Tachonado de estrellas,   

Someras rilan felices     

 En mágicas notas de     

Música, son parpadeos   

Infantiles al borde     

Abismal de los sueños.   



 No comprenden mi pena 

Ni los pétalos que huyen  

En el agua cantarina, unos  

Verdes como la vida, otros 

Rojos como la muerte  seca 



 La libélula toca     

Piano, tecla con tecla,   

De blanca a negra, sutil  

En un salto infinito…

Sones que bordean vida

Abrazos fingidos, luz

En la mañana estival…



No comprenden mi rabia 

Ni mis saltos y gritos   

Yo, con mi pecho abierto, roto  

Como una gran sonrisa, entre 

Afiladas  rocas  de cuarzo….

Saturday, June 17, 2017

Un partido de futbol.


El partido de fútbol en la televisión era muy, pero que muy malo, aburrido, sin salsa y los dos equipos estaban jugando a perder. Era el Real Madrid-Valladolid de la liga. Eso sí, a lo tonto, muchos goles.



Entretanto picando un poco de jamón, chorizo, unas aceitunas, unas patatillas, yo metiéndome con mi sobrinillo, Joaquín, ya os he hablado de él en muchas ocasiones. Un forofo del fútbol, (“vamos a jugar a meter gol”) y, por empatía con su padre, forofo del Madrid.



Yo: Oye, ¿Cuál es tu equipo?



J: El Madrid.



Yo: ¿Sabes cuál es el mío?...



J: ¿Madrid…?



Y: ¡NOOOOOO!, mi equipo es el más divertido de España, es el equipo ascensor.



J: ¿Barcelona?.



Yo: ¡NOooo!, es el Celta.-Joaquín pone cara de no haberlo oído nunca.- Si, hombre, el Celta de Vigo que tiene el mejor portero de toda la península Ibérica, Javi Vara.



J: Noooo, mentira, el mejor portero es Casillas….para todo.



Y: ¡Ja! El mejor es el mío, Javi.



J: Mentira cochina, los mejores son Casillas y Ronaldo.



Y: ¿Ronaldo?, Pero si a ese hasta le huelen los pies. Ronaldo es un manta, hasta le huelen los pies.



J: No, Ronaldo mete goesl y es el mejor.



Y: ¿El mejor? ¡Ja! Ronaldo es un manta y además de que le huelen los pies, para que lo sepas, no sabe ni hacer una tortilla de patatas. Yo si hago tortilla de patatas y muy ricas pero Ronaldo no, que no sabe.-Y termino con un saque de lengua en su dirección con gesto de niño pequeño, chinchándole.



J: ¡Si que sabe!, Mete goles y hace tortilla patatas. Mama, mama, dile que si, que Ronaldo sabe hace tortilla patatas.



Y: No sabe, que yo lo vi y no sabe.-A esto, ya nervioso, empieza a gimotear un poco y una lagrima le cae por la mejilla.



J: ¡Si sabe! ¡Es el mejor! Y tú tienes la cara de culo. Ronaldo sabe. Papi, ¿verdad que sabe hacer tortilla?



Y: Oye, que estás hablando conmigo y yo te digo que no, y que no y que no.-Le vuelvo a sacar la lengua burlándome de el. De forma sorprendente las lágrimas ya llegan a los labios y esta casi llorando, mi corazón se encoge en un puño.



Pone las manos en las sienes y me hace burla con los ojos anegados en

lágrimas.



J: Y tú no sabes….



Lo cojo en brazos y le doy un gran beso, y le digo que tiene razón que Ronaldo es el mejor y que espero que, dentro de unos años, el mejor futbolista del mundo sea él.


Wednesday, June 14, 2017

Cancion negra...


Canción negra.

Murió en la noche, en tu alcoba
entre sabanas negras, colcha
negra.  Ausencias descubiertas
cuando fluye el último aliento,
negro estertor del agónico
instante fugaz de tu cuerpo.
Luces  negras. Canciones negras.

Thursday, June 01, 2017

¿Me permites contarte una anécdota?


¿Me permites contarte una anécdota?

Parque de atracciones, cola para subir en una que te suben primero a cien metros de altura  y te dejan caer tal cual.

Me pongo a la cola con el crio que, gracioso él, quiere subir acompañado y, además,  como no da la edad pues... ¡yo, el valiente y osado y atrevido! ¿A que padre no le ha pasado alguna vez en su vida?

La cola avanza, veo como suben, como caen, las caras desencajadas, la respiración casi cortada, alguna matrona es ayudada a bajar por los jóvenes que se encargan de todo. Me voy poniendo malo, se me hincha el estomago, me entra esa fase de sudor frio (el típico acojone, el de siempre). Veo como comprueban los enganches de los que suben y me entra en la cabeza de que algo puede fallar, de que algo va a fallar. Me dan ganas de escapar pero, el crio, bendito Herodes, como presintiendo la traición, me coge de la mano todo alegre y me mira sonriendo y feliz.

No lo convenzo de ir a otra o ir a tomar un helado. Incluso le ofrezco diez euros para evitar tener que subir.

La cola avanza poco a poco, al ritmo de mis neuras y mi estomago que se pone como una pelota de futbol y me hace daño.

Llego,  me sientan, me ponen un arnés que me comprime el pecho. No sé como escaparme sin hacer el ridículo. La sujeción me mantiene aprisionado y no me deja ya escapar, estoy perdido, estoy a punto de gritar. Me aguanto como puedo al tiempo que un enorme eructo sale de mi boca y las ganas de vomitar de terror son casi inaguantables.

Prefiero mirar cómo me suben, pero no cierro los ojos que dicen que es peor. El acojone es brutal. La altura es mucho peor aun de lo que esperaba. Los cochinos operarios del parque me suben despacio, muy despacio, yo gritando para mi "que caiga ya, que caiga ya". La tierra se escapa a mis pies. Le recuerdo a Javi, medio sonriendo medio llorando el chiste de aquel que sube por primera vez al avión y le dice a  la azafata que era verdad que desde allí las personas se veían como hormigas; la azafata le contesta sonriendo: Son hormigas, señor, aun no hemos despegado….

Estamos arriba, y no nos sueltan, no, los condenados nos dejan allí unos segundos en los que casi me da algo....Javi saluda alegre y orgulloso a su madre y hermana que le devuelve el saludo. No aguanto más, estoy a punto de gritar de puro pánico, una nueva ola de ruidos de estomago vienen a mis labios con una toque acido asqueroso…Un ruido metálico llega a mis oídos de pronto…digo Dios mío, que caiga ya de una puta vez...que termine esto de una maldita vez…nos sueltan con un “CLANK” seco y duro, dos segundos y abajo,

No fue para tanto al final, pero...una sonrisa  de mentira se aflojo en mis labios viendo la alegría del niño. Me negué a repetir, claro está.

Un fuerte abrazo.

Tuesday, May 30, 2017

Mareado y aturdido


Mareado y aturdido

en las calles somnolientas

como cuervos ansiosos

en una resaca marinera...



Dormitando y huido

entre charcos de xxxxx

balbuceantes espinas

atraviesan mis sentidos.



Voy huido y vomitando

regando espectros en esquinas

fugaces de dolores y cuentos,

marcando mi desgracia.



Voy y no ando, me pierdo,

laberintos de claveles

dispersos en la aurora

como huellas del xxxxx



Aturdido me pierdo y me re pierdo

en plazas de madera y huesos;

quebranto de silencios

serenos en la medianoche.



Giro en círculos volatineros

buscando solo una farola

una señal perdida y esotérica

que me permita abrazarla.

Sunday, May 28, 2017

Regalos de Navidad.


Regalos de Navidad.

Lo más difícil es decidir que regalar para poner bajo el árbol de Navidad; solo un detallito para la gente mayor, poco dinero pero algo que sea original, que sea útil. Es decir, lo de siempre, las tres B: bueno, bonito y barato, es decir, casi imposible.

Este año pues ya teníamos los calendarios de siempre, con la Virgen de la Milagrosa, uno por casa.

Buscando y buscando, devanándonos los sesos (lo reconozco, mas de una discusión matrimonial ha habido por culpo de esto regalitos y neuras incluidas) encontramos algo para los hombres: un kit para reparación de gafas (perfecto, útil y simpatiquísimo detalle). Uno, el de mi cuñado, por el uso normal de gafas, y para los otros dos por las gafas de leer, pues ya se sabe que la edad aprieta.

Para las mujeres también lo teniamos decidido, unos minutero digitales con imán para la nevera. Además, para la abuelita pues una calculadora de pegar y además solar. Perfecto, lo más difícil ya estaba ahora quedaba pues lo fácil, la compra, ¡je…je…je…JE, JE, JE! El destino es cruel como en las tragedias griegas.

Llegamos a la tienda “XXXXXX” y directamente nos fuimos los dos, ambos, los dos al unisonó, ¡ojo al parche!, casi de la mano al estante. No están los kits. Buscamos y rebuscamos y nada. Imposible que vendieran todos de golpe, era algo absurdo, impensable. Revisamos de forma inútil, ya puestos, toda la tienda. Nada de nada.

Terminamos preguntando al dependiente de la caja. Este puso, inicialmente,  cara de tonto ante nuestra demanda y explicación consiguiente; la cara de sorpresa e incredulidad paso a otra, la de que nosotros estábamos chiflados. No sabía nada de este producto, no existía y nunca existió en ese comercio quizás en otro llego a aventurar. Insistimos sin remedio ni razón, hasta nos enojamos…un poquito. Preguntamos a una chica que estaba por allí reponiendo cosas y atendiendo a la gente y lo mismo, no sabía nada de esos kits, no los recordaba e, incluso, al final, se dirigió a preguntar al chico del mostrador por lo que le dijimos que lo dejase que ya habíamos hablado con el…con el mismo resultado.

La cara que pusimos al salir era de estupefacción, seniles estábamos, y alucinados. Vimos, eso sí, los minuteros digitales, no estábamos locos, sabíamos lo que queríamos pero no donde estaba lo que deseábamos.

Nos miramos a los ojos y en marcha, a la otra tienda de la misma franquicia, por si las moscas. Íbamos no con mucha esperanza, de verdad. En esta ultima ya ni preguntamos, miramos, remiramos, nos fuimos, había que hacer la compra del día y la comida.

Mientras volvíamos yo seguía pensando. Alguien diría que era imposible…estábamos dudando ya de nuestra propia cordura; pero, incluso, yo visualizaba en mi mano la caja de papel marrón, el trocito de plástico transparente donde se veía en el interior el mini destornillador, los tornillitos, etc.; el cartelito blanco que ponía el nombre del producto y su composición, etc…como se lo enseñaba a mi mujer…me acorde, me vino como un flash,  que antes de verlos había cogido en mis manos pequeños unos binoculares de papel cartón….mi mujer me empezó a decir las tienda que habíamos visitado en el recorrido  ese día…el binocular nos dio la pista final, leve, lejana, increíble.

Después de comer fuimos y cumplir con el ritual del sudoku y el cafecito,  a “YYYY” y… ¡allí estaban! El mismo precio (3 euros la unidad) , el mismo color, todo idéntico. Sonreímos al pensar en nuestro error. Lo malo y extraño es que ha sido no un error de uno, mío como es habitual, de siempre, sino de los dos. Un poco absurdo. Los compramos, tres eran tres la hijas de Elena….

Por el camino, seguimos el ritual del día de la búsqueda pues a comprar lo que nos faltaba ante la mirada estupefacta del dependiente al vernos entrar de nuevo pero con paquetito en la mano, al que echaba miradas de soslayo.  Le pedimos los minuteros, tres también, tres tristes minuteros, pagamos  (10,50 euros) y medio riéndonos de nosotros mismos salimos de la tienda. El dependiente la verdad más que discreto y educado, no se por dentro por dónde irían sus ideas sobre nosotros.

Otro trabajo cumplido…

Wednesday, May 24, 2017

Tienes que creerme...


Tienes que creerme:


El día nos engaña,

La noche nos duerme

Con su sopor cruel

Y  con falsos sueños.

La luna, cruel y fría,

Nos llama a la vida,

Nosotros, no la oímos.

El viento que llama

A la sangre, la nieve

Pisada se vuelve

Rastro de azules fríos

En la huella del barro

Que dejó el niño.



Tienes que creerme, niña,


El azul del nacer

Se tiñe de rojo 

En el nacimiento.

Sophia esta perdida

En el limbo blanco,

De la luz, perdida.

Todo el esta huido

En ese momento

Fugaz. La moneda

No paga a Caronte

Que, con un desprecio,

La tira a las aguas.



Tienes que creerme, hija,


La sangre se paga

Con sangre, renacer

De toda vida, mil

Quinientos de sucios

Dirhams es la bolsa

De sangre esperanza

Para la pobre niña.

Otro mundo es posible,

Te dirán los artistas,

Otro mundo, quizás,

Pero no el de esta esquina.


Saturday, May 20, 2017

Atajo.


Atajo.

Te has quedado en la cama más tiempo del debido, esos diez minutos después de sonar el despertador que te das como un regalo, se pasaron de pronto de forma mágica en más de media hora. Vas a llegar tarde a la reunión, esa de la que dependerá tanto tu futuro dentro de la empresa y la consideración de tu trabajo.

Te levantas corriendo, asustado. N te duchas. Un afeitado rápido, una pasada del cepillos por los dientes, la ropa del día anterior, no desayunas y te lanzas al garaje donde el coche está mal aparcado y otro le impide la salida correcta. No importa, no puedes perder tiempo, entras en el, dejas tu cartea en el asiento del copiloto y arrancas. Sabes que puede hacerlo, escaso sitio, hay que maniobrar peor no puedes perder más tiempo, el tiempo es oro y, en este caso, platino o plutonio radiactivo.

Das marcha atrás, un poco adelante y girando a la derecha. Marcha atrás para la izquierda. Marcha normal par la derecha y ya vez que puedes salir. Eres un genio. Sales no sin llevarte media columna y, con ella, todo el lateral derecho.  No importa, ya estas saliendo y hay que ganar el tiempo perdido.

El coche mal aparcado no te deja ver bien y, claro, casi chocas con otro coche que ya salíais. El corazón parece que se desboca del susto, tiene que respirar, oyes a tu corazón como el expreso de las ocho y media de la noche. Respiras hondo, el conductor del otro coche después de tocarte el claxon te ha enseñado el dedo. Que le den. Imbécil. El coche esta calado, lo arrancas de otra vez, empiezas a sudar.

Decides tomar un atajo en vez de coger la M-30, piensas que ganaras más tiempo.

Bajas por la Castellana y te metes por Serrano. No te acordabas de  que las obras habían empezado y te vez en un atasco de mil demonios.  No  aguantas más y coges la primera calle a mano izquierda, mas obras pero aquí solo hay un carril, estas atrapado, imbécil, que eres un imbécil.

Decides volver a la castellana y eso significa giro a la derecha,  otro giro a la derecha y después bajando meterte en esa arteria. Primer giro a la derecha esta vallado, prohibido, una gigantesca grúa está subiendo nos e sabe que a un edificio, parece que la operación va a durar. La siguiente no te vale es a izquierdas, a volver por donde habías venido. La siguiente también es en dirección contraria, no lo entiendes, te ves en medio de una maldición de los dioses o un relato de Kafka.

¡Eureka!, giras a la derecha, avanzas bien y la calle bastante libre. Te para un guardia y te manda de de vuelta, una accidente, dos muertos, lo siente. Te mesas lo cabellos y despotricas contra todo el mundo. El agente se mosquea, le dices que no es nada contra de él, solo problemas de tiempo.

Avanzas por el camino que te obliga el agente, mas para arriba, más arriba, giras una vez, dos veces, parece que la calle se abre a tu paso. Oyes en la lejanía sirenas, muchas sirenas. No lo entiendes. Te paran en el semáforo ante de la castellana. Se pone delante de ti un agente municipal. No te dejan avanzar. Ves pasar delante de ti a toda leche un montón de motos de la policía con las luces encendidas y los claxon atronando, (te vas arrancando los pocos pelos que te quedan, adiós peinado de peluquería y tratamientos costosos anti caída)detrás los coches de la seguridad, más detrás unos coches diplomáticos por las banderitas que lucen (tu miras el reloj y te comes la pocas uñas que tienes, pobre manicura), detrás (la fila es interminable y aunque van va a mucha velocidad el tiempo está detenido para ti) más coches escolta y detrás, por fin, las ultima motos abriendo el trafico.

Se metes en la arteria acordándote del Gallardón y todos sus antecesores. Avanzas parando en semáforo si, semáforo no. Cibeles, Neptuno, M-30, no sabes por qué estás aquí pero continuas dirección norte.

Llegas, ves la hora y  no lo entiendes. Más de hora y media de retraso, sucio, sudado, sin  uñas, sin pelo, el traje arrugado,, la corbata rota, al camisa desgarrada y llena desangre allí donde te has arañado. No quieres entras, dudas una y otra vez. Vez la entrada prometida.

Coges el teléfono y llamas, la ultima idea brillante que tienes. Te lo coge la borde de la secretaria del Director. Le dices de un problema a ella que se queda sin palabras. Te contesta si no leíste el correo de anoche en el que se anulaba la reunión, si, te lo había mandado, que no te preocupases. Se nota que le suenas traro, te pregunta si estás bien. Le contestas como puedes y cómo puedes regresas a casa….y es que: Por definición, un atajo es el camino más largo entre dos puntos.