Monday, December 15, 2014

Quien resistirá sus gemidos?


Quien resistirá sus gemidos?
Su amante perdido en la fosa
tras el rito. El hijo perdido
largo tiempo atrás y el olvido,
ya dolor, que no llega nunca.

Saturday, December 13, 2014

En pálida ausencia de ti


En pálida ausencia de ti
en espejo reflejada,
sombra roja, lunática,
ultimo dolor de nacer.

Thursday, December 11, 2014

Sacada del periódico "Destornillo" de la E.T.S.I.I. de Madrid.


Sacada del periódico "Destornillo" de la E.T.S.I.I. de Madrid.

Dn Javier Tarrio Sanahulce es Doctor Ingeniero Industrial, en la especialidad de Estructuras Industriales, y lleva diez años en nuestra escuela como catedrático de Calculo Estructural y en los últimos cinco años como Jefe de Estudios y Actividades Extraescolares.

 

R. D. Javier, gracias por prestarse a esta entrevista para nuestro periódico.
J. El que esta contento soy yo y ya sabéis que podéis contar conmigo para todo lo que os interesa u os haga falta. Lo único que os pediría es que, la próxima vez, me aviséis con un poco de mas tiempo.


R. Prometido. Ahora, antes de nada, ¿cuales son sus aficiones?
J. La primera es la enseñanza, evidentemente, de materia técnica en calculo estructural pero sin desdeñar otros temas: Jeroglíficos egipcios, aura astral, religión celta, magia blanca, etc... Todo esta unido por el mineral de las Dioses: El Hierro, el mineral sagrado de los egipcios y esto ya hace la friolera de más de 6000 años.


R. ¿Cual es el futuro de la ingeniería?
J. El trabajo excepcional de personas como Calatrava esta haciendo que florezca una nueva tendencia en el acero, tendencia ya con una gran tradición una vez superados las modas de la piedra y el bronce. Pronostico un aumento de la influencia del acero en función inversa a la destrucción ecológica de nuestro sistema. Es decir, somos totalmente necesarios para la nueva religión del acero como la destrucción sistemática del eco del panda, que será la destrucción del propio planeta y el nuevo orden en que los ingenieros seremos los reyes de la misma, los gurus, los sacerdotes de un nuevo tiempo. Piense usted que con los secretos del acero incluso tenemos ascendencia sobre los extraterrestres con los que estamos en negociaciones, duras y complejas, para pasarles parte de nuestra tecnología. El mundo del acero es algo que se escapa a la mayoría de los mortales pero su influencia es total. Piense usted simplemente en los grandes sindicatos del acero.


R. ¿Y nuestra juventud?
J. ¿Para que? Bueno, son la necesidad básica de nuestras enseñanzas, no tienen otro sentido. Solo nos falta la capacidad de condena por no aprovechamiento, pero todo andará. La juventud que no se descarría tendrá el poder, se lo daremos.


R. ¿Algo mas?
J. Solo un aviso y ojo al parche, desde el próximo curso los alumnos deberán portar la cruz de hierro en el uniforme y quedaran prohibidos los pircing que no sean de hierro. Habrá obligación de profesar en IRON=MAN, aunque no de adoración nocturna, por ahora.


R. Muchas gracias Dn. Javier.
J. Siempre a vuestra disposición. ¿Donde se cobra lo prometido?

Tuesday, December 09, 2014

En una cocina junto...


En una cocina junto
al resto de huesos quemados,
ya carcomidos por buitres
y extrañamente blanqueados
por el sol de la sabana.

Pero ¿donde me escondo yo?
dentro estoy de tu mirada,
atrapado en el insomne
instante del papel viejo

de la maquina de fotos,
en la cartera de cuero

cerca del calor del pecho.

Sunday, December 07, 2014

Murió en la noche, en tu alcoba,


Murió en la noche, en tu alcoba,
entre negras sabanas, colchas
negras. Ausencias descubiertas
cuando fluye el último aliento
negro estertor del agónico
instante fugaz de tu cuerpo.
Luces negras. Caricias negras.

Friday, December 05, 2014

Mara y Un cubo de basura….


Mara y Un cubo de basura….

 Cosa pequeñas, pequeños sentimientos que afloran cuando menos te los esperas. Decía mi madre que el buen perfume en frascos pequeños, como las mujeres, y que lo bueno, si breve, dos veces buenos.

Mara me llamo a gritos desde la cocina. Tenía, en los ojos, ese brillo especial de los momentos especiales, su brillo de algo prometedor, una nueva ocurrencia o una locura de adolescencia que me sacarían de quicio.

Me acerque con duda y un cierto temor, demorando el tiempo, alargando el intervalo del pasillo que se curvaba de forma elíptica hacia el futuro.  La vida con Mara es así, una sucesión de gags inolvidables y ocurrentes.

Llego a la puerta, ella estaba allí, con el pedal del cubo de basura, el de la bolsa negra, pisado, abierto, mirando arrobada el interior. Me quede extrañada, con el ceño fruncido y arrugado la nariz por un cierto tufillo que me llegaba.

Iba a hablarle cuando lo dijo en voz clara y alta: “Mira, parece un funeral con las flores y todo”.

Me  quede de una pieza acercándome a ver lo que veia. Si, lo parecía, en el fondo aquellas sartenes viejas y descascarilladas que había tirado por obsoletas  pues el baño se le estaban yendo del todo lo que me daba miedo por su mezcla con los alimentos y las había repuesto por otras nuevas. Al tiempo el ultimo ramo que me regalo Ed, cuatro capullos de rosa rojas preciosas en su día, ya mustias y secas, pues las tire a la basura, y quedaron encima de las sartenes. El efecto era realmente como si un entierro se tratara. El entierro de las sartenes. Un funeral para unas sartenes que cumplieron con su trabajo durante varios años.

Me eche a reír y Mara, se rio conmigo. “He dicho una tontería, ¿verdad?” me dijo con un gesto de sorpresa.

La abrace como acabo haciendo siempre y nos reímos como dos locas ante lo ridículo de la situación. Cuanto más ridículo nos parecía, mas nos reíamos. Cuanto más nos reíamos, mas nos abrazábamos. Cuanto más nos abrazábamos, mas reíamos.

Dos locas abrazadas y riendo y llorando a lagrima viva. Si, de pronto afloro como una fuente de sentimientos que se transformo en torrente por nuestras mejillas. Casi nos caemos.

La situación se rompió por la combinación de risa, abrazos, lloros, mareos…es decir, nos entro unas ganas locas de mear….hubo que salir corriendo, cada una a un servicio distinto, y menos mal que tenemos dos pequeños, pero son dos.

 

Wednesday, December 03, 2014

Una simple mirada….


Una simple mirada….

Capítulo I. Camino al trabajo, el encuentro fugaz.

Todo empezó con una simple mirada en el metro. Le faltaban dos estaciones para llegar a su destino cuando vio, más bien sintió o noto, con un cierto cosquilleo, una mirada fija en ella. Sonrió para sí misma. Estaba acostumbrada a que los hombres la mirasen, no estaba nada mal y su cutis perfecto, sus grandes ojos, su melena rubia de bote  y su aire un tanto aniñado la hacían objeto de la atención masculina allí donde fuera.

Un cierto repelús le entro por la espalda. No le gusto. Se volvió lentamente, acomodando la posición del cuerpo al amarre en la columna y lo vio a  unos tres metros de ella…desaliñado, con barba poblada y sucia, con su cartón de vino peleón en al mano y una sonrisa tópica y lasciva, sus ropas desaseadas y rotas….le dio asco…el escalofrió le volvió y ascendió por la nuca…volvió los ojos levemente hacia el tipo y noto que le estaba mirando la mejilla izquierda, con una fijación compulsivo, hipnotizado, con si ella allí tuviera un tesoro o ….no aparataba la vista ni un segundo de su cara…

Inconscientemente llevo su mano a la cara y se toco y, al mismo tiempo, se la tapo. No noto nada en especial o ¿sí?..., le pareció sentir bajo la piel de los dedos como si la piel estuviese arrugada, dura., correosa. Trato de verse en el reflejo de la ventanilla del vagón de forma inútil. Empezó a preocuparse por su maquillaje, por su piel, por su rostro. Tenía que verse rápidamente.

El metro paro en la estación en la que bajo de borrachín. Respiro un tanto aliviada.
Se cerraron las puertas y arranco de nuevo. Su mano iba una y otra vez a aquella zona que le resultaba un tanto desagradable, que empezaba a preocuparle tanto, que se la tapaba con la mano derecha de forma inconsciente…

Ya en su destino, Iglesias,  fue a la primera cafetería que vio abierta y entro en el servicio, no sin antes pedir un café con leche en la barra. Entro y se fue directa al espejo para verse. Una imagen inmaculada, un cutis blanco crema, sin granos, sin tachas, unos ojos que se sabia esplendidos…pero, ojo, no había como una manchita, ligera si, como una decoloración en esa mejilla…se saco del bolso y se aplico unos pocos polvos… ¡perfecto!...al tajo….

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo II. En el trabajo, las miradas, el jefe.

Hizo su entrada en la oficina tratando de aparentar una seguridad que no tenía. Taconeando fuerte, oscilando los brazos con fuerza, sonriendo de forma un tanto forzada y saludando con un tono más alto de lo habitual.

Sus compañeras se quedaban mirándola como un tanto sorprendidas lo que ella interpretaba como que le miraban el manchón de la cara, que no se lo había tapado de forma adecuada con el maquillaje.

Se sentó en su puesto de trabajo, una simple mesa con ordenador en una sala grande, amplio, luminoso. La separación entre puestos de trabajo era por unas mamparas bajas, muy escasitas…cada vez que levanta la cabeza las miraba hablar como si al criticasen, como si comentasen lo que ella notaba en su rostro.

Incluso su jefe, cuando la reunión de todos los días, se notaba diferente, insatisfecho, mirándola con insistencia que era ya de mal educación, de una forma que la hizo sentirse incomoda, avergonzada. Al salir una pequeña reunión de chicas la estaba esperando para deshacerse de forma fulminante….no podía mas, se fue al cuarto de baño y allí, se limpio la cara, se la froto todo lo que pudo y trato de recomponer su maquillaje, Para tapar el manchón se aplico un poco más de la cuenta y además usando, por si las moscas, el del tono más oscuro, el de los días de invierno cuando la tez pálida la hacia parecer un vampiro sediento de sangre. No le gustaba como quedaba, aun por debajo de los polvos y coloraciones se notaba aquella especie de gran peca, le daba la impresión que se estaba inflamando….

La mañana le transcurrió lenta y plomiza, pesada, no se podio concentrar ante tanta cháchara sobre ella, las críticas de todas, las miradas con un cierto  disimulo; noto el odio de todas su compañeras de trabajo, odio y envidia  y ahora con un deje de desprecio por la de la “cara manchada”, como le aprecia oír de forma lejana y confusa.

 

 

 

 

Capítulo III. En casa, un final poco digno.

Ya en casa cerró puertas y ventanas. El encuentro con la casera fue la gota que derramo el agua del vaso. No la saludo siquiera (nunca lo hacía, sin embargo) pero, esa vez, se la quedo mirando el gran grano de forma insidiosa como diciéndola ya ves monilla a todos nos sale una verruga de vez en cuando, ex guapa de cara, monstruo de feria….

Respiro varias ves de forma profunda y concentrada, se quito la chaqueta que tiro sobre el sofá, justo encima del bolso. Entro en el dormitorio y se puso la ropa de estar por casa, un simple camisón blanco y semi transparente. Se recogió el pelo en un moño trasero y….al tajo.

Se aplico la loción desmaquíllante, la fuerte, al que no usaba porque le ponía la piel rojo y le salían un granitos pequeñitos y feos. Se restregó una y otra vez la zona  del manchón, una y otra vez… de forma compulsiva y feroz….una y otra vez…

Cuando quedaba más o menos conforme volvía a  notar aquella sombra que se hinchaba a ojos vistas y se ennegrecía por momentos, por segundos…..vuelta a restregar y restregar.

No conforme decidió usar métodos más expeditivos y se animo con la lejía, solo unas gotas…al principio…incluso probo con unas gotas de amoniaco…al principio un a gotas….cuando parecía que se había librado del problema volvía a aparecer reflejado en su gran espejo-lupa, como una deformidad asquerosa y sucia, una verdugón negro y deforme con pinta de gusano que reptaba por debajo de su epidermis.

Empezó a desesperarse, no podía ser, no podía estar pasándole aquello a ella, o,  algo habría que hacer…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Epilogo. Metro y encuentro.

Ya solo Le faltaban una estaciones para llegar a su destino cuando vio, más bien sintió o noto, con un cierto cosquilleo, una mirada fija en el. Sonrió para sí mismo. Estaba acostumbrado a que los hombres y mujeres lo mirasen, no estaba nada mal y su cutis perfecto, sus grandes ojos, su corte moderno de pelo y su aire un tanto aniñado le hacían objeto de la atención allá donde fuera. Por no decir de su calzoncillo Calvin klein que asomaban por encima del pantalón vaquero “Pep jeans”y su camiseta sin mangas de Quicksilver

Esta vez no le gusto. Se volvió lentamente y lo vio a  unos tres metros de él…desaliñado, con barba poblada y sucia, con su cartón de vino peleón en la mano y una sonrisa tópica y lasciva, sus ropas desaseadas y rotas….le dio asco…el escalofrió le volvió y ascendió por la nuca…noto que le estaba mirando la mejilla izquierda, con una fijación compulsiva, hipnotizado….no aparataba la vista ni un segundo de su cara…

Inconscientemente llevo su mano a la cara y se toco y, al mismo tiempo, se la tapo. Le pareció sentir bajo la piel de los dedos como si la piel estuviese arrugada, dura, correosa. No podía ser, tenía el cutis perfecto. Trato de verse en el reflejo de la ventanilla del vagón de forma inútil. Empezó a preocuparse por su piel, por su rostro.

El metro paro en la estación en la que bajo por una puerta diferente a la del  borrachín. Respiro un tanto aliviado ante el aire de la calle.

Pero su mano iba una y otra vez a aquella zona que le resultaba un tanto desagradable, que empezaba a preocuparle tanto, que se la iba tapando con la mano derecha de forma inconsciente…

Ya en su destino, el gimnasio,  entro en el servicio, y se fue directo al espejo para verse. Una imagen inmaculada, un cutis blanco crema, sin granos, sin tachas…pero, ojo, no había como una manchita, ligera si, como una decoloración en esa mejilla…

 

Monday, December 01, 2014

La noche cubre tu rostro.

La noche cubre tu rostro.
Tus ojos giran atrapando
últimos destellos de la luz.
El silencio se adueña de Madrid.
Las calles se vacían rápido
como un delirio acelerado.
Silencio en la ciudad. Silencio.
Un manto extraño de niebla
se espesa, sobre ti, te envuelve,
como un segundo abrigo te
llena de frío. Avanzas insomne.
Extrañas sombras se mueven
hacia ti, oscilan como serpientes
sobre la arena del desierto.
Madrid esta desierto......
Y tienes miedo.

Saturday, November 29, 2014

Mara y el supermercado.


Mara y el supermercado.

A una época de vacas gordas (mese sin novedades) sucede una época de vacas flacas (Mara haciendo de la suyas). Sucede pues una ruptura en el espacio/tiempo y sin espacio y sin tiempo los aconteceres se suceden uno tras de otro. Lo malo es, al no esperarlos pues estamos adormecidos en esa placidez de la falta de novedades, que nos cogen de sorpresa, atónitos, ponemos cara de tontos diciéndonos como no pudimos prever todo como mucha ante. Somos como caballos de carreras con las orejeras puestas y así nos va, nos dan por todos los lados. Ed se ríe como siempre con ese humor tan suyo, sin malicia y sin pensar en maldades o ignorante de significados: Yo, en cambio, me preocupo  quizás de forma inútil.

Empezó de forma poca significativa. A poco de aquí han inaugurado un nuevo y moderno y muy limpio supermercado. Mercadona. Amplios pasillos, piso liso y brillante y muy buena atención al público en general. Lo mejor, los precios.

Hicimos la compra en sábado y Mara se empeño, primero, en acompañarme y, segundo, en llevar ella el carro de la compra. Empezamos por un lado con la idea de terminar por el otro tras recorrer todos los pasillos y departamentos del mismo. La compra para el mes que nos llevarían a casa posteriormente.

Pasamos por la droguería. Mara rápidamente metió de todo aprovechando, champús, mascarilla, acondicionador, laca….. Pasamos por la carnicería, protestas de Mar por todo. La pescadería, Mara se aparto de golpe con una “¡ahghhh, pescado, que asco!”. Los congelados y fríos, las charcutería, y ese largo etcétera que ya conocemos todo.

Fue cuando vi la oferta de las doradas. 4,95 el kilo. Para un cena de cuatro de tamañito de ración pues estaba muy bien. Espero mi turno tras haber cogido el número. Mara a regañadientes me espera y de pronto, sin aviso o adiós, se va con el carro; este está muy lleno, le cuesta dirigirlo bien, no lo domina como al principio en el que se permitía incluso coger velocidad y subirse a él hasta que frenase. Me toca el turno. Pido las doradas y le digo al dependiente cuales quiero y en esto, a mis espaldas y oculto por la estantería de las aceituna, un estrepito de algo que se va al suelo y el grito contenido de varios personas mezclado con el chillido de Mara.

Salgo pitando, sin doradas, sin respetar la cola, sin respetar a bicho viviente, chocando y golpeándome con todo mundo que, de pronto, me impedían el paso. Llego allí. Mara esta de rodillas al lado de una joven dependienta, cogiendo botes de crema de aloe vera; botes sin fin caídas de una gran árbol, una pirámide inmensa publicitaria en medio de un pasillo secundario. El carro medio impactado con la misma rodeado de ellas e incluso invadiéndolo…Las dos, de forma inútil y risible, intentaban por todos los medios volver a colocar los botes. Por cada uno que ponían se les caían tres o cuatro. Su desesperación aumentaba con sus inútiles esfuerzos.

Me quede estupefacta. No sabía si llorar o reír, si ayudar o ayudar a tirar todo aun mas. Me mi duda me saco un encargado que, de forma amable y muy educada, cogía a las dos chicas por los codos y las hacia levantarse y decirles que nos se preocupasen, que todo se arreglaría. Mara, roja como un tomate, se me acerco abandonando el carro y toda la compra. La cogí y le dije que tranquila, que todo tenia arreglo que, al menos, nada se había roto así que no había graves daños. Sin embargo, en la sonrisa torcida y en las miradas de reojo a un jovencillo que se reía sin disimulo y sin malicia, entendía algo que aun se me escapaba, ¡sus catorce años! Cuerpo casi de mujer en una mente aun con cosas de chiquilla. Los chiquillos al lado, claro.

Terminamos la compra, las doradas me las tenían preparadas, y nos fuimos viendo a una pléyade de jóvenes reponedores que de forma animosa y tranquila iban deshaciendo todo y preparando, nuevamente, la gran pirámide de botes de aloe vera.

Una nueva, hay más. Va por rachas, espero que esta nueva acabe lo más pronto posible.

Wednesday, November 26, 2014

Mara: Segunda dosis.


Segunda dosis.

Cuando arranque la hoja del mes vencido, octubre y contemple la del nuevo mes, noviembre, me entro una súbita flojera en las piernas, un mareo que casi hace que me cayera al suelo al tiempo que una leve jaqueca se alzaba en mis sienes.

Todo se llenos de miedo, el miedo que una brisa fría se introdujo en mi pecho haciendo boquear, buscar aire inútilmente. Me apoye en la mesa de la cocina, de formica blanca, como la de miles de hogares.

Tengo un gran y hermoso calendario tras la puerta del armario de cocina donde guardo aquellas cosas de uso no tan usual o a menudo: ambientadores, plumeros, papel de aluminio o plástico de reserva, de reserva, también, el papel de cocina o pañuelitos de papel. Un largo batiburrillo de cosas útiles y necesarias. En ese calendario de mes por hoja que renuevo todos los finales de diciembre voy anotando todo. Cuando digo todo, es todo. Citas, médicos, reuniones, cumpleaños, santos, fiestas, horarios dispersos o anormales; la fecha del periodo mío y de Mara, sus exámenes cuando nos dan las fechas…y un larguísimo etcétera.

Tachada en rojo, color sangre, muy tachada para que, impactando visualmente en los ojos, no se pudiera olvidar estaba la fecha de la segunda dosis de la vacuna de Mara. Viernes 7 de Noviembre, 17 horas. Al lado ponía: Willibrordo, santo; Francisco Palau, beato; Florencio de Irlanda, santo; Lucia de Settefonti, beata; Herculano de Perugia, Obispo y Mártir, santo.

Me senté a respirar. Ya habían pasado los dos meses desde la primera, ya había olvidado todo el miedo y temor, el susto que se llevo, por lo menos, cinco años de mi vida y con ello traído alguna cana a mi pelo.

Llame a Ed, le avise, le recordé que se había comprometido a llevarla él. Pero no podía ser, me lo había avisado, reunión hasta última hora de la noche, los visitantes de no sé qué empresa alemana. Me volvía a tocar a mí.

Lo reconozco, estaba asustada pero al mal tiempo buena cara y, sobre todo, que Mar no notase mi temor.

Fuimos. La enfermera se asusto más que yo cuando la vio y vio que le tocaba a ella de nuevo.

La sentó en un sillón. Se puso a conversar de forma histérica y tonta de histerismo y tonterías. Le iba apartando la cabeza al lado contrario de la inyección, el hombro derecho, pues la niña estaba empeñada en contemplar el desaguisado. Hablando y hablando, en un momento cogió aire en sus pulmones y ¡zas! Le clavo la aguja y, muy despacio, muy despacio, le fue inyectando el liquido.

Mara toda tranquila decía que le dolía un poco.

Le dio un chicle, como a una niña pequeña. Lo cogió y se lo metió rápidamente en la boca con la intención de levantarse y que nos fuéramos pero, rápida y ágil como una serpiente al ataque, la enfermera, la sentó y le ordeno cinco minutos de reposo y cualquier cosa que sintiese se lo dijera.

Cinco minutos que la fui observando con minuciosidad, como un científico miraría a uno de sus experimentos. La enfermera iba haciendo sus cosas pero, también, de reojo la miraba una y otra vez.
Pasaron los minutos. Yo expectante. La enferma de hurtadillas. Mara mascando chicle.

Nos fuimos, tranquilas. Yo feliz. La invite a un refresco respirando aire fresco. Próxima visita, la ultima, dentro de cuatro meses. La recuadrare en rojo en el nuevo calendario del 2009.