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Tuesday, December 19, 2017

Mara y sus sinsentidos


Mara y sus sinsentidos, preguntas con escasas respuestas.

Está un poco bajita estos días del comienzo de la primavera, la pobre, se hace mil preguntas y hay pocas respuestas porque cada uno debe de buscarlas en su interior. Las soluciones a los problemas planteados siempre son diferentes para cada uno de nosotros.

“Un hombre ama una mujer.

Una mujer ama a un hombre.

Moléculas y átomos en movimiento.

Creación de otro cuerpo.

Un bebe, un niño apenas.

Alma de hombre, alma de mujer.

Al niño: ¿Cómo se le forma el alma?

¿De dónde le viene esa alma o espíritu?

¿Qué sentido tiene la vida?....

Porque sino todo es como una trampa en la que nos meten desde el primer día del nacimiento, nos engañan…

Te engañas…te engañan…

No me lo digas porque la felicidad no existe, el bien tampoco, todo es una ilusión y la felicidad también.”

Le explico lo que el universo es para nosotros y que nosotros le damos nombre y forma; sin nosotros el mundos seria un vacio, un nada, es nuestra consciencia que le da forma y existencia; le hablo de la sonrisa de un niño, de energías que se unen, en la muerte/cambio, a esa energía común que es la gran evolución del universo en busca de la plenitud, pero ella sigue:

“Pero ¿qué hacemos nosotros aquí, que esperan de nosotros? ¿Por qué nos han puesto en la vida?

¿Qué hay mas allá de la muerte?

¿Qué vine a hacer aquí?”

Le hablo del amor, de que un día, encontrara  su media naranja, la plenitud del amor, la creación de la vida, la familia como continuación de la existencia…vida y libertad para ser nosotros mismos.

 “Es dejar una huella en el mundo, Mara, dejar una señal de que estuvimos aquí y algo, algo bien, hicimos.”

Y esta la búsqueda de la felicidad. Todos tenemos derecho a ser felices solo que  no lo logramos, unas veces por nuestros egoísmos, otras por los egoísmos de los demás. Felicidad, amor, fruto. Pero para eso hay que andar, caminar decidió el objetivo, comprometerse, pelear por los sueños…

Le hablo que no hay una sola respuesta, cada persona tiene su respuesta y pueden ser diferentes y todas validas. Lo que vale para uno puede no valer para otra.

Le cuento el detalle de cómo Adán y Eva en el Paraíso les ponen nombre a todos los animales y cosas, como generan una identidad real con su designación. Todo tiene un nombre de poder y energía, de fuerza y de presencia.

El problema esta, me parece, en que esta pasando por una etapa de poca valoración de su “yo” personal, ya os lo dije está un poco bajita de ánimo y de ilusiones…al tiempo que, con los cambios y esas hormonas locas de los dieciséis años, no se conoce bien, no se comprende.

Es la clásica pregunta del que está desorientado, el que ha perdido un camino, el que las cosas (¿Qué cosas serán?, habrá que averiguarlo con ciertas dosis de paciencia y prudencia) no le salen como ella esperaba…


Sunday, November 13, 2016

Mara y su veraneo, veraneo del 7 de agosto.


Mara y su veraneo, veraneo del 7 de agosto.

Mara y su pandilla tenían un largo fin de semana para ir a Benidorm, un finde, como dicen ella, de playa, sol y disco. El viernes por la mañana salió el primer coche con tres de la pandilla, las que o no trabajaban o estaban ya de su mes de vacaciones; su objetivo era llegar y coger el hotel, ya habían tenido una mala experiencia el año pasado y, si cuadraba bien de tiempo, darse el primer chapuzón en esa calurosa tarde que suele ser el mejor de todos. El segundo coche saldría  sobre las cuatro y media,  cuando ya hubieran cumplido la jornada de trabajo las tres chicas de la pandilla restantes y, eso sí, la Vicky, como siempre, a última hora que iba su chico con ella y se alojarían en otro hotel porque meterlo con todas quedaba como un poco chocante...

Un poco ilusas si eran pero...hicieron un buen viaje, cómodo y rápido. En el hotel (mejor no decir nombre pero me muerdo la lengua de ganas por los impresentables que son o como se comportaron) les dijeron lo mismo que el año anterior: Que no tenían reserva, que no habían realizado la reserva pertinente y, claro, agosto, imposible, hotel lleno.

El cabreo de Mara fue supino pero mordiéndose la lengua enseñaron a la chica de recepción la confirmación de reserva (por una vez lo habían hecho, ya un poco desconfiadas) y esta les confirmo su error, que sí, que era un error suyo pero...lo sentía mucho, que el hotel estaba totalmente lleno y no tenia forma de acoplarlos de ninguna forma. Al final, tras un par de llamadas,  les dio un par de soluciones, la mejor fue "¡que se fueran de fiesta y ya se vería para el día siguiente por la mañana...!" Claro está que no lo aceptaron pero que salida tenían salvo reclamar o, prácticas ellas por una vez, se pusieron a buscar lo que fuese e "¡increíble!" lo encontraron: un apartamento con dos habitaciones dobles y un salón con sofá cama doble también, encima con una gran piscina y relativamente cerca de la playa (se podía ir perfectamente a pie), una joya vamos. Un poco más caro que el hotelito pero mucho mejor. Ya tenían donde cambiarse de ropa, ducharse y todas esas cosas convenientes...  lo malo fue que a esto ya eran las siete de la tarde, las fatídicas siete de la tarde, vamos, la tarde de ese viernes perdida, que de baño poco, solo a esperar a las otras amigas con el novio al que llamaban de forma un tanto despectiva "el señor", sin que este y su chica se enterasen, claro.

A las ocho contactaron con los viajero y se encontraron, (ver los periódicos del día siguiente si no me creéis) que estaban parados por Albacete por el desbordamiento de una presa, que eran el octavo coche en la fila detenida y estaban allí esperando, sentados en el arcén a ver que les decía la guardia civil o los desviaban por otro lado...me consta que una de las chicas desesperada les decía a los otras que se apartaran de ella, que tenía el gafe, que ya era demasiado las cosas que le pasaban (me entere más tarde que entre esas cosas estaba el tener que dejar el coche en Santander por perdida de llaves, y un largo etc...).

Se juntaron al pie de playa sobre las once y media de la noche para cenar algo un tanto cabreados por ambos sucesos y, a pesar de eso, se fueron de discoteca y parecía que las cosas se iban arreglando...ja, ja, ja....

Noche. Se acostaron sobre las tres y media de la noche, todo en silencio, bueno, silencio salvo los ronquillos de alguna de las chicas cuando un chispazo las despertó súbitamente y todas todas todas  se pusieron a gritar histéricas....Mara encendió la luz viendo como el móvil de Jorgina humeaba en la pequeña mesa. Pronto entendieron el suceso cuando cogiendo el móvil lo encontraron en un charco de agua, agua que correspondía a la botella que tenia al lado, botella agrietada por supuesto y supurando agua poco a poco...Ya alteradas, después de pedir disculpas a más de un vecino cabreado, les costó coger el sueño de nuevo y, justos cuando lo cogían, sonaron los despertadores/móviles diciéndoles que desayuno y playa....

El desayuno les salió de cine, abundante, copioso, tremebundo y, después,  a la playa. Lo de la digestión a la porra. Como no podía ser menos, ver el periódico si dudáis la concatenación de hechos que os relato, el día nublado; a mal tiempo buena cara y el agua estaba deliciosa (expresión arrobada).....seguiremos contando impacientes.

Saturday, June 04, 2016

Mara y sus sinsentidos, preguntas con escasas respuestas.


Mara y sus sinsentidos, preguntas con escasas respuestas.

Está un poco bajita estos días del comienzo de la primavera, la pobre, se hace mil preguntas y hay pocas respuestas porque cada uno debe de buscarlas en su interior. Las soluciones a los problemas planteados siempre son diferentes para cada uno de nosotros.

“Un hombre ama una mujer.

Una mujer ama a un hombre.

Moléculas y átomos en movimiento.

Creación de otro cuerpo.

Un bebe, un niño apenas.

Alma de hombre, alma de mujer.

Al niño: ¿Cómo se le forma el alma?

¿De dónde le viene esa alma o espíritu?

¿Qué sentido tiene la vida?....

Porque sino todo es como una trampa en la que nos meten desde el primer día del nacimiento, nos engañan…

Te engañas…te engañan…

No me lo digas porque la felicidad no existe, el bien tampoco, todo es una ilusión y la felicidad también.”

Le explico lo que el universo es para nosotros y que nosotros le damos nombre y forma; sin nosotros el mundos seria un vacio, un nada, es nuestra consciencia que le da forma y existencia; le hablo de la sonrisa de un niño, de energías que se unen, en la muerte/cambio, a esa energía común que es la gran evolución del universo en busca de la plenitud, pero ella sigue:

“Pero ¿qué hacemos nosotros aquí, que esperan de nosotros? ¿Por qué nos han puesto en la vida?

¿Qué hay mas allá de la muerte?

¿Qué vine a hacer aquí?”

Le hablo del amor, de que un día, encontrara  su media naranja, la plenitud del amor, la creación de la vida, la familia como continuación de la existencia…vida y libertad para ser nosotros mismos.

 “Es dejar una huella en el mundo, Mara, dejar una señal de que estuvimos aquí y algo, algo bien, hicimos.”

Y esta la búsqueda de la felicidad. Todos tenemos derecho a ser felices solo que  no lo logramos, unas veces por nuestros egoísmos, otras por los egoísmos de los demás. Felicidad, amor, fruto. Pero para eso hay que andar, caminar decidió el objetivo, comprometerse, pelear por los sueños…

Le hablo que no hay una sola respuesta, cada persona tiene su respuesta y pueden ser diferentes y todas validas. Lo que vale para uno puede no valer para otra.

Le cuento el detalle de cómo Adán y Eva en el Paraíso les ponen nombre a todos los animales y cosas, como generan una identidad real con su designación. Todo tiene un nombre de poder y energía, de fuerza y de presencia.

El problema esta, me parece, en que esta pasando por una etapa de poca valoración de su “yo” personal, ya os lo dije está un poco bajita de ánimo y de ilusiones…al tiempo que, con los cambios y esas hormonas locas de los dieciséis años, no se conoce bien, no se comprende.

Es la clásica pregunta del que está desorientado, el que ha perdido un camino, el que las cosas (¿Qué cosas serán?, habrá que averiguarlo con ciertas dosis de paciencia y prudencia) no le salen como ella esperaba…

Wednesday, June 17, 2015

Mara y ayudar al que lo necesita…


Mara y ayudar al que lo necesita…

Como decía el amigo Groucho: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. De ahí al final solo queda un tiempo, un lapso, una ilusión.

A veces pagan justos por pecadores, hay que aprender y las dudas siempre se meten en la cabeza.

Habíamos ido por la mañana al otorrino. A la pobre de Mara, este verano, le sangró la nariz un día sí y otro también. Nos desesperamos más de una vez pues los remedios típicos y tópicos, los de siempre, no funcionaron. El médico de familia nos mando al especialista pero la cita nos la dieron con más de un mes de espera para la consulta. (El que espera desespera, o eso dicen. ¿En qué se diferencian una pera de un tren?....es fácil, es risible, pues que la pera es pera y el tren no es-pera).

Bueno, consulta al canto, inspección desagradable con esos tubitos (sondas) metiéndolos por la nariz, y, al final, receta de una pomada con la indicación de que tiene muchas venitas rotas, la necesidad de una radiografía adicional y que volviéramos en Octubre con la misma. Al salir, nos fuimos a tomar un café, el de la media mañana, yo sí que no puedo pasar sin él; un cafecito con leche alrededor de las once es lo ideal para todo, incluso para dolores y malos pensamientos. Lo reconozco, uno de mis olores predilectos es el del café recién molido o recién hecho; un olor con imágenes de selva y lluvias, de bailes y danzas tribales, de mil colores vivos…

Y allí estábamos las dos, charlando amigablemente, el café humeante en la taza, su olorcito llegándome a la nariz ¡que delicia! Hasta me daba pena beberlo. Mara pidió, como no, su coca cola, eso sí, light, pues está con la obsesión/tontería del peso y las calorías y las grasitas donde no se deben tener. El tiempo esplendido, nada de calor  a la sombra de la terracita. Las sillas, de madera, duras como una piedra de mármol de Carrara y el precio como para dejarnos sin blanca. Café clásico, muy a la antigua, muy de maderas con barnices viejos, la puerta con cristales abierta de par en par.

Se nos acerco una señora, madura, en la cuarentena, con un crio de la mano. Vestían pobremente, pero no mal del todo; llevaba, me fije un poco más tarde, zapatillas de andar por casa. Salían de la cafetería. Nos pidió, muy educadamente y en voz como con vergüenza, si le podíamos dejar algo de dinero pues se había encontrado sin nada en el bolso y que tenía que pagar su café y no sé que había tomado el crio. El niño, a todo esto, no se atrevía a levantar la mirada del suelo con sus sucios zapatos negros y su pantalón corto, tendría unos diez u once años.

Yo, tonta de mi, le di lo que necesitaban, tres euros con cincuenta, sin blanca, ya lo digo y lo repito.

La señora me dio las gracias mil veces, que me lo devolvería, de verdad, que los sentía mucho, la vergüenza que estaba pasando por tener que acudir a nosotras y todas esas cosas. Le dije que hoy por ella y mañana por mí, que no se preocupase, que no pasaba nada, que ya conocía esos problemas.

Se volvió adentro, a pagar, o eso creía yo. Pero no. Se metieron por la puerta y se fueron directamente, los dos, con muchas prisas, a la máquina de los juegos, la tragaperras, y, allí, delante de nuestras propias narices se pusieron a jugar metiendo y tirando el dinero (mío) que, antes, yo le había dado. La señora y el crio, animadísimos, felices, casi rugiendo de frustración y fastidio cuando no salía nada y  de alegría y contento y felicidad cuando alguna jugada les daba algo, muy poco por lo que veía.

Me quede de piedra, de Carrara, por lo menos. Se me cayó la barbilla de puro asombro al ver la desvergüenza de la señora. Los ojos, mis ojos, como platos, alucinaban,  vecina.

Mara se tomo incluso peor que yo, se cogió un cabreo de lo más fino, empezó a gesticular, a señalármelos con saña y enfado, a insultarlos. Conforme protestaba se iba calentando más y más, como una olla a punto de estallar.

Se levanto de pronto, fue rauda y veloz y se acerco a ellos, (yo corriendo detrás de ella temiendo lo peor) y los puso a caldo, los llamo de todo con palabras que, incluso, a mí me escandalizaban. De gilipollas a ladrones, de putos a putera, de imbéciles a aprovechados, de que les dieran por el trasero a…de que debiera darle vergüenza a como dejar que el crio viera las cosas que hacía, que vaya ejemplo le estaba dando, que se lo tenían que quitar por timadora y pedigüeña, que estaba prohibido, que la iba a denuncia…

Trate de apaciguarla pero imposible, fue como si se destapase la olla de los truenos solo que con tacos, amenazas y palabrotas más que con otra cosa. La cogí por los hombros, la abrace como le gusta que le haga,  y me la traje a la mesa a la fuerza, ella seguía furiosa, fuera de sí, me costó trabajo y poner todas mis pocas y pobres energías en ello, tenía ganas de pegar a alguien, bien podéis suponer a quien.

La señora, acabadas las pocas monedas y sin nada ganado, cogió al crio de la mano y se fueron, atreviéndose al pasar cerca de nosotros con un minúsculo adiós. Se alejaron por la acera de la calle…

Los he vuelto a ver varias veces. Unas jugando en las tragaperras, las menos; otras pidiendo dinero a la gente que no los conoce; alguna vez, incluso,  es el crio que lo hace, aprende rápido el pobre y pocas opciones le quedan de aprender otra cosa, me temo…

Thursday, June 11, 2015

Mara y la navidad.


Mara y la navidad.

Ha dicho, nos lo ha comunicado como si fuese un acto protocolario de la corona o el gobierno, que ella no celebra esta navidad, que mientras haya niños muriéndose de hambre no festejara estas fiestas así que nada de nada…”ya estáis avisados” fue su frase de remate y de salida del salón.

Sonreímos por no llorar.

Javi rápido como al centella soltó que el no, que el si celebra la navidad y regalos y todo eso, que el no está con su hermana. Es más, añadió con su sonrisa picara y amplia, no podría quedar yo también con los regalos de eeeellaaaa…

La llamado al orden y entro como una exhalación, toda altiva y muy pagada de sí misma. Oye Mara,  ¿La paga especial de estas fiestas también entra en esa no celebración? Le dijimos al unisonó su padre y yo. Porque si no hay celebración de Navidad tampoco habrá aguinaldo ni regalos, nada de nada, ¿lo tienes clarito?....porque tampoco habrá salidas a deshora, ni fiestecillas con las amigas, las de pijamas por descontado que son las primeras que desaparecerán de tu cabeza, la ropa para las fiestas etc.…,  el ir a patinar a la plaza del centro, el cine, etc.….

Se quedo un poco turbada y tardo en contestar. Se rehízo, hizo tripas de su corazón y dejo que no la celebraba para todo, para todos. Y se fue, por segunda vez, y nos dejos sentados en el sofá, digiriendo la situación y riéndonos por dentro hasta que todo afloro en unas carcajadas siniestras a las que se unió el hermano, casi me meo de la risas (perdonar la expresión pero es literal y real como la vida misma).

Volvió un tanto enfurruñada al oír nuestras carcajadas. Con sus brazos cruzados y su ceño fruncido, al tiempo que miraba sus zapatillas nos pregunto si no estaríamos riéndonos de ella. Le dije que no, por supuesto, que solo nos reíamos de la situación….y de nuevo las carcajadas fueron la sal y al pimienta del edificio…

Me aguante un poco y le dije que no se preocupase…

Ya paso Nochebuena, en buena compañía y sobre todo con niños que son el alma de estas fiestas. A las doce llego Papa Noel y todos corrieron debajo del gran árbol de navidad, lleno de paquetitos con unos letreros con sus nombres. Mara fue a regañadientes, la ultima, también es cosa de la edad.

Joaquín, el pequeñín del lote, cuatro añitos solamente,  le dio uno diciéndole que tenía su nombre. Ella hizo el ademan de no cogerlo pero lo cogió, la abrió  como diciéndose que esto haciendo Dios mío y…le cambio al cara, volvió a ser la niña de doce años, los ojos le brillaron y sonrió feliz como hacía tiempo no hacia (Un año para ser más exacto). La sudadera de Bershka negra, talla M, como la que deseaba y lloraba pensando en que cuando fuera a compararla ya no estaría refulgía allí entre sus manos blancas y alargadas…iba aponérsela cuando le pasaron otro paquete. No se lo pensó dos veces y rompió el envoltorio encontrándose con una paleta de sombra de ojos. ¡Ouaaaaao! Soltó de repente…sobre todo cuando le pasaron el tercer paquete.

Me miro, nos miro a los dos, sus padre como diciendo que era esto…antes de abrirlo nos abrazo. La película que deseaba, nos había porque peor la llamaba mucho “cisne negro”. No le va a gustar la susodicha peli, ya lo sé, pero estos momentos son únicos, después será lo que será…

Y aun nos queda fin de año y los reyes…

Thursday, June 04, 2015

Para tus recién cumplidos 17 años, Mara.


Para tus recién cumplidos 17 años, Mara, este coctel mágico preparado bajo las ramas del roble centenario:

Un quinto de esperanza para que nunca desfallezcas porque es la mayor riqueza que podemos tener y es lo último que se pierde. Esperanza a manos llenas…

Otro tanto de caridad que es amor, amor que se tiene para dar y amor para recibir, que va mas allá de la justicia, la supera con creces. Amor que es sobre todo amistad y también el perdón, compasión, lealtad, etc.…. Amor a manos llenas….

Otro de sabiduría, no la de datos y números sino la de hacer el bien para los demás y para ti, sabiduría en momento justo, con la palabra y el gesto adecuado, con la indicación o el consejo sabio y prudente, siempre de forma positiva y activa. Sabiduría a manos llenas…

El resto de inocencia y naturalidad; no la de poses y de modas o menosprecios sino la que, anclada en el tiempo de la infancia, nos hace conservar aun ese toque del brillo de los ojos de los niños, ese asombro de los infantes, esa curiosidad de los críos, esa ternura de los pocos años. Naturalidad a manos llenas…

Completamos con un dedo de sinceridad, con esa dulzura que se expresa cuando nuestras palabras y actos coinciden con nuestros pensamientos. Sinceridad a manos llenas…

Unas gotas de esa naturalidad que tienes. Integridad a manos llenas…

Unas hojas de adorno de serenidad, que es un gran arma cargada de futuro pues nos hace que evitemos muchos errores, que pensemos las cosas dos veces, que no nos haga daño esa bestia inmunda de la ira que se come el corazón y daña el cerebro. Autocontrol a manos llenas…

Y, para completar la receta, unos polvos mágicos de risas sin cuentos que abren el alma y el corazón. Que el mundo se inunde de risas sanas, de felicidad…

Se toma en compañía mirando a los ojos, abrazando con el corazón, con el entusiasmo de vivir…

Thursday, May 28, 2015

Mis recuerdos de Mara niña.


Mis recuerdos de Mara niña.
Mara acaba de salir con las amigas dejando la casa vacía, triste y sin recoger, me toca a mí como siempre. Le hago la cama, le recojo la ropa y separo la que hay que lavar, le cuelgo sus pantalones y camisetas en el armario. Le ordeno sus cosas de aseo y las de maquillaje. Haciéndolo me han venido a la mente recuerdos de otros tiempos, de cuando era pequeñita, que dependía tanto de nosotros, de que todavía no se había abierto al mundo real y era algo como mío, de mi pertenencia, de mi propiedad…así mientras…

Mi mente volvió a una de sus primeras excursiones con el colegio, cinco o seis años tendría la pobre. Un viajecito en autobús a un pueblecito cercano. Todo el santo día de viaje. Imaginaros como me pase el día, preocupada es poco; sabía que era una tontería pues estaban bien vigilados pero el corazón es así y mi mente volvía a ella y las cosas malas que podrían pasar. Que si un accidente con el autobús, que si se escapaba por alguna causa, que se perdía, que me la raptaban, que se caía y se hacía daño…que se yo las cosas que pensé, imagino que las misma que cualquier madre en la primera excursión de su cría, aunque no lo digamos en voz alta por aquellos de ¡que tontas somos!

El día se me hizo eterno, hasta Ed, que no se entera para anda de estas cosas, se dio cuenta a la hora de comer de mi estado preguntándome si me pasaba algo o si estaba con la regla o si estaba embarazada.
La recogí del autobús cansada, serian las siete de la tarde, la impresión que me dieron todos los críos, las profesoras también, era de derrotados. El abrazo fue de órdago, largo y cálido; olía a humanidad, a sudor, con restos de la colonia de lavanda que le ponía todos los días. Lo primero que hizo al llegar a casa, para mi susto, fue ponerse a beber agua del grifo como una loca. Llevaba en la mochila dos bocadillos de pan de baguette que es el pan que siempre le gusto, nada de pan de molde, pan de verdad, como el de toda la vida. Con ellos un botecito de zumo de naranja y un botellín de agua medio abierto para que no tuviese problemas. Viéndola beber un vaso después de otro, cuatro vasos llenos como mínimo creo que bebió, jamás la volví a beber así. Le pregunté a que venía esa sed inmensa al tiempo que le abría la mochila y contemplaba estupefacta el bote del zumo intacto y la botella de agua llena. No había bebido nada en todo el viaje, “No había podido abrir la botella”, me dijo en pequeño por toda respuesta, y que no pudo beber en todo el día. Que le costó comer sin poder dar un trago, un suplicio, me dijo, tenias que probar a comer sin bebida es horroroso mami, todo un suplicio.

Me puse histérica le dije de todo: que si era tonta, que si era idiota que si no podía habérselo dicho a la profesora, una chica encantadora por cierto, o algún otro compañero, que le podría haber dado una deshidratación, ponerse mala, que se yo, el hígado, los riñones….de todo le solté menos lo de bonita de cara. Después la abrace con cariño y a prepararle un gran baño caliente y una buena cena, la que más le gustaba: arroz con huevos y salchichas bien regadas con salsa de tomate frito.
Y así seguí con la fregona en la mano perdida en mis recuerdos…

Thursday, May 21, 2015

Mara y la selva en casa.


Mara y la selva en casa.

“¡Mama, la primera flor!”. Me grito en esta mañana triste y lluviosa, un sábado de finales de marzo en el que la temperatura es más bien primaveral. Estaba en la cocina preparando una ensalada de arroz como primer plato de la comida.

Me acerque al balcón y mire con Mara al lado donde en la maceta que habíamos plantado hacia ya la friolera de tres años unos bulbos de dos tipos de plantas que no recuerdo y ni me acordaba. Los había traído Mara de la clase de Ciencias naturales como uno de esos trabajos para hacer en casa. Compramos en el chino del barrio una maceta rectangular, tierra especial para plantas y los metió uno a uno, separándolos en dos partes.

La flor era amarilla, pequeña y bella, su tallo se había combado como queriendo mirar a la tierra de donde había salido como si para ella fuera toda una sorpresa. Como para mí. Recuerdo que las regábamos de vez en cuando al principio. Mara iba anotando la evolución en un cuaderno, al principio claro. La sorpresa del brotar las primeras ramas de los bulbos, hojas largas y estrechas y muy verdes. La desilusión de la niña cuando en vez de florecer se fueron mustiando hasta casi desaparecer. Eso fue el primer año. El segundo fue como el doble de lo mismo, es decir, nada de nada; salieron las hojas verdes como lanzas hacia el cielo y a medio camino se doblaban por su propio peso y quedaban como una uve invertida pero de las flores ni pajolera idea. Nada de nada.

Dejamos de cuidarlas, de regarlas en verano, de echarles un poco de abono (mis polvos mágicos de la floristería de la esquina), de quitar esas pequeñas malas hierbas que amenazaban con ahogar los bulbos. Nos olvidamos de ellas, pero la madre naturaleza no, muy sabía la vieja, muy constante, muy dura, dándonos siempre una lección. Allí quedaron en el balcón a expensas de la lluvia, de los fríos invernales, de la nieve escasa que cayó algún día, de los vientos, de las palomas y sus mierdas, del sol y el calor del estío. Un incordio para fregar el balcón.

Pero este año, ¡sorpresa!, es la naturaleza, es Gea, la ramada se hizo tremenda a comienzos de marzo, una gran mezcla de verdes que más de una vez me hizo pensar en cortarlas y a la basura. Pensé que los bulbos se habrían ahogado con las abundantes lluvias invernales, pero no, equivocación total, y hoy, una de ellas ha florecido como colofón de un pequeño y carnoso pedúnculo. Es una flor pequeña, toda amarilla, con una primera corola como un disco de seis pétalos y otra interior más pequeña como formando un tubo: son Narcisos. Mirando con atención vemos que hay mas, tres varas como mínimo y otra, una cuarta, que yo creo que es de un tipo diferente, ya veremos cuando florezca.

Mara, como no, le ha hecho fotos, mil y una, todas un desastre de enfoque. Javi ha dicho de cortarla y ponerla en el jarrón. Mara se ha puesto en jarras y le ha amenazado con mil males si se atreve a tocarla.

Es preciosa, un botón de luz en esta ciudad de cemento; una esperanza amarilla de dulzura y creación; pequeña muestra de belleza que llena el corazón de envidia.

Te da su leve perfume, se asoma a la calle como con miedo y la fragilidad que tiene da como algo de miedo.

Poco durara, días, me temo. La primavera ha llegado a mi balcón en forma de bellos y amarillos narcisos.

(De estos días en que escribí lo de arriba hasta que lo he publicado pues otras tres flores se han abierto, un pequeño bosque florido en mi balcón de la calle. Las cuatros son narcisos, preciosas.

Esta noche pasada el viento ha acamado las flores, las ha derribado por los suelos. Hemos tenido que ir improvisando para levantarlas. Unos pinchos de madera para barbacoa, unas pinzas para el pelo, un poco de hilo de coser…

El rosalito, apenas diez centímetros tiene un pequeño capullo, como el de todos los años y la ruda, con su verde tan característico, ramea esperando ese 24 de Junio del sacrificio)

 

Saturday, May 16, 2015

Mara y un pequeño problema entre las dos.


Mara y un pequeño problema entre las dos.

No creáis que la vida con Mara sea una delicia. Hay problemas, tenemos problemas. Son esos malditos dieseis años, esas ínfulas de chica mayor, casi de mujer con capacidad y todo y, de un tiempo a esta parte, con ciertas mentirijillas. Carácter cambiante, a veces con alegrías casi explosivas que parece que va a explotar de felicidad como se hunde en pensamientos y no desea que nadie le diga anda. Problemas, sinónimo de la edad de la adolescencia y más en esta época tan “modelna”.

Llevaba unos días sin su carnet de identidad. Cuestionada por mi por si lo había perdido me dijo que no, que lo tenía un amiga suya, Carmen, que un sábado se lo dio para meterlo en su bolso y se olvido de él, que no la había visto desde entonces y por eso lo tenia ella, que no me preocupase que me lo daría tan pronto como la viera, a lo mejor esa misma tarde.

Y como siguió varios días sin carnet de identidad pues le di la fotocopia que yo llevo encima siempre. Una de sus mejores fotos, con su pelo largo cubriéndole los hombros, esa mirada entre niña y mujer, un cierto aire pensativo mientras una media sonrisa, apenas insinuada, asoma a sus labios rojos.

Bueno, a lo que voy, estábamos merendando en “Madrid Delicias”. Ella lo de siempre su coca cola y su gran bocadillo de jamón serano con una rodajas de tomate. Yo mi acostumbrado cafecito con elche y mis miradas al escaparte de la bollería y pastelería pero…hay que aguantarse y pensar en bajar lo que cogimos en las pasadas fiestas de navidad. Yo creo sinceramente que solo con ver esos bollitos y esas pastas y se engorda, de verdad, o el olor dulce…

En fin, le pregunte, como si nada por el carnet. Que ya lo tenía, que Carmen ya se lo había dado. Le pedí que me lo enseñara. Me respondió, torciendo un poco el gesto que estaba en casa, en su cuarto. La reñí pues sabe que debe llevarlo encima y su edad no esta para bromas y le añadí que cuando acabáramos pues a casa y que me lo dejara ver…se le ensombreció el rostro y mirando al suelo me dijo que todavía no lo tenía… ¡que no lo tenía! …me quede de piedra y le pregunte a que venían esas mentirijillas, sino lo tiene s no lo tienes, sino lo tienes pues a pedirlo y conseguirlo y a  otra cosa, pero le pedí que mentiras a mi no.

Su reacción fue extraña y yo me tuve que ir al servicio.

Al volver ella estaba con la cazadora y marchándose. A mi pregunta me dijo que se iban que había quedado con una amiga y santas pascuas. Salió del local y ya, cogiendo rápido mis cosas, abrigo, paraguas y bolso, pues me puse a su lado. El cabreo fue monumental. Iba por un lado yo con ella, cambia de dirección y o con ella. Se fue sulfurando y empezando a gritarme porque la seguía, imperturbable, yo le decía que una madre no sigue a ninguna hija, solo iba con ella, tal como una buen madre debe hacer.

La tensión conforme avanzábamos iba creciendo en ella.

A un edificio bajo su amiga Loren.  Se saludaron le di dos besos, como siempre y le dije que tenía que perdonar a Mara pues tenía que ir a casa conmigo. Nos despedimos y en marcha…pero, desgracia tras desgracia:

-¡Eres tonta!, -me espeto de pronto.

-Y tu una mentirosa de cuidado.

-Déjame en paz, te odio. -Siguió diciendo encolerizada.

-No puedo soy tu madre y prepárate al llegar casa, esto no puede quedar así.

-La doña perfecta. Me contesto mirando fuerte, como retándome, con odio.

-Y tu una ratita mentirosa de cuidado por lo que se oye.

-Seré una mentirosa pero tú eres una idiota absoluta.

-Malcriada es lo que eres.

-No vales para anda…perseguidora…chulita…

-Pues tú, mírate, huyendo de tu madre, ya es el colmo.

-Más antigua que Matusalén.

-Sí. Mira quién habla, la niña que todavía necesita  un chupete.

-Si hay que ser, gilipollas.

-Mira que si hay que dar un par de azotes aun puedo, te lo aseguro.

-Gilipollas, gilipollas, fumada….

-Y tu una gilipuerca. Recuerda que soy tu madre y aun puedo decir más cosas y mucho peores, que tu ni conoces.

Entrar en casa, sentarse en el butacón y pedir perdón fue todo uno. Nos abrazamos y me prometió que lo evitaría. Llamo a Carmen delante de mí y quedaron en verse y en recuperar su carnet.

Me quedan en la cabeza los insultos que nos soltamos camino de regreso a casa, una situación extraña para mí y un poco incomprensible que me trajo a la cabeza alguna escena de los hermanos Marx y sus risas consecuentes…

Friday, May 08, 2015

Mara y...¡Qué noche la de aquel día!


¡Qué noche la de aquel día!

Nos quedamos a dormir en casa de mi cuñada después de una visita que se prolongo en plan velada nocturna. Es la más pequeña de la familia y le tenemos un cariño especial. Casada y ya con dos hijos, el mayor de seis años, Achín, futbolero y listo como el hambre, y Gordi, de tres con una de la sonrisas más bonitas que he visto. Mara encantada y feliz, se lo tomo como una aventura nueva, además le encantan los peques y no descarta dedicarse a ello ya de mayor. Veremos.

Tres de la mañana. Escuchamos un llanto, muy bajito, muy quedo, lejano. Nos levantamos a desgana y fuimos a la habitación de los peques. Su madre ya estaba también llegando. Gordi, el pobre llorando en su cama en un gran charco de vómito, miles de pequeñas hilos blancos de espagueti y sus ropas todas manchadas y mojadas. Rápidamente quiso abrazar a su madre pero tal como estaba de sucio era imposible. Nos pusimos manos a la obra los tres, desnudar al niño, limpiarlo y ponerle un pijama nuevo la madre, nosotros, ya que estábamos levantados, pues a quitar los restos de la cama y, meter todo en la lavadora, dar la vuelta al colchón y nuevas sabanas y mantas, es decir, hacer de nuevo la cama. A todo esto Achim, el mayor, durmiendo como un bendito, sin enterarse de nada.

Cuatro y media de la mañana, aun no habíamos conseguir conciliar el sueño. Nuevos llantos, nos temimos lo peor. Achin con la segunda vomitona de la noche. El pobre estaba más que asustado, no sé cómo podría caber tanto en el estomago pequeñito de un niño como él. La cama de nuevo echa un estropicio. Un olor a peste inundando la habitación. El proceso, por segunda vez, a repetirse.

Estamos en la cocina, cinco de la madrugada, cansados y desanimados, la ropa nauseabunda ya en la lavadora, nuestros estómagos ya quejándose con un poco de asco, como queriendo decir que “yo también quiero vomitar”. Mi pobre cuñada medio volada diciéndonos que vaya noche nos estaba dando, que lo sentía, que le daba corte. Todos hemos pasado por alguna de esas; recordé la de veces que los míos vomitaban en el coche y como el olor no se iba en meses.

Gordi estaba medio dormitando en el hombro de su mama totalmente agotado, nos aparece Achim con su pijama manchado. “He vomitado”, nos dice con su vocecita llena de sueño y de miedo. Vamos corriendo a su cama que esta impoluta. Nos dice con su vocecita medio llorosa, que no, que en la cama de papa. Allá vamos. El padre roncando a un lado y en el otro, el lugar de la madre, un charco negro y viscoso. Despertamos al pobre y nueva operación pero….¿qué creéis que mas podría pasar? Pues si todo fue a peor.  Gordi se baja de los brazos de su mama y se dirige resuelto al cubo de basura, lo abre y trata de vomitar dentro del; el padre, ante el olor sale corriendo al cuarto de baño pero no llega a tiempo y todo le cae delante de la taza….Mara se agarra el estomago y se niega a vomitar…

Seis de la mañana, nos acostamos deseando que sea la definitiva, ponemos el despertador para las doce…

Friday, May 01, 2015

Mara y la rutina del martes.


Mara y la rutina del martes.
Entiendo que Mara, poco a poco, tal como así ha sido, prefiera ir de compras con sus amigas que conmigo, que se va haciendo más independiente cada día que pasa, son ya dieciséis añitos y claro, las cosas cambian. Lo entiendo y lo acepto, es ley de vida. Casi le da vergüenza que la vean cuando me acompaña a algún recado o a la compra, huye de recados y de compras. Lo entiendo y me enorgullece que vaya haciéndose independiente de nosotros.

Lo único que se  iba manteniendo de forma sorprendente y excepcional era la tradición de los martes. Hubo un tiempo, hace ya la friolera de más de cinco años, que por razones complejas, yo, los martes por la tarde trabajaba y Mara al llegar a casa se encontraba sola, mas sola que la una. Coincidió esa temporada con que Ed, mi bueno de Ed, tenía su día de descanso y Javi tenia actividades extraescolares, no recuerdo bien si futbol o karate o baloncesto. Empezaron, como no, Mara con sus doce años, pues , con el buen tiempo, a sacar la bicicleta y darse sus buenos paseos por la senda del parque del Oeste o con el patinete o a jugar al baloncesto en la cancha de aquí al lado o los patines de toda la vida.
Más tarde, sobre todo en esos días  de mal tiempo de invierno, algún día iban al cine que está aquí al lado, el Lido de toda la vida, (esos días si que daban envidia, ya sabéis mi pasión por la pantalla grande; uno mas que ha desaparecido ante el empuje digital y la desgana de los espectadores). Más tarde aun, los años no pasan en balde, olvidadas la bici y demás, con la temática de la pelis muy cambiada, de las infantiles a las de miedo o dramas románticos, pues a ver escaparates y visitar tiendas de moda, de merendar bien en alguna cafetería (que no falte el bocata de jamon y la coca cola) y de que Mara siempre pescara alguna cosa, una camiseta, una sudadera, un pantalón, algo que me enseñaba más tarde con verdadera ilusión. Mara feliz, Ed radiante, yo contenta, Javi celoso, el bolsillo vacio.

Las cosas han ido cambiando  pero no la tradición del martes. Ed, no sé cómo lo consiguió pero logró que la empresa le mantuviese esa tarde libre de forma casi perpetua. Yo, por mi parte, aunque ya estaba/estoy  libre de obligaciones y deberes, quise que esa tarde de padre e hija la mantuviesen y siempre excusaba el ir con ellos, era su tarde sabiendo que, un día cualquiera, se rompería e iba avisando suavemente a Ed, que se preparase para la ruptura. Nunca pensé que aguantarían tanto. Nunca pensó Ed que se acabaria.
El martes pasado.
Ed recibió un mensaje en su móvil de Mara a las cinco de la tarde, como en el terrible poema, a las cinco de la tarde/Eran las cinco en punto de la tarde./Un niño trajo la blanca sabana/ a las cinco de la tarde:

Papi, no me encuentro bien, me voy a acostar que tengo mucho cansancio y sueño, hoy no salimos. No es nada grave, no te preocupes. Nos vemos por la noche

Me imagino la cara del pobre, la mandíbula caída, el rostro preocupado, los ojos rojos y a punto de llorar. Me imagino los mil pensamientos y dudas que le cruzarían por la cabeza. Ir a ver como estaba pero, claro, la vocecita interior le decía que no, no fuera que se enfadase. Quedarse a trabajar esa tarde, trabajo había de sobra. Llamar o no llamar, pero se iba a acostar, mejor llamar mas tarde…Al final se quedo en el trabajo tratando inútilmente de no pensar en Mara y si estaba mala. Me lo imagino viendo como el reloj tardaba en dar las cinco, las seis, las seis y media, las siete…
Sobre las ocho de la tarde no pudo más y la llamó. Le asusto que no el cogiera el móvil, eran ya más de tres horas de siesta. El movil sonó y sonó de forma repetida, como las campanadas últimas de una condena.

Me llamó casi sin resuello  y me pregunto por la niña, que como estaba, si tenía fiebre, si estaba muy pálida, si la veía mal, si convenía llevarla al médico…le corte como pude y le dije que sí, que se acostó temprano en el sofá pero que recibió una llamada de Loren, se arreglo rápido y se fue con ella y otras chicas a dar una vuelta.
Me imaginé, al otro lado de la line telefónica, como quedaría de espíritu, desconcertado y sin saber ni que decir ni que pensar. Rápida le dije que ya lo sabía, que era normal que la niña prefiere salir con sus amigas, que es ley de vida, que tenía que esperarlo de una semana u otra, que no le diese más vueltas. “Vente para casa que haremos una buena ensalada, como la que a ti te gusta, lechuga, tomate, queso, soja, maíz, bonito…bien aliñada…”

Al otro lado me siguió con su eterna cantinela: “La ensalada, salada; poco vinagre y bien aceitada”
Al fondo la voz de Javi, levantando la cabeza de sus cuadernos entre los que esconde algún comic, como si no lo supiéramos: “Dile que si quiere me lleva a mí a comprarme alguna cosita, ya que no esta Mara….”

Friday, April 24, 2015

Mara y la llamada.


Mara y la llamada.

Mara me pidió el móvil para llamar a una amiga. El fijo no nos funciona desde hace unos días, avería en la central, nos dijeron, y en estas estamos. Ella no usa el suyo, de tarjeta,  para llamar, nunca, siempre prestado el mío o el de su padre, pues siempre está a cero o, lo que es peor y no me gusta nada, con “adelantos” que significa que cuando se le hace la recarga mensual acordada pues la mitad se le va en devolver los adelantado y el resto yo creo que le dura menos de un día.

Le dije donde estaba y cogiéndolo llamó. Espera que te espera, cuelga y me dice que le salió el contestador de voz. Lo intenta una segunda vez y tres cuartas partes de lo mismo. Le aviso que si sale el contestador pues para mi factura de final de mes es como una llamada así que cuidado que ya la conozco.

La conozco, claro que la conozco, como si la hubiera parido que así es en efecto. No pasaron más de unos treinta segundo cuando quería volver a llamar cosa que no le deje. Puso morritos, su famoso “porfa…”, su más que famoso “es el último intento…” y, a partir de ahí, que necesitaba hablar con ella para quedar, que si los trabajos, etc, etc, etc…

La conozco, claro, así que no me extraño que mi móvil hubiese desaparecido de donde estaba casualmente en el mismo tiempo que Mara tenía que ir al servicio, anunciado así bien de forma ostentosa y sonora, bien alto para que yo la oyera y los vecinos de todo el edificio. Salió disimulando y sin sorprenderse de encontrarme a un metro de la puerta del cuarto de baño con las manos en jarras y dispuesta a echarle la bronca por mentirosa y tramposa. Me miro con pena y me dio el teléfono diciéndome que seguía saliendo el contestador y que se estaba preocupando mucho por la amiga Lorena pues, la verdad, me dijo, es que tiene un problema muy grande en casa. La mira con dureza y le dije que jamás, jamás de los jamases me cogiese el móvil sin permiso. Con la cabeza gacha se fue al salón donde puso la tele mientras yo me lo guardaba y lo tenía conmigo misma.

Poco duro la paz. Bueno, exactamente diez minutos, el tiempo justo de lavar cacharros. Mara volvió a la carga  con el móvil y la llamada, que estaba angustiada, que si la quería ver bien que por favor la dejase llamar. Le dije que no y, sin quererlo, mi mano fue al bolsillo de la bata y se lo di, una mas y es la ultima.

Le seguía saliendo el contestador. La note preocupada, inquieta, a saber que pasaba o era solo que así no podía quedar con Lorena, hora y lugar, conversaciones de chicas, quien sabe si despellejando a alguien o hablando de algún que otro noviete, quien sabe.

Salimos a eso de la seis, dar un buen paseo, que menos, a ver si así se le pasaba la perra de las llamaditas. Mara vino conmigo, lo que me extraño pues lleva tiempo rehuyéndonos un tanto, ya es mayor para salir con los padres, que dirán los suyos si la ven así como una niña pequeña. Vimos escaparates, entramos en tiendas, pensamos en los regalos de reyes para Ed y Javi y ella, el detallito para Noel, poca cosa, algo muy baratito y que no desentone, alguna tontería de más para el árbol y, eso sí, compre, como todos los años las figuritas para meter en los roscones de reyes…cada cinco minutos me pedía para intentar llamar y, claro esto, no y no y no… ¡para eso venia conmigo!

A las siete llamo de nuevo y de nuevo le salió el contestador de llamadas de la amiga. No que estuviese apagado o fuera de cobertura (la de cosas nuevas que aprendemos y utilizamos sin casi enterarnos, quien lo diría hace tres o cuatro años) no, directamente el contestador. Algo raro por supuesto pero…

Lo cogí para guardarlo cuando por curiosidad mire la lista de las llamadas salientes. Me agarre las tripas de las ganas de reír que me entraron al ver los números pues el numero de Lorena no aparecía por ninguna parte y si el mío, el mío propio, el de mi propio teléfono. Mara pensó, me lo dijo mas tarde, que me había dado un ataque de locura mientras me preguntaba porque me reía de esa manera, que la gente nos miraba raro, que parase por vergüenza…yo, a lo tonto, no podía parar de reírme, casi ni podía hablar y mucho menos de mover los pies, gruesos lagrimones empezaron a correr por mis mejillas salpicando el suelo. En un descansito le enseñe el móvil y la lista de teléfonos. Lo miro sin entender.

“Mira el ultimo numero al que TU has llamado, al que TU llevas llamando media tarde”

“Es tu numero, mami”

“Y… ¿Quién ha llamado a ese número en vez del de Lorena una y otra vez?...”

“¡Dios mío, que error!”

“ Di más bien un horror!-le dije mientras recobraba el sentido y me sentaba, agotada, en un mugriento banco de la calle de Bravo Murillo- ¿Qué te pasa para estas tonterías, cielo?”

“Pues no lo sé, no lo entiendo, de verdad. Por favor no se lo digas a nadie, promételo. Es que no entiendo lo que he hecho”

“No pasa nada- le di el móvil-llama pero por favor marca al número correcto de tu amiga”

Sunday, April 19, 2015

Mara y la factura de la escuela.


Mara y la factura de la escuela.
La factura de la escuela, la de cada mes, resulto más abultado de lo esperado en el pasado mes de Noviembre, toda un mala sorpresa que achaque a un error en la secretaria o algo así pero, pensándolo bien,  no era normal que Consuelo se equivocase. Llame rápido, en el mismo día que me llego. Consuelo se puso pero la note rara, no quería hablar mucho y me dijo que me mandaría el detalle por e-mail.

La lista era clara, lo de siempre por los talleres y clases fuera de horario y un adicional de 35 euros por: “REPARACION DE LA PARED DE LA CLASE QUE DABA A LA CALLE, CEMENTACION Y PINTURA POSTERIOR”. Me quede estupefacta y sin esperar a la niña y sus explicaciones cogí el bolso y me fui a ver al director de la escuela.

En la secretaria me pusieron problemas por primera vez en estos cuatro años en que la niña esta en esta escuela. Consuelo quería explicármelo ella misma pero yo, erre que erre, que el director y no otro. Llegó al fin con la joven tutora de la clase y muy amable, como ya decaído, al tiempo que su cabreo iba por dentro, me fue explicando todo. Los niños, no tan  niños,  ya todos con dieciséis o diecisiete años, tercero de la ESO y repetidores, me recordó, salieron a clase de plástica. El bedel entro a limpiar un poco mientras tanto y se encontró con un agujero de unos 30 por 25 centímetros en la pared que daba a la calle, a la altura del piso, estamos en un primer piso, sabe. Registramos todo sin ellos y encontramos el útil, dos mazos pequeños, rojos, de esos de los autobuses para las ventanas de emergencia. Según Cosme, el de mantenimiento, han debido de tardar algo así como un par de semanas en hacerlo sin que nos enterásemos, siempre tapado con algo, mochilas, carpetas, libros, etc.…he estado a punto de dar parte a la policía pero al final, ya ve, reparación completa, pintar todo y a seguir. Es que no hay quien los aguante, yo no puedo ya con ellos, esta clase de diversificación fue un error desde el comienzo y más de uno que no piense en seguir aquí el próximo curos, ni hablar del peluquín o yo dimito. Ya está, no se puede hacer otra cosa. Lo de la factura es para que vean por dónde van los tiros, que hacen sus críos, como son realmente. Mire, es que hay padres que no se lo creen, que no lo asumen, piensan que nos inventamos las cosas y no es así, estos son….súper imaginativos en el sentido malo de las trastadas, son peores que niños de seis o siete años.

La tutora, añadió, con una cierta desgana, que creía saber quien había empezado aquello, el de “siempre”. Lo dijo mirando a los ojos del director. Que el resto le fue tapando la “broma” y, al final, hasta ayudaban no solo a tapar los ruiditos y el agujero que se hacía cada día más grande sino a relevar al de “siempre” y el que lo sigue pues con la broma consiguió otro martillo….
Me dejaron subir y ver el desaguisado, me reí viendo el parche de cemento medio fresco aun. Me imagine al grupo haciéndolo a escondidas, despacito, unos tapando a otros…con toses, con ruidos sordos, con no…no  me lo podía creer…de verdad, alucinante. Esos grandullones de cuerpo de mayor, deseando ser independientes, protestando por la hora de llegar a casa, presumiendo de madurez e inteligencia pero con el  alma y el corazón de niños pequeños.

Por la tarde gran conversación con Mara. Le explique lo de la factura y que había estado en la escuela viendo aquello y que no lo entendía. Bajo las orejas, bueno, orejas, vista, cara y hombros al tiempo que una gran sonrisa inocente se abría en su boca de oreja a oreja y le empezaron a brillar los ojos. Me dijo que por cosas como esas quería cambiarse de escuela, que ya me lo había dicho, que empezó como una tontería y se les desmando, nada grave, pero risible; me pregunto si el director estaba muy cabreado.
Ya lo sabe, tres semanas a media paga. Ya se lo esperaba o temía, me dijo con un cierta y cristiana resignación.
Quiere cambiar de escuela para el curso que viene, ya veremos.

 

Wednesday, April 15, 2015

Mara y la propinilla.


Mara y la propinilla.

Mara me vino con un papel de la escuela con una excursión a los Cine Imax para el martes dos de noviembre. Una película en 3-D, no ponía el titulo. Estaba algo más que eufórica, más cercano a neurótica se podría decir, demasiado alegre para mi gusto.

Arrasando como un tornado me conto lo del cine, después lo de la camiseta que le gustaba y no quería que se la quitaran, era la última, la chica de la tienda se la había reservado pero había que ira  cogerla y pagarla ese mismo día, sin falta o la perdería para siempre.

Un día de excursión, un día sin aburridas clases, sin aguantar a los profesores; que iban a ir en el metro y esperaba al salir regresar ya directamente a casa sin tener que pasar por la escuela. Me conto de forma rápida, demasiado rápida, que iban de vigilantes el profesor de matemáticas y la tutora. Pobres, pensé para mis adentros. Eso si había, yo,  que autorizarlo, firmar,  y pagar, yo,  siete euros al día siguiente que era viernes había que dárselos a la tutora y organizadora, era urgente, le tenía que dar el dinero sin falta. Firme con el ceño fruncido y le di el dinero.

Nos fuimos, después de vestirme con prisas, casi me vestía mara, y salimos. La tarde esplendida para ser un día de otoño. Unos veinte grados y casi nada de aire, se respiraba bien. Por el parque de los arboles empezaban a dejar su eterno verde y se engalanaban con amarillos, naranjas, rojo, marrones brillantes, una delicia de colores. Mis ojos iban una y otra vez a ellos pero la mano de Mara empujándome me llevaba rumbo a “Yasmina”, la tienda.

La chica, muy amable ella, saco de debajo de la caja una bolsa con la camiseta rosácea y dibujos tipo leopardo. Me dieron el ticket, 9,95 euros. Le pague y Mara satisfecha me dio hasta un beso en la mejilla diciendo que era la madre mejor del mundo, una madre maravillosa y que gracias. Que la estrenaría el viernes, al día siguiente.

Hasta aquí, pensareis, todo normal en una chiquilla de 16 años y su sufrida madre.

Paso un viernes, un largo fin de semana lleno de días de de estudio y estudio. Paso un lunes, festivo, más largo que un día sin pan. Paso el martes del dichoso cine.

Pensando en Mara y sus estudios busque la programación del curso. El papel estaba dentro de la agenda con la lista de los primeros exámenes, son cuatro tandas y esta primera para los primeros días de noviembre. En el martes dos de noviembre  estaban puestos los exámenes de Lengua y matemáticas….las trampas de la niña para conseguir una propinilla de forma fraudulenta, historias vanas y mentiras, mentiras….

Friday, April 10, 2015

Mi susto con Mara en unos grandes almacenes.


Mi susto con Mara en unos grandes almacenes.

Que susto me lleve. Otra vez de casualidad, Madrid es grande, pero las zonas por las que transitamos, al final, son siempre las mismas o es la casualidad, la eterna casualidad que cose, calceta e hila nuestros caminos.

A lo dicho que cuando se empieza no se debe parar, sería de muy mala educación dejaros a medias con la historia y las velas están a medio apagar.

Sucedió este último sábado por la tarde. Mara había salido con sus amigas cercanas para comprar el regalo de cumpleaños de Cinty; como siempre le comprarían una camiseta de marca, había pensado para mis adentros; antes de salir me soplo, como es habitual, esos diez euros para compra y cosillas. Lo de las cosillas me temo que es el tabaco, una pena.

A las seis salía aburrida de la nada insoportable de la programación televisiva, todo en la casa limpio y recogido, y decidí darme una vuelta por la librería del Corte Ingles mientras mi Ed se quedaba viendo un partido de futbol de segunda y más tarde, según él, un importante partido. No se gusto le tienen a ver 25 pares de piernas peludas persiguiendo como locos un balón; con lo bonito que seria que cada uno tuviese su balón, al menos los árbitros tiene sus pitos individuales, no me los imagino compartiendo silbato…

Allí en la librería me podría estar horas y horas viendo las últimas novedades, los de bolsillo, hojeando, fisgando, toqueteando. Me encanta ese momento sin hora fija en la que estar viendo libros, una manía como otra cualquiera solo superada por una buena librería de libros de viejo…los libros carísimos, los de novedades, claro, y hay tanto donde elegir, me hubiera llevado mi buena docena si no fuera por el precio y mis posibles. Me decidí, al final, por “El tiempo entre costuras”. Deje con pena “Maldito Karma”, Siete vidas de John  Grishman, Se lo que estas pensando de John Verdon, El pasaje de Justin Cronin, El Sindicato de Policía Yiddish de Michael Chabon. (Bolsillo), etc…

Al salir en un momento me pareció ver a Mara y sus compinches entre frascos de perfumes y maquillajes…cuando un aviso por megafonía anunciando vete tú a saber que veo que mi hija se pone a gritar: “¡no! otra vez las voces, ¡no!"… "¡no! otra vez las voces, ¡no!”…"¡no! otra vez las voces, ¡no!"…. con las manos tirándose de su hermoso pelo se tira al suelo y se pone en posición fetal mientras sigue gritando "¡no! otra vez las voces, ¡no!"… “¡no! otra vez las voces, ¡no!"… "¡no! otra vez las voces, ¡no!”…"¡no! otra vez las voces, ¡no!"

Corrí a su lado como una loca, la loca que soy, como un alma en pena, mientras palabras e ideas fugaces vinieron  mi mente como locura, ataque sicótico, síndrome bipolar, posesión diabólica…pero ya llegue tan tarde como que la estaban atendiendo dos chicas de la sección que no sabían que hacer. Las aparte con cierta brusquedad y la cogí en mis brazos mientras no ella dejaba de murmurar: "¡no! otra vez las voces, ¡no!"… "¡no! otra vez las voces, ¡no!"…hasta que se dio cuenta de que era yo la que la tenía en los brazos y le hablaba tratando de tranquilizarla, de hacerla volver a la realidad del  mundo. Se incorporo medio asustada con los ojos abiertos como platos de comer, miro a sus compis como diciendo y ahora que hago, me guiño un ojo, el derecho para más inri, me sonrió con una cierta timidez y salió escopetada entre sus amigas que le hacían como una protección contra la gente, una barrera para que no la pudieran seguir nadie.

Me quede boquiabierta y en medio de una gran confusión….decidí hacerme la tonta ante la situación así que a las dependientas y vigilancia pues lo de siempre, solo ayudaba, no sabía quién era aquella chica, no entendía lo que había pasado pero sí que me había llevado un buen  susto…la multitud se fue disolviendo como el azúcar en una buena taza de café. La buena de la encargada de la sección me trajo una silla y un café bien cargado, me devolvió al bolsa con el libro que había dejado caer al suelo y hablamos, durante un rato, de literatura, de precios, de las bromas gilipollescas y de los hijos…¡como no!

 

Monday, April 06, 2015

Mara y las ecuaciones de segundo grado.


Mara y las ecuaciones de segundo grado.

Me tocaba dar el capitulo, para mi muy especial, de las ecuaciones de segundo grado. Me encanta esta lección como la siguiente que es la de los sistemas de ecuaciones de primer grado. Como profesor de tercero de la ESO pues repase los conceptos y formulas el día anterior y me avise una y otra vez  que no me dejase llevar por mis ganas, que debía controlar en todo momento la clase.

Entre en mi clase  sonriente, salude a todos. Tengo nueve alumnos en clase de diversificación de matemáticas, son buenos chicos, un tanto alérgicos a estudiar y, por desgracia, demasiado imaginativos. Les mande abrir el libro por la pagina 102 y empecé. Me gire y empecé a rellenar la pizarra no con la ecuación, comencé con el repaso  de las raíces cuadras y su soluciones posibles o inexistentes en el mundo de los números reales. Salte de ahí a la ecuación general con sus fórmulas, sus variables, sus posibilidades. Termine eufórico con un par de ejemplos, unas ecuaciones sencillas y de soluciones rápidas y fáciles.

Me gire sonriente y contento con la tiza en la mano derecha  y pregunte: “¿habéis enten…..?”

Me quede así, con la mitad de la frase en la boca medio abierta, los ojos se salieron de las orbitas y me quede “anonadado”, patidifuso, alucinado, alelado, atontado, estupefacto, petrificado, …me cayeron las manos a lo largo del cuerpo al ver lo que era mi clase, en lo que se había convertido en unos momentos:

Mara y Guille, a la derecha,  estaban haciendo bolitas de papel con la que iban rellenando una bolsa de plástico  y esta ya estaba llena en unas tres cuartas partes.

Un poco más allá la dulce Carol estaba maquillándose, con todos los artilugios y potingues  encima de la mesa y en ese momento, sin verme, estaba haciéndose algo en los ojos con la ayuda de un espejo de bolsillo.

A la izquierda Alfonso y Leo jugando al parchís,  concentrados, ausentes, comiéndose  fichas y contando…

Al fondo de todo, a la izquierda, medio apartado de todos, como en el saque de un córner,  Julio durmiendo cuan largo era sobre la mesa, menos mal, pienso ahora, que no roncaba, sería peor…

Sandra y Luis compartiendo unos auriculares y escuchando música, muy alta pues llegaban las notas hasta mí y se movían, con los ojos cerrados, con las  manos y el cuerpo, al ritmo de la sintonía en unas contorsiones extrañas y comedidas pues estaban medio bloqueados por las propias sillas…

La tiza se escurrió de mis dedos y cayó sobre la tarima de madera y ese ligero ruido, un clac  apenas perceptible, hizo que todos levantaran la cabeza al unísono  y pusieran la mirada sobre mí y mi estupefacción. Medio se avergonzaron al verme así y ver lo que realmente ellos estaban haciendo, bajaron la cabeza pero no escondieron nada de lo que tenían entre las manos, como si se encogieran de hombros y me dijeran que mas daba.

Luis, con su sonrisa de siempre, soltó bien alto para que lo escuchase todo el mundo “Me parece que la hemos cagado en serio esta vez”…la clase entera, incluso yo, nos echamos a reír…

…………………….

……………………

Bueno, culpa mía y de mis sueños y mis deseos. Ya lo sé. Mañana pues a seguir, eso sí de dos en dos a la pizarra que tendrá en medio la ecuación general y la formula y a resolver ecuaciones. No queda otra solución, algo tendrán que aprender.
(Está basada en un hecho real, muy real para desgracia mía, contada de forma directa por una de las estudiantes, Mara, por supuesto)

Tuesday, March 31, 2015

Mara y la Burocracia, burrocracia, tiene nombre de mujer ¿Por qué?


Burocracia, burrocracia, tiene nombre de mujer ¿Por qué?

Lo cuento porque lo cuento y se acabo. Mara lo siento pero con o sin permiso lo cuento. Todo fue a raíz de perder el carnet de transporte. Una vez más, van tantas, perdió el carnet joven y esta vez, por fortuna, treinta euros, no perdió el ticket mensual con lo que siguió con sus formas de transporte y sus locuras de quince años esperando, como ya ocurrió otras veces que nos lo devolvieran por correo, cosa típica y tardía.

Pasaban unos días extraños en las idas y venidas. El dinero no le llegaba para nada, dando sablazos al padre, a mí, al hermano. Algo pasaba que no quería decir, algo ocultaba como alma en pena. Y yo que soy curiosa cuanto menos decidí saber que pasaba porque aquello no era normal (la verdad empezaba a preocuparme pensando en chantajes de alguno de la escuela, que estuviese metida en cosas peores, en fin, los malos pensamientos de cualquier madre de hoy en día).

Y me fui con ella. Se opuso desde el primer minuto. Se opuso. Se negó, incluso amenazo con no ir al colegio. Yo en mis trece, con ella en la parada del autobús. Ella que si iba si la seguía. Yo seguí en mi idea, al autobús con ella. Llego el bus y subimos, ella disimuladamente compro un billete, un euro.

Nos sentamos atrás, le pregunto por el ticket mensual, si lo había perdido, que le había pasado y me lo conto, claro, no le quedaba más remedio. Que no le fue un viernes en una estación y pidió, en la ventanilla que se lo cambiase, normal, pero al no poder mostrar el carnet, lo perdió, se lo requisaron  hasta que demostrase que era suyo. No me lo quería decir porque sabía que me enfadaría por el dinero y pensaba en decirlo al padre para que la acompañase a recuperarlo. La verdad es que respire más tranquila con la historia. Nos bajamos en Antonio Machado y fuimos, teníamos unos minutos, a la estación del metro a preguntar por el ticket mensual y que había que hacer para recuperarlo.

Ya no lo tenían. Buscaron, no estaba. Buscaron mas, no estaba. Me dieron la dirección y el teléfono del Consorcio de transporte a donde enviaban todos ellos. Otra cosa no podían hacer, órdenes eran ordenes y nadie con billete y sin carnet, los dos juntos o ninguno.

La deje en la escuela y me fui directamente al Consorcio que, por fortuna, no está muy lejos de casa. No muy cerca, no muy lejos. Rio Rosas. Primera planta. Muy amables, con tiempo. Buscaron y no lo tenían metido en el ordenador, no estaba. Miraron en el correo del día, tampoco. Que llame el lunes que seguramente ya habría llegado. Cuando llegase con una foto le harían, además, el carnet nuevo sin ningún problema.

Lunes, como un clavo llame, nada; que llame el martes. Como supondréis llame el martes y el miércoles y el jueves, nada de nada. El viernes no que era festivo. Amabilidad toda, soluciones ninguna. Le compre un bono de diez y que lo vaya gastando, para ir tirando.

Veremos el próximo lunes y el “Llame usted mañana”.

Conclusión: En un sitio ya no nos dicen nada, la oficina; en el que se lo sacaron no sabe, no recuerdan, no contestan, que demostremos que le quitaron el ticket pues siempre dan un comprobante. Hemos pedido uno nuevo por pérdida, más de quince días de entrega y las clases se retoman el próximo martes, mañana mismo. Veremos si llega tiempo y si no…como siempre ajo… y agua…para nosotros los paganinis y Mara tan contenta y feliz. Esperemos que algo haya aprendido.