Tuesday, February 26, 2013

Una simple mirada….


Una simple mirada….

Capítulo I. Camino al trabajo, el encuentro fugaz.

Todo empezó con una simple mirada en el metro. Le faltaban dos estaciones para llegar a su destino cuando vio, más bien sintió o noto, con un cierto cosquilleo, una mirada fija en ella. Sonrió para sí misma. Estaba acostumbrada a que los hombres la mirasen, no estaba nada mal y su cutis perfecto, sus grandes ojos, su melena rubia de bote  y su aire un tanto aniñado la hacían objeto de la atención masculina allí donde fuera.

Un cierto repelús le entro por la espalda. No le gusto. Se volvió lentamente, acomodando la posición del cuerpo al amarre en la columna y lo vio a  unos tres metros de ella…desaliñado, con barba poblada y sucia, con su cartón de vino peleón en al mano y una sonrisa tópica y lasciva, sus ropas desaseadas y rotas….le dio asco…el escalofrió le volvió y ascendió por la nuca…volvió los ojos levemente hacia el tipo y noto que le estaba mirando la mejilla izquierda, con una fijación compulsivo, hipnotizado, con si ella allí tuviera un tesoro o ….no aparataba la vista ni un segundo de su cara…

Inconscientemente llevo su mano a la cara y se toco y, al mismo tiempo, se la tapo. No noto nada en especial o ¿sí?..., le pareció sentir bajo la piel de los dedos como si la piel estuviese arrugada, dura., correosa. Trato de verse en el reflejo de la ventanilla del vagón de forma inútil. Empezó a preocuparse por su maquillaje, por su piel, por su rostro. Tenía que verse rápidamente.

El metro paro en la estación en la que bajo de borrachín. Respiro un tanto aliviada.
Se cerraron las puertas y arranco de nuevo. Su mano iba una y otra vez a aquella zona que le resultaba un tanto desagradable, que empezaba a preocuparle tanto, que se la tapaba con la mano derecha de forma inconsciente…

Ya en su destino, Iglesias,  fue a la primera cafetería que vio abierta y entro en el servicio, no sin antes pedir un café con leche en la barra. Entro y se fue directa al espejo para verse. Una imagen inmaculada, un cutis blanco crema, sin granos, sin tachas, unos ojos que se sabia esplendidos…pero, ojo, no había como una manchita, ligera si, como una decoloración en esa mejilla…se saco del bolso y se aplico unos pocos polvos… ¡perfecto!...al tajo….

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo II. En el trabajo, las miradas, el jefe.

Hizo su entrada en la oficina tratando de aparentar una seguridad que no tenía. Taconeando fuerte, oscilando los brazos con fuerza, sonriendo de forma un tanto forzada y saludando con un tono más alto de lo habitual.

Sus compañeras se quedaban mirándola como un tanto sorprendidas lo que ella interpretaba como que le miraban el manchón de la cara, que no se lo había tapado de forma adecuada con el maquillaje.

Se sentó en su puesto de trabajo, una simple mesa con ordenador en una sala grande, amplio, luminoso. La separación entre puestos de trabajo era por unas mamparas bajas, muy escasitas…cada vez que levanta la cabeza las miraba hablar como si al criticasen, como si comentasen lo que ella notaba en su rostro.

Incluso su jefe, cuando la reunión de todos los días, se notaba diferente, insatisfecho, mirándola con insistencia que era ya de mal educación, de una forma que la hizo sentirse incomoda, avergonzada. Al salir una pequeña reunión de chicas la estaba esperando para deshacerse de forma fulminante….no podía mas, se fue al cuarto de baño y allí, se limpio la cara, se la froto todo lo que pudo y trato de recomponer su maquillaje, Para tapar el manchón se aplico un poco más de la cuenta y además usando, por si las moscas, el del tono más oscuro, el de los días de invierno cuando la tez pálida la hacia parecer un vampiro sediento de sangre. No le gustaba como quedaba, aun por debajo de los polvos y coloraciones se notaba aquella especie de gran peca, le daba la impresión que se estaba inflamando….

La mañana le transcurrió lenta y plomiza, pesada, no se podio concentrar ante tanta cháchara sobre ella, las críticas de todas, las miradas con un cierto  disimulo; noto el odio de todas su compañeras de trabajo, odio y envidia  y ahora con un deje de desprecio por la de la “cara manchada”, como le aprecia oír de forma lejana y confusa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo III. En casa, un final poco digno.

Ya en casa cerró puertas y ventanas. El encuentro con la casera fue la gota que derramo el agua del vaso. No la saludo siquiera (nunca lo hacía, sin embargo) pero, esa vez, se la quedo mirando el gran grano de forma insidiosa como diciéndola ya ves monilla a todos nos sale una verruga de vez en cuando, ex guapa de cara, monstruo de feria….

Respiro varias ves de forma profunda y concentrada, se quito la chaqueta que tiro sobre el sofá, justo encima del bolso. Entro en el dormitorio y se puso la ropa de estar por casa, un simple camisón blanco y semi transparente. Se recogió el pelo en un moño trasero y….al tajo.

Se aplico la loción desmaquíllante, la fuerte, al que no usaba porque le ponía la piel rojo y le salían un granitos pequeñitos y feos. Se restregó una y otra vez la zona  del manchón, una y otra vez… de forma compulsiva y feroz….una y otra vez…

Cuando quedaba más o menos conforme volvía a  notar aquella sombra que se hinchaba a ojos vistas y se ennegrecía por momentos, por segundos…..vuelta a restregar y restregar.

No conforme decidió usar métodos más expeditivos y se animo con la lejía, solo unas gotas…al principio…incluso probo con unas gotas de amoniaco…al principio un a gotas….cuando parecía que se había librado del problema volvía a aparecer reflejado en su gran espejo-lupa, como una deformidad asquerosa y sucia, una verdugón negro y deforme con pinta de gusano que reptaba por debajo de su epidermis.

Empezó a desesperarse, no podía ser, no podía estar pasándole aquello a ella, o,  algo habría que hacer…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Epilogo. Metro y encuentro.

Ya solo Le faltaban una estaciones para llegar a su destino cuando vio, más bien sintió o noto, con un cierto cosquilleo, una mirada fija en el. Sonrió para sí mismo. Estaba acostumbrado a que los hombres y mujeres lo mirasen, no estaba nada mal y su cutis perfecto, sus grandes ojos, su corte moderno de pelo y su aire un tanto aniñado le hacían objeto de la atención allá donde fuera. Por no decir de su calzoncillo Calvin klein que asomaban por encima del pantalón vaquero “Pep jeans”y su camiseta sin mangas de Quicksilver

Esta vez no le gusto. Se volvió lentamente y lo vio a  unos tres metros de él…desaliñado, con barba poblada y sucia, con su cartón de vino peleón en la mano y una sonrisa tópica y lasciva, sus ropas desaseadas y rotas….le dio asco…el escalofrió le volvió y ascendió por la nuca…noto que le estaba mirando la mejilla izquierda, con una fijación compulsiva, hipnotizado….no aparataba la vista ni un segundo de su cara…

Inconscientemente llevo su mano a la cara y se toco y, al mismo tiempo, se la tapo. Le pareció sentir bajo la piel de los dedos como si la piel estuviese arrugada, dura, correosa. No podía ser, tenía el cutis perfecto. Trato de verse en el reflejo de la ventanilla del vagón de forma inútil. Empezó a preocuparse por su piel, por su rostro.

El metro paro en la estación en la que bajo por una puerta diferente a la del  borrachín. Respiro un tanto aliviado ante el aire de la calle.

Pero su mano iba una y otra vez a aquella zona que le resultaba un tanto desagradable, que empezaba a preocuparle tanto, que se la iba tapando con la mano derecha de forma inconsciente…

Ya en su destino, el gimnasio,  entro en el servicio, y se fue directo al espejo para verse. Una imagen inmaculada, un cutis blanco crema, sin granos, sin tachas…pero, ojo, no había como una manchita, ligera si, como una decoloración en esa mejilla…

Monday, February 25, 2013

Grandes mujeres: Madre Teresa de Calcuta.


Biografía de Madre Teresa de Calcuta.

Inés Goinxha Bejaxhiu nació en 1910 en una familia burguesa de origen albanés de la ciudad, entonces turca (y hoy capital de la nueva República de Macedonia), de Skopje. Desde niña a los 12 años sintió la llamada de la vocación religiosa y de misión, "para ir a propagar el mensaje de amor de Cristo" y, siendo aún una adolescente, a los 18, ingresó en Dublín, en la congregación de Loreto, más conocida en todo el mundo con el nombre de las Damas Irlandesas.

Al poco tiempo de estar en la orden, fue enviada a la India, para dar clases en uno de los mejores colegios de Calcuta, el St. Marys High School, al que, sin embargo, llegaba un fuerte olor de la miseria de los barrios de chabolas de Calcuta, la ciudad a cuyo nombre quedará para siempre ligado el de la religiosa.

La hermana Inés debe obtener el permiso del arzobispo católico de Calcuta, Ferdinand Periers, para poder abandonar las irlandesas. El obispo no era ningún entusiasta de la monja. Según recuerda la agencia France-Presse, se le atribuyen estas palabras: "Conozco a esa mujer. Es una novicia que no sabría ni siquiera encender correctamente un cirio en una capilla".

Pero a principios de 1948, con el apoyo de su superiora y del propio Papa, que tenían mejor opinión de ella que el arzobispo, es autorizada a abandonar su orden. Y la hermana Inés cambia el hábito de las hermanas de Loreto por el sarí blanco con ribetes azules de las mujeres pobres, y también cambia su nombre en honor de Santa Teresa de Jesús. Se dedicará a socorrer a los hambrientos, a visitar a los enfermos y a acompañar a los moribundos abandonados en las calles. Pronto se le unieron unas cuantas jóvenes, que también querían luchar contra tanta pobreza que les gritaba desde cada esquina y en cada recodo de la misérrima Calcuta.

En 1950, la monja del sarí fundó una nueva congregación religiosa con el nombre de Misioneras de la Caridad.

 

Y de los niños a los moribundos, cuando en 1952 la Madre Teresa se encuentra con una joven herida y moribunda, con los pies roídos por las ratas, en una calleja. Para los moribundos, Madre Teresa abre la Nirmal Hridaya o Casa de los Moribundos, en unos cobertizos a pocos metros de un templo dedicado a la diosa Kali, que es la diosa de la muerte para los hindúes.

 

Siempre se las ingeniaba para arrancar algún dinero, o mucho dinero, a todos los que podían darlo. Pidió a Juan XXIII, con el descaro que la caracterizaba, que le diese parte de las riquezas del Vaticano para poderlas dedicar a sus pobres. El Papa le regaló entonces su Rolls Royce, y ella organizó una subasta para venderlo, obteniendo varias veces su precio. También logró convencer a los organizadores de la ceremonia del Nobel para que renunciasen a organizar la clásica recepción y le entregasen la suma ahorrada.

 

Estaba frontalmente opuesta a toda forma de contracepción y solía proclamar: "Si no queréis esos bebés, yo si los quiero. Traédmelos a mi".

Sunday, February 24, 2013

Mara y los fantasmas que no eran tales.

Mara y los fantasmas.

Hace muy pocos dias un amigo me contó el grave problema de una pareja con un niño. Estabamos terminando de cenar tranquilamente, en ese momento lleno de confidencias y pequeñas historias que preceden a una buena velada. Los crios ya estaban acostados y un agradable silencio dominaba la habitación.

"Todos los días, después de acostar al pequeño, comenzaban extraños ruidos en su cuarto.

Localizaron el ruido en el armario pequeño que solo contenía algo de ropa del niño y algunas bolsas con cosas en desuso; vaciaron todo el armario y no encontraron nada; abrieron las bolsas y no encontraron nada anormal.

El ruido siguió produciéndose, noche tras noche; una de tantas veces observaron como una de las bolsas de plastico se movía, como si una rata se moviera dentro de ella queriendo salir. Dicha bolsa había ya sido abierta con anterioridad y solo contenía el vestido de novia de la señora. Abrieron, de nuevo, la bolsa con autentico pavor, sacaron el vestido y este se les retorcía, en las manos, como si tuviera vida propia, como si quisiera huir de ellos. Ni que decir que lo soltaron con un grito en sus bocas y durmieron esa noche en casa de unos vecinos.

Yo: ¿Que edad tiene el niño?

Ami: 7 años.

YO: ¿Va a clase?

Ami: Si.

YO: ¿Los padres trabajan?

A: Si

Yo: ¿dirías tú que el niño es introvertido?

A: Si.

Yo: El niño ¿tiene amigos?

A: Yo diría que no.

Yo: Dirias que juega solo siempre.

A: Yo diria que si. Siempre que lo he visto está en un rincon a sus cosas.

Yo: El niño ha tenido problemas en clase.

A: Si. Pero cosa de poca importancia.

Yo: Pero muchas últimamente.

A: Creo que si. ¿ a donde quieres llegar?

Yo: Espera. EL niño ha ido cambiando a peor en sus calificaciones, seguro.

A: Si, pero se achaca a estos ruidos, no duerme bien.

Yo:¿El niño esta mucho tiempo con los abuelos?

A: Claro, los dos padres trabajan.

Mara incapaz ya de estar callada en el descansillo de la escalera, entre la penumbra del piso superior que la hacia invisible a nuestras miradas: Es el niño que hace eso, esta queriendo llamar a su mama, no sabe como hacerlo y su subconsciente lo hace por el, se ayuda del vestido blanco, tiene mucho miedo y necesita que le hablen, que le abrazen, que le quieran, pide tiempo para el.

Yo: Mara tiene razon, en estas situaciones el ruido es una pista, una herramienta para pedir algo, una llamada. En este caso siempre el ruido ha sido después que el niño se acostase, el niño sabe que necesita ayuda y ve que no se la dan porque no sabe como pedirla y ha buscado una referencia materna como es el vestido de novia, del que seguro la madre esta orgullosa de el. Que busquen un buen psicólogo infantil, que estén mas tiempo con el, que le presten atención, que hablen con los profesores y veras como en unas semanas este problema desaparece. Y como ayuda adicional, que el parroco bendiga la casa, nunca se sabe.

Y tu Mara es la ultima vez que haces algo asi, vete a la cama inmediatemente o el ruido lo hara un buen zapatillazo.

Debo decir que los ruidos cesaron poco después de que esa pareja aplicase las medidas que les habiamos indicado.

Saturday, February 23, 2013

Mara y el tio Gerardo.

Mara y el tio Gerardo.

Después del éxito de la redacción sobre la Santa Compaña, Mara decidió recopilar viejas historias familiares. Ni corta ni perezosa empezó a interrogar a todo conocido, los llamaba por teléfono, les enviaba cartas, les exigía que le escribiesen cosas raras. Pero tuvo poco éxito, ninguno diría yo.
Entonces, cuando empezó a desanimarse, le indique que hablase con Gerardo, mi hermano mayor. Creo que era al único al que no se había atrevido a importunar por una especie de respeto o algo más. Gerardo se auto invito a una cena y contó lo que Mara después recogió en su cuaderno:

"Lo cuento tal como pasó, no omito nada y nada añado.
Invierno. Mes de enero ó febrero. Noche oscura amenazando lluvias.

Invierno, es la hora de la cena. Todos reunidos en la mesa del comedor, cenando...!no es importante ¡
Pero no están todos. Está la madre y sus cinco hijos. Falta el padre a causa de un largo viaje de trabajo.

Risas, codazos, ruidos...

De pronto sonaron tres golpes de llamadas en la puerta, lentas y profundas. Se hizo el silencio. Nadie se movió hasta que el mayor se levantó y abrió la puerta.

"No hay nadie "- dijo.

"Será algún vecino, siéntate y cena"-contestó la madre.

La atmósfera de la casa ya había cambiado. No quedaban risas, ni juegos, ni el meterse unos con otros. Algo opresivo se sentía en cada uno de aquellos habitantes.

Volvieron a oírse los tres golpes en la puerta. Esta vez el chico mayor (trece años, moreno, grande, musculado) se levantó rápidamente y abrió la puerta como una exhalación. Al no encontrar a nadie salio a la calle buscando al gracioso, buscó a derechas e izquierdas no encontrando a nadie.

"No veo a nadie. Se ha tenido que esconder muy bien. ! Como lo coja ¡"-dijo enfadado.

"Algún gracioso. No hagas caso- respondió la madre-déjalos pasando frío en esta noche"

El chico entró, cerró la puerta pero no se sentó. Se quedó agarrando el picaporte detrás de la puerta. Esperando. Presto a saltar a la mínima y, al tiempo, un cierto miedo brillaba en sus ojos verdes.

Una vez mas los golpes volvieron a sonar. Por tres veces alguien llamo fuertemente. Nadie se pudo mover durante los segundos que duró la llamada. Nadie se movió. Se podría decir que nadie respiró en esos instantes.

Cuando acabó el tercer golpe el chico salió de su estupor y abrió la puerta con violencia. No había nadie. Una ráfaga de aire frío entró en la casa. Había un total desconcierto en su rostro.

"No tengáis miedo- dijo la madre, siempre sentada en su lado de la mesa, reconociendo un tenue aroma en la brisa y presintiendo algo esperado- es seguro la tía Antonia que acaba de morir y a venido a decirnos adiós en su nuevo camino. Recemos un padrenuestro por su alma".

Cinco niños y su madre rezaron alrededor de una cena inacabada.

Al día siguiente, de una pequeña y hermosa aldea gallega llamada La Hermida, una llamada de teléfono les comunicaba la muerte en paz de la tía Antonia que se había producido sobre las diez y media de la noche anterior.

Que cada cual tenga sus conclusiones. Lo cuento tal y como paso. No quito nada, no añado nada."

Friday, February 22, 2013

Mara y el jersey azul.

Mara y el jersey azul.

Todos tenemos alguna cosa, sobre todo ropa, con la que nos encariñamos. Puede ser un pantalón, una blusa, un jersey, un abrigo. Algo que nos seduce como un viejo amigo, y que nos resistimos, a pesar del tiempo, a tirar, que seria lo normal.

Así Mara con su jersey de angora azul.

Hemos tenido miles de discusiones sobre la conveniencia de ponérselo con otras prendas, discusiones sobre la necesidad de lavarlo, discusiones sobre la necesidad de jubilarlo y comprar otro nuevo.
Mara, erré que erré, por ella, se pondría ese jersey todos los días del año. No se lo quitaría ni para lavarlo. Lo combinaría con marrones y negros, con lo que sea…un desastre.

Pues bien, sin previo aviso, ya hace seis meses, el jersey desapareció.

BUFFF, como por arte de magia. Desapareció.

La culpa me la lleve yo, por supuesto. No me importa. Pero la prenda, por más que buscamos, no volvió a aparecer.

Mara de morros, y yo, lo confieso, feliz.

Le compre un nuevo jersey al que trato, desde el primer día, de forma disciplente, como si fuera nada, una bagatela, un incordio.

Y todo iba bien hasta el pasado miércoles, comienzo de un hermoso puente y comienzo de un pequeño viaje a la sierra. Hacemos las maletas y, en el fondo del armario aparece el dichoso y viejo y maloliente jersey de angora azul de Mara. ¡Como se puso Mara de contenta! Huelga decir que se lo puso de inmediato, ni que le quedaba pequeñísimo(después de dos estirones que la llevaron a los 1,65 que mide actualmente), ni que estaba sucio y tenia dos rotos…¡Nada! Se lo puso y no había forma de que se lo quitara. ¡Su dichoso jersey de angora!.

Ante la amenaza de no hacer el viaje se avino a quitárselo y ponerse el que iba a llevar y yo me avine a que lo metiera en la maleta y se lo llevara consigo, de viaje.

El viaje, frío y sobre todo nieve, la primera del año, nos llevo más de tres horas. Tres horas para hacer 160 kilómetros. Pero, lo importante, llegamos bien y contentos.

Entramos, cogimos las habitaciones, abrimos las maletas y…. ¡Horror y desgracia! ¡Maldición y amargura de vacaciones! El jersey que Mara había metido en su maleta, no estaba. De nuevo, la culpa recayó sobre mí.

-Mara, tú lo metiste en la maleta. Tú cerraste la maleta. Tú metiste la maleta en el coche y la has abierto aquí en la habitación. ¿Como crees que pude hacer desaparecer el dichoso jersey? Todo el rato hemos estado juntas…

-Pues estaba aquí y, ahora, no esta. La culpa es tuya, tú me hiciste que me lo quitara.

-¡Vale!, hice que te lo quitaras pero quien se lo trajo y lo metió en la maleta, fuiste tu ¿estas bien segura de haberlo metido?

-¡SI!

Y así cuatro eternos días. Le dije de todo, que seguramente estaría encima de su cama, que se habría equivocado, que… ¡yo que se las cosas que le dije! Pero ella cabreada fastidiada y fastidiando a todos.

Ayer volvimos. Mara corrió a su habitación y…..nada. Rebuscamos por todos lados y no lo encontramos. Un extraño misterio.

El jérsey azul esta perdido y Mara, espera que vuelva junto a ella algún día del futuro cercano en esta historia cercana a los expedientes x.

Thursday, February 21, 2013

Mara y su cita.

Mara y su cita.

El jueves pasado tuve que ayudar a Mara con sus deberes. Tenia muchos y le costaba hacerlos por esa manía, que tienen todos las crías, de hacer los ejercicios primero y después estudiar la lección; claro, no saben la lección y quieren hacer los ejercicios a voleo, inventando soluciones a cual mas disparatada. Así que allí nos veíais, dale que te pego toda la santa tarde.

En un descanso para merendar, Mara se puso seria y...:

-Me dejaras mañana quedar con una amiga, por la tarde, ¿verdad?. Tenemos después un largo fin de semana. Papa me dijo que por el no había problema, es mas, que me convenía empezar a salir y relacionarme con las amigas.

-Si el te dijo eso no pondré problemas, pero tendrás que venir temprano, a una hora adecuada. Le contesté extrañada de que su padre le hubiese contestado afirmativamente, en vez de dejarme, como siempre, la responsabilidad del tema.

-¿A que hora quieres que vuelva? Vamos a quedar en la puerta del colegio, pues ella vive un poco mas lejos y del otro lado.

-A las ocho me parece buena hora para que estés de vuelta en casa.

-¿No puede ser a las ocho y media?. Replicó Mara, muy rápido para mi gusto.

-Mara, no hay discusión. Si quieres quedar con tu amiga a las ocho de vuelta y se acabó. Le conteste ya un poco mosca.

-Bueno, bueno, no es para tanto. La voy a llamar. ............................
¡Hola! Soy Mara. A mi me dejan salir mañana, ¿y tu?............ ¡Que hablaras con tu padre!. Bueno, pues llámame con la respuesta. Mi móvil ya lo tienes, creo. Bueno. Adiós.

-Mara, vamos a trabajar.
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Por la noche, en la cena, Mara comió con desgana, mas apática que de costumbre y con algo, no sabia que, que le roía en la cabeza. Hablamos de cosas nimias, del otoño que se avecinaba y de que había que comprar alguna ropa de abrigo para Mara. Esta, constantemente miraba a su padre intentando entrar en algo que yo no comprendía muy bien. Al final y aprovechando que sali del comedor, en voz baja se dirigio a su padre:

-¡Papa! ¿Sabes? Mañana voy a salir con una amiga. Mama me ha dejado con la condición de volver a las ocho.

-Me parece muy bien si tu madre te ha dejado. -Le contesto su padre.- ¿con quien sales?

-Con Natalia, es una buena chica de la clase del B.

-¡Ah! ¿No es de tu clase?

-¡No! Pero me llevo muy bien con ella. Muy normalita, muy maja.

-No, solo que me extraña que salgas con una amiga de la otra clase y no con una de tu propia clase.

-¡Ya! pero mejor asi; yo me llevo muy bien con ella y en los recreos jugamos siempre juntas.

-Así que mama te ha dejado. ¡Que raro!,¿No te puso un montón de problemas?. Incidio el padre de Mara.

En esto, ya intervine yo, que estaba escuchando la conversacion desde el dintel de la puerta, muy mosqueada, y dirigiéndome al padre de Mara.....

-¿pero no le habías dejado tu?........................... Mara me dijo que había hablado contigo y que no solo no le ponías ningún problema, sino que la habias animado a salir con amigas; por eso, y solo por eso, yo le dije que si.

-Es la primera vez que me habla de esta salida. Me contesto, al tiempo los dos miramos a Mara con los ojos muy abiertos y simultáneamente:

-¡MARA! ........

-Bueno, lo fundamental es que me habéis dejado. No podéis arrepentiros ahora que la he llamado. Ya hemos quedado y ella hablo ya con sus padres.....¡Porfa...!

Sonreímos ante la pillería de la niña, desarmados y vencidos. La bronca y el castigo posterior fue otra cosa.

Wednesday, February 20, 2013

Mara se enfada.

Mara se enfada.

Mara, como todas las crias de doce años, tiene, muchas veces, una falta de sentido del humor que la hace cometer pequeñas tonterias al tiempo que lo pasa fatal y me lo hace pasar a mi tambien. Se manifiesta, sobre todo, cuando gasta bromas y la victima, normalmente yo, se defiende con sus mismas armas, bromeando, es entonces cuando sale la vena orgullosa que la hace reaccionar airada y dolida.

El caso es que todo empezo cuando.............quise invitarla a merendar tortitas con nata y un buen vaso de leche(ya sabeis como le gustan) pero ella, para llevarme la contraria se empeño en que queria ir al cine, no le importaba la pelicula, solo queria ir al cine. Y asi, mientras ibamos en direccion al cine, ibamos discutiendo sobre tortitas si, cine no, tortitas no, cine si. Al pasar por un escaparate de ropa de mujer, mara se fijo un momento en el, apenas un parpadeo, y empezo de nuevo:

-Este año por invierno ya lo sabes, ropa de Lacoste, nunca me he vestido de Lacoste y este año quiero vestirme de Lacoste, asi que a rascarte el bolsillo.

-Es ropa muy cara para lo que es, asi que deja de decir tonterias. Le conteste demasiado rápida.

-Pues yo quiero Lacoste, ya lo sabes lacoste y nada mas que lacoste. Voy a vestir como una chica lacoste.

-Mara...vete a la porra.

-Quiero lacoste y nada mas. ¿porque no puedo elegir?. Yo elijo lacoste.

-Vete a la.............porra.......termine diciendole con un rintintin algo agudo en demasía.

En esto que llegamos aun cruce de calles estando el semaforo en rojo y, ante el silencio imprevisto de mara, me gire ante ella y no la encuentro. Miro alrededor y no la veo por ninguna parte. Ni que decir tiene los miles de pensamientos negros que pasaron por mi cabeza en unos segundos al tiempo que el corazon me daba un vuelco y la garganta se me cerraba. Me acorde, de pronto, del movil y la llame.
Me lo cogio rapido, demasiado rápido:

-Mara¿Donde estas?

-Camino de casa, a mi nadie me manda a la porra. Es una falta de educacion y de respeto. No lo tolero, eres ....mala. No me tienes ninguna consideracion, ningun respeto.

-Mara que todo era una broma, como la tuya. Ven inmediatamente donde yo estoy antes de que me enfade. No me obliges a castigarte.

-No voy a ir con personas que me insultan y me faltan al respeto.

Y corto la comunicación.

Mi cabreo fue de ordago pero despues, pensando, me quede preocupada, muy preocupada. Fue asi que me puse en marcha hacia la casa a fin de ver que, de verdad, estaba en casa y habia llegado bien.

Llame al timbre de abajo y me contesto ella que la dejase en paz; por el tono de sus palabras habia estado llorando; estaba aun llorando.

Subí y le recrimime su actitud cuando las dos estabamos bromeando por la calle:

-Mandar a alguien a la porra no es una broma, esta muy mal.

Riendo le pedi perdon, me excuse y le dije que pedir ropa de lacoste tampoco era una broma, mas bien una broma pesada.

-Lo uno por lo otro ¿anda?

Y nos fuimos a merendar tortitas con nata y un buen vaso de leche.

Tuesday, February 19, 2013

Mara y el mal de ojo.

Mara y el mal de ojo.

Hace ya un par de años, vivían aun mis abuelos, que en paz descansen, en una pequeña y muy bonita aldea: La Hermida. Como todas las aldeas tenia su riachuelo, su serreria, su iglesia en lo alto de una montaña, su tienda de todo (ríete tu de los "chinos" de ahora) y un campo de fútbol, amen de campo, montañas, frutales, vides, etc. Como era usual en esos tiempos y lugares, mi abuela tenía sus gallinas (¡Que buenos huevos frescos, grandes, amarillos!), sus dos o tres cerdos, su bodeguita para el vino y su vaca, la de toda la vida, casi de la familia, para la leche diaria.

La recuerdo vestida siempre de negro, con su pañuelo negro en la cabeza, al lado del hogar de la cocina. Pequeña, rápida y de lengua mucho más rápida, dominaba siempre la situación por dura que esa fuera, todo problema iba a ella y ella lo solucionaba, de forma drástica, algunas veces; era el alma, el corazón, el banco y el cerebro de la casa.

La anécdota que voy a contar empieza un día de verano y con la leche de la vaca rojiza, sanguinolenta.

"Ha sido la Veneno, paso ayer por aquí y se puso a dar vueltas alrededor de la vaca. Si esa quiere guerra la tendrá, no sabe con quien se esta metiendo y yo que la ayude cuando su marido desapareció y cuando no tenia ni para vestirse."

"Que si, es mala como ella sola. Es posible que no sepa lo que hace, pero no lo creo, es mala a rabiar.
¿Que puede tener en contra nuestra? ¿Que le ha hecho nuestra vaca?"

"¡No!. Si mañana sigue así lo solucionaremos de forma adecuada, lo malo será aguantar dos o tres días. ¡No puedo meter esta leche a la lechera!"

"Vamos a ver, el veterinario no cura estas cosas, no sabe de estas cosas. El para un parto, para firmar las hojas de salud, para dar un antibiótico, para aconsejar en una compra de ganado, pero..... ¡Que va a saber el de malas miradas, de la mala envidia de alguna gente que mira torcida!, ¡Que sabe el del mal de ojo! Y créeme, es un mal de ojo, la han mirado mal y por eso da sangre en vez de leche"

"Esa mujer tenia que estar encerrada, le hizo lo mismo a Maruja el mes pasado y a la Tía Lola la vez anterior. Sabe que hace daño y lo hace a posta. Tendrá lo que se merece".

Así estábamos con el mal de ojo de la vaca y yo, chica de ciudad pasando unos dias de verano en casa de los abuelos, no entendiendo nada. Menos entendí cuando al día siguiente, de nuevo la vaca habia sangrado al ordeñarla, la abuela me mando a ir a la iglesia del pueblo y pedirle al cura, por favor, una ostia bendita de su parte. Allá me fui yo al quinto pino ideando como evitar el recado de mi abuela; la alternativa que pensaba no era la ostia consagrada sino la panda de ostias que el curiña del lugar me iba a dar. La ostia, pensaba con gran temor, no la iba a recibir la vaca sino yo y de otro tipo.
Pero no, el cura, un viejecito muy simpático me hizo la ficha primero: padres, hermanos, colegio, estudios, si iba a misa todos los domingos, si respetaba la ley de Dios, etc... Después me hizo arrodillar, santiguar y, como con gran misterio, cogio una ostia bendita, la envolvio en un pañuelo de encaje blanco y me la metió por dentro de la camisa, al lado del corazón. "Que no se te caiga, ten en cuenta que llevas el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo".

Volví flotando, feliz, con todos mis terrores ya desaparecidos.

Le di la ostia a mi abuela que, antes de nada, se arrodillo y se puso a rezar lo que a mi me pareció una eternidad. Después, con gran escándalo por mi parte, la vi pulverizar la ostia y mezclarla con unas hierbas en una pequeña tina azul, de plástico. La llevó a la vaca e hizo que la vaca comiese aquella mezcla.

Ni que decir tiene que, al día siguiente, la vaca dio la mejor leche que jamás probé, y no recuerdo que volviera a ponerse enferma. ¡Cosas de las abuelas!

Pero siempre quedó , en mi recuerdo, el miedo que pase camino de la iglesia, que minutos de terror...

Monday, February 18, 2013

Mara y la excursion escolar a Segovia.

Mara de excursion a Segovia.

Ya cerca de final de curso (hace ya unos cuantos años), a finales del mes de mayo, toda la clase de Mara (6º de primaria) fue de excursión a Segovia. Fue una visita de un día, lo que fue queja general. ¡Un solo día!

La noche anterior al día del viaje Mara casi no durmió y, ese mañana, como todos sus compañeros, ya estaba tan cansada como nerviosa antes de empezar.

A pie del autobús, controlando todo, don Pedro, profesor de la clase y doña Rosa, jefa de estudios y tutora. Allí, antes de subir, contaron a todos los niños, uno a uno, les dieron una bolsa con bocadillos y bebida. Y a comenzar el viaje.

Risas, peleas, canciones durante todo un viaje de escasamente una hora.

Bajados del autobús, en la amplia explanada de aparcamiento, fueron directamente al acueducto romano, al lado del cual se hicieron un montón de fotos a cual tan original como, jugando con la perspectiva, sentados en el, abrazando a la virgen, empujandolo, etc.

Breves comentarios de don Pedro explicando la historia del acueducto, su funcion, los años y trabajos de restauración y conservación, que ningun niño atendio:"El Acueducto tiene un total de 166 arcos, son de piedra granítica y están constituidos por sillares unidos sin ningún tipo de argamasa mediante un ingenioso equilibrio de fuerzas........................".

E iniciaron el paseo pasando por Candido, El duque, la Casa de los Picos, la puerta de San Andres, hasta llegar a la Plaza Mayor y a su lado la Catedral, la bien llamada "Dama de las catedrales", en el punto mas alto de la ciudad, donde entraron con alguna que otra queja. En el interior se asombraron del retablo mayor, esculpido en mármoles, jaspes y bronce conteniendo la confortante imagen gótica de Nuestra Señora de la Paz. Pasaron al Museo Catedralicio, donde encontraron magníficas obras de arte: piezas de platería, tapices, documentos, ropa eclesial, etc.

Visitaron a continuacion la IGLESIA DE LA TRINIDAD, SAN NICOLÁS y SAN ANDRÉS en la plaza de la Merced, en un rincon delicioso y verde.

Bajando, mas tarde, por una callejuela, donde Mara se compro la reproducción del acueducto por 1,80 euros en una tienda de articulos tipicos llegaron al Alcázar donde admiraron el tremendo foso, subieron la torre (158 escalones contados uno a uno) y, saliendo, recuento y...... ¡Falta uno!
El caos y el delirio. En esto, se oyen gritos desde lo alto de las murrallas del alcázar diciendo que se había perdido, por donde bajar, que le ayudasen, socorro; Daniel, tal era su nombre, nervioso como nunca, gritando y buscando ayuda para bajar y reunirse con sus compañeros. ¡Como se puso Don Pedro!

Allí mismo, ya reunidos todos, con Daniel reincorporado tras la monumental bronca de don Pedro, abrieron la bolsa y a comer los bocatas y beber los brick de zumo que contenía.

Terminado el almuerzo y tras un rato de asueto, mas bien de peleas, juegos y risas, empezaron el regreso al autobus por el barrio de las Canonjias, lleno de estrechas y sombreadas calles y pendientes pronunciadas, pasaron por un hermoso mirador, más cansados que nunca, arrastrando los pies. Mara, especialmente cansada, se fue quedando un poco rezagada. Se sentía laxa, cansadísima, extenuada. Veia como sus compañeros se le adelantaban y los perdia de vista. Casi no se sentía andar. Oía, a lo muy lejos, la voz del profesor hablando del barrio judío de estrechas calles y sombra eterna. En una de esas calles vio un grupo de hombres extrañamente vestidos de negro con un libro en la mano y cantando algo que no podía entender; la mayoría con coletas que le caían por los hombros y, todos, con un aire ausente al mundo. Llenaban la callejuela e iban moviéndose acompasadamente al ritmo de la canción, oscilando levemente de atrás hacia adelante, una y otra vez, una y otra vez. Mara se metió entre ellos un poco sorprendida, como sintiendo una llamada. Era tanta la gente que tenia problemas para avanzar, tratando inutilmente de no tocar a ninguna de aquellas personas. Según avanzaba cada vez había más y más y más gente. Todos vestían de negro, todos con el libro, la canción y esa oscilación grave y rítmica, todos con un pequeño gorro en la coronilla y las coletas que se les posaban en los hombros. La canción la llevaba a buscar algo desconocido, con un poco del miedo que se le iba insinuando en el pecho. Cada vez le costaba mas avanzar, los hombres iban ocupando toda la calle y esta parecía no tener fin.

Al cabo de un rato de esquivarlos se encontró con una puerta velada por una gasa negra y una viejecita con miles de arrugas sentada bajo el dintel. Era pequeña y encogida como una pasa de agosto, e iba guiando la canción con su voz un poca mas alta que el resto de la gente de la calle. Sus cuencas estaban vacías. Olía a la flor del cerezo al comienzo del verano, olía a su abuela lejos en las tierras gallega, olía queso.

Entendió, de pronto, que aquello era un entierro. Alguien había muerto, alguien de aquella casa, alguien de la familia de la vieja. Quiso abrazar a la vieja, consolarla, pero algo se lo impidió. Quiso sentir lastima y pena pero solo sintió un vació extraño en su pecho.

La vieja alzo su rostro hacia Mara, triste con sus cuencas vacías, sin dejar de cantar una historia lejana y perdida. La miro sin ver. La sonrió sin sonreir. Como si solo oliera una brisa conocida.
Levanto su menuda y arrugada mano derecha y levanto la gasa de la puerta; una invitación a pasar.
Mara pasó. Dentro reinaba la oscuridad. No había nadie. Era una estancia amplia, vacía de todo adorno con solo un ataúd blanco en el centro de la misma y siete velas blancas rodeándolo, alumbrándolo con una luz cambiante. Allí dentro no se oía nada.

Mara se acerco curiosa al féretro. Una niña yacía en su interior, vestida toda de blanco, una moneda de oro sobre cada ojo, unas camelias blancas, purísimas, en sus manos entrelazadas sobre su pecho, labios cerrados con una media sonrisa, su pelo suelto se desparramaba sobre una almohada llenando todo de un marrón rojizo brillante y, sobre el, una orquídea blanca bellísima.

Comprendió, de pronto, que esa niña era ella, que estaba en esa habitación, muerta, cuando sintió la mano de la vieja en su hombre y le decía:-Despierta Mara, ya hemos llegado a la escuela. ¡Vaya sueñecito que te has echado en el autobús!, ¡Hasta has roncado un poco!

Mara abrió los ojos, sorprendida, descolocada, viéndose rodeada de sus compañeros llenos de risa medio disimulada y a don Pedro al lado de ella y su mano en el hombro sacudiéndola.

Sunday, February 17, 2013

Una mas de Mara...

Se quedó estudiando matematicas y sociales. De la primera tenia que repasar un monton de cosas de la leccion de exponentes. De sociales la proxima semana le tocaba un examen de control, esos exámenes previos a las vacaciones de Navidad.

Allí la deje encerrada y con los libros abiertos sobre la mesa y un monton de buenas intenciones. Yo sali a las tres y media y volvi a las nueve de la noche. La salude con un beso y me puse a hacer la cena: sanwchies vegetal y un filete de pescado a la plancha. Cenamos en la cocina. Mara estaba de muy buen humor y yo, viendola feliz, tambien y pensando en que la tarde habría sido productiva. Hablamos de las fiestas, de la merienda, de las postales de navidad, de unos compañeros de clase, de un mensaje gracioso que le habian mandado y de que siempre pescado.

Recogí la mesa y me voy al salon a ver un poco la tele en su compañía, me quedé atónita, anonadada, patidifusa( las encontré en el diccionario de sinónimos)......las ventanas pintadas con temas navideños, el arbol de navidad de todos los años puesto con sus adornos y luces, el Papa Noel de luz colocado en la pared y encendido, el pequeño nacimiento montado en un rincon, sobre su puerta una corona de flores, su ventana profusamente decorada y las felicitaciones ya cerradas con remite y direccion puestas.

Ella, enchida de satisfaccion por todo el trabajo realizado en mi ausencia...pero de los estudios nada de nada...