Cuando se levanta el telón.
Nosotros, los
autores, jaleamos…
Nosotros,
los actores, actuamos…
Nosotros,
los espectadores, aplaudimos…
Sempiterna
obra de nacer, envejecer y morir…
¡Qué bien lo
hacemos!....
Cuando se levanta el telón.
Nosotros, los
autores, jaleamos…
Nosotros,
los actores, actuamos…
Nosotros,
los espectadores, aplaudimos…
Sempiterna
obra de nacer, envejecer y morir…
¡Qué bien lo
hacemos!....
Viejos apuntes en una olvidada servilleta en un café de Madrid…
La vida es
arrancar tus entrañas con tus propias garras…
O destruir
el nido de golondrina en el alfeizar de tu ventana
O pedir la
mano a la muerta, hermosísima muerta
pero… ¿a quién se la pides?...
Lapidas
suntuosas y galanas en los caminos del cementerio
Los pobres
están en las afueras, como avergonzados de haber vivido
La vida es
desgarrarte un tiro en la boca con la pistola cargada de buenas intenciones
O un huir
enloquecido de los recuerdos. Hacen daño. Eras malvado o inconsciente que es lo
mismo.
Pero tú no
lo sabes, tú no lo sabrás.
Las paredes
de muro no se caen, unidos y mantenidos por la hiedra siempre virgen que los ha
colonizado
La hiedra
que constante reza por los muertos
Hay
artísticos mausoleos ¿para quien? ¿Para
qué? Solo encierran podredumbre.
El que los
construyo no puede meterse en su belleza
Y Hay
pequeños mausoleos. Hay también diminutas tumbas que contienen ataúdes blancos.
La sombra de
las cruces semejan rejas sobre las tumbas…
Breves notas en un servilleta olvidada en una cafetería de Madrid…
Los muertos no hacen daño.
La puerta de hierro no está
para que no huyan. Abrazos...
Teme a los vivos.
La muerte flota ingrávida
Murmurando obscenidades.
Es un hoy excavado
Bajo ríos de mármol y pedernal
Soterrando esperanzas….
Servilleta sucia en un cubo de basura…
En el fondo
de tus entrañas
Encontraras
la verdad….
Esta sucia,
Huele mal,
Apesta….
¿De verdad
la quieres?....
Que seáis muy felices y disfrutéis de este regalo que es la vida. Disfrutar de cada día que pase, cada minuto, cada segundo. Cada copa de vino, del olor del pan recién hecho, del verde del árbol y de la sonrisa de la gente con que os cruzáis en al calle...
Un abrazo muy fuerte.
Historias.
Creía en el
amor...
No creo en
el amor....
Un guantazo
rompió el idilio...
"Manos
blancas no ofenden"......
Pero duele
que te cagas.
Mi rostro se
vuelve granate
De sorpresa
y vergüenza. Creía
En el
amor...No
Creo en el
amor. En
La tierra de
los sueños
Palabras son
besos,
Los ojos
brillan y hablan...
En el
desamor el brillo
De los ojos
son de ratas
Histéricas
entre el fango...
No creo en
el amor
De las
ratas....no creo
En el amor
violento y febril...
No creo en
tu amor...
Creo en la bondad de la gente...no creo
En la bondad
de la gente. Carrusel de caballitos desbocados
En un
tiovivo infantil y de pueblo lejano.
Creo en la
inocencia infantil....no creo
En la
inocencia infantil. Montaña rusa de emociones
Encontradas
ante un empujón siniestro.
Creo en la
paz en el mundo... No creo
En la paz en
el mundo. La Casa del terror con celdas acolchadas,
Insonorizadas
y electrificadas, nada del otro mundo.
Creo en la
verdad con mayúsculas...no creo
En la verdad
que nos venden. Laberinto de espejos engañosos
Con los que
confrontamos nuestra mente e ideas. Duelen.
Creo en ti
como luz de mi vida... No creo
En ti como
faro absoluto. Tren de la Bruja que te lleva herido,
Solo,
abandonado, perdido...También duele.
I. Historias.
Me dijeron
que su muerte fue dulce y rápida.
Una llamada
de teléfono no tan intempestiva.
En la ducha,
bajo el agua calentita.
Estaba
cansado, quiso sentarse.
Se sentó, apoyo la cabeza en su hija,
La pequeña,
mi hermana pequeña.
Allí se quedo
dormido, cerró los ojos.
Ya no se
despertó. El agua caía dulcemente...
Sus ojos
seguían ausentes...
Me gustaría
esa muerte así, con el agua fluyendo
Y las
fuerzas dejándome poco a poco...
Mientras me
abandono en un nuevo camino...
(Te quiero papá)
Traqueteando hacia mi destino: Iglesias.
Me acerque a
la salida, apoye mis manos en el cristal de la puerta.
Reflejos
sobre el negro del túnel volcánico...
¡Y me quede
extasiado en su serena belleza!
No podía
pensar en algo tan joven y bello.
Sentada y
mirando al vacio con sus ojos verdes...
Sus manos
agarrando un pequeño bolso de lona.
Los segundos
pasaron como un mazazo.
Me gire
cohibido por mis muchos y provectos años.
No la vi, la
busque pero no estaba allí...
Un hueco
entre dos matronas gesticulantes.
Un engaño de
mi mente calenturienta pero…
Volví a
verla reflejada, mismo sitio, misma posición...
La luz de la
estación rompió el encantamiento,
La puerta se
abrió arrojándome a una condena.
Al vacio del
más acá.
No mire atrás y me fui con mi vida a cuestas...