Tuesday, March 13, 2018

Nuevas fotografias...


Mira, ya reflejada en el papel,

nuestras grises imágenes duermen

en una dimensión conocida.




Captados, un segundo, en el papel

nuestros espíritus en paz duermen

atrapados por la fuerza en la luz.




A lo lejos, dibujado en el papel

el valiente orgullo duerme atrapado

en la sima subatómica del                   

ultimo y vital instante de vida.




Visionadas en el papel

nuestras viejas fotos duermen,

detenidas del tiempo y luz

en las montañas del alma.




Arrunados en el papel

con la palabra congelada

en los labios que para siempre,

en un segundo eterno, duerme.

Sunday, March 11, 2018

Un café con leche (III).


Un café con leche (III).



Allí sentado, absorto, auto compadeciéndose, estaba bien y tranquilo, hasta se diría que feliz. Un rictus de media sonrisa se había quedado en sus labios.



El local era amplio, de tonos rojos y mesas desperdigadas. Una barra de madera barnizada se estiraba por el fondo y, detrás de ella, un hombretón de brazos tatuados atendía con cierta indolencia a la clientela. Dos jóvenes camareras se movían entres las mesas atendiendo peticiones y guiños y esquivando pellizcos.



No recordaba si había pedido algo y, si lo había hecho, que podía haber comandado.



Se sentía confuso, perdido. Felizmente confuso, felizmente perdido.



Su reloj de pulsera estaba parado como el del bar en la pared, como su conciencia.



No sabia como pasaba el tiempo, no entendía como estaba allí y que hacia allí.

Del mediodía a la tarde y, de esta, a  la noche. Oscurecía. No le traían nada.



Levanto el brazo tratando de hacerse notar a la chica pelirroja, la que le caía mejor, pero, esta, paso a su lado como si tal cosa, ignorándolo totalmente.



La tenue luz de la bombillas hacia huir a las sombras hacia las esquinas.



En la esquina de la ventana una afanosa araña construía su tela en un prodigio de matemáticas y orden cósmico.



Y él estaba allí, pegado a la tela de araña, con el cuerpo de mosca y veía como la negra se acerca babeando y los aguijones de la boca se abrían y se cerraba… ¿Cuándo vendrá mi café con leche? Pensaba.


Friday, March 09, 2018

Fotografias.


FOTOGRAFIAS:



1-Detenidos, sobre papel,

En un semigesto, duermen,

Colores, palabras, sueños,

Alocados pensamientos.....



2-Atrapada dentro del papel

inmortal alma duerme y sueña;

mientras el doble autómata

nos reemplaza en el tálamo.



3-Coloreados en el papel,

siempre atrapados duermen

en aquel ultimo gesto

que ya no les pertenece.



4-Inmovilizadas en el papel

nuestras imágenes duermen, sueñan,

arrebatando trozos del tiempo

de nuestra historia colectiva.



5-Congelados, tristes, en el papel

nuestros rostros están sorprendidos

del recuerdo del último flash.        


Wednesday, March 07, 2018

Un café con leche (II).


Un café con leche (II).



Pidió, con la boca pequeña, un café con leche, corto de café y la leche templada. Estaba sentado de espaldas a la barra mirando el aparcamiento vacío y una arboleda al fondo. Un pequeño lagarto tomaba el sol en el alfeizar de la ventana.



El cielo era un esplendoroso azul intenso, totalmente despejado. El contraste era más acusado ante la tenue luz interna del café. Unas bombillas sucias y de poca potencia disimulaban las sombras pero acentuaban la vejez y suciedad de la cafetería. De la maquina de música sonaba continuamente “Sacrifice”, una y otra vez.



No supo bien cuando le pusieron el café. De pronto lo tenía delante, humeando levemente como bailando al compás de la canción. Se le quitaron las ganas de tomarlo. Abrió el sobre del azúcar y lo vertió sobre el café. Revolvió con la cucharilla después de limpiar esta con la servilleta de papel.



“Sacrifice” sonaba como en un ritual de sangre roja, la del ocaso del sol ocultándose detrás de los árboles.



Bebió a sorbos el café, poco a poco, degustando la cafeína por la garganta y ese sabor dulce y amargo en el paladar.



Las sombras lanzaban dedos alargados en su búsqueda, reptando por el asfalto del parking, arañando las piedras y alcanzando la ventana.



Pensó en pedir otro café. Miro la mesa y la vio con la taza llena de nuevo,  y humeando como danzarinas orientales en la danza del vientre. Adoraba la danza aunque el no supiera bailar, nunca lo había intentado, para maricas de colegio.



Rehízo el rito del café, el azúcar, el revólver…lo saco de la parte trasera del pantalón, se lo metió en la boca y apretó el gatillo.



La detonación sonó como el final de la canción, todo se hizo más oscuro. Rosas de sangre florecían por los espejos…




Monday, March 05, 2018

Me desperto la lluvia...


Me despertó la lluvia
de madrugada
entre las sabanas de mi cama
soñando
que tú estabas en otra alcoba
oyendo el repicar
de las mismas gotas de agua





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Tu dijiste “Elena”


Ella dijo “Zarifa”


Yo pensé mienten


Será Ali o Mohamed.



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Señales dejo escritas

El mar en la orilla.

Mensajes de aviso

De abandono.

Saturday, March 03, 2018

Un simple café con leche.


Un café con leche.



Tuvo un lapsus de varios segundos. Nunca pudo saber cuanto tiempo fue en realidad. Unos segundos, una eternidad, ¿Qué más daba?



Salió de su ensimismamiento preguntándose donde estaba. Tardo un poco en concentrar su vista en el café caliente y humeante, en la mesa y las sillas, el ventanal que daba, a su derecha, al aparcamiento y, mas allá, una rala arboleda, la barra del bar, la camarera rubia zigzagueando entre las mesas. Miro para abajo y contemplo con dudas su pantalón vaquero, viejo y desgastado, sus zapatos de siempre, negros y de cordones. La luz del sol que se iba atenuando le hizo recordar que era por la tarde. Había entrado a tomar el café con leche de todos los días, corto de café y la leche templada… ¡el medico!



Fue a la salida de la consulta del doctor Delgado, el urólogo, su urólogo. La noticia había sido buena, estaba bien, en la revisión anual, nada nuevo. Sin novedad, que era siempre la mejor noticia.



Un premio, un café a las seis de la tarde. Después le costaría conciliar el sueño, ya lo sabía pero la alegría que experimentaba bien lo valía. Quizás viese aquella película que le habían regalado por navidades,  el Don Quijote de Orson Wells, que el listillo de Franco la había mal montado y vendido como si fuera una obra maestra del maestro por excelencia. Como siempre, se lo hacia desde ya seis años, el doctor, como un pervertido contumaz, le metía el dedo en el culo para tocar su próstata; ya no se azoraba como antes aunque seguía disgustándole profundamente. Todo bien, un café a deshora.



Espera…eso había sido por la mañana, lo recordaba bien. La consulta a las diez, después volvió a casa. ¡Si! Volvió a casa. Entonces ¿Qué hacia en el café? ¿Qué había hecho durante el resto del día?



Su reloj le marcaba las siete de la tarde. Las sombras se alargaban estirándose sobre el asfalto negro del parking. Una música estridente sonaba lejana, cansina, odiosa.



El médico, el café, su casa, su mujer. ¿Si?



Su mujer estaba en la casa, en la planta primera, en el dormitorio, desnuda y brillante sobre la cama revuelta. Iba recordando cada gota de perlado sudor de su cuerpo, como brillaba irisada a la luz del sol. Sobre todo recordó la del pezón que trémula, bajó por el pecho cayendo sobre la almohada. Sintió amor por su vieja mujer, sintió deseo de nuevo y una emoción juvenil recordando cuando la conoció, cuando hicieron el amor…



La camarera se acerco a el y le pregunto si estaba bien. Farfullo mas bien que hablo, que si, que otro café.



Su mujer, hermosa como nunca, sobre la cama y el libre de pensamientos sobre la próstata y otras cosas.



Las sombras de los árboles y de los coches avanzaban como largos dedos hacia el, se estiraban en un deseo de alcanzarlo. Sintió una pequeña opresión en el pecho.

¿Qué podía hacer su mujer desnu….? ¡No!, no era esa la pregunta que le había venido a la cabeza. La pregunta era ¿Qué hacían esas gotas de sudor sobre el cuerpo de su mujer desnuda sobre la cama revuelta? La respuesta le dio miedo sin saber bien por que.



Dio un paso y entro en la alcoba. No cerró la puerta. El reloj despertador estaba en las diez de la mañana.



La puerta del baño, a su derecha, se abrió y salio, por ella, un joven musculoso e imberbe. Se quedó mirándolo atónito, su mente se quedo en lo de “sin un solo pelo”. El joven salio como perico por su casa, llevaba una toalla azul en la mano y se iba secando el pelo (Solo pensaba en como podía ser no tener un solo pelo por el cuerpo, era anormal.) se acerco y se sentó en el borde de la cama al tiempo que tocaba el hombro de la desnuda dormida y le decía: “Me parece que te han pillado”.



No espero y se fue. No hubo portazo, no hubo gritos ni histerismos. Solo salio pensando en los hombres imberbes o depilados y en la próstata que le estaba dando una tregua.



Y allí estaba, lamentándose en una café de mala muerte de Dios sabe donde.



Pagó y salió.



El tráiler con tubos de acero para un aerogenerador le paso por encima.



“Salió de pronto, sin mirar, como si quisiera que la tierra o mi camión se lo tragara”-fue la declaración del camionero.






Thursday, March 01, 2018

Anoche oí la lluvia.

Anoche oí la lluvia

Tras los cristales

Habrá huellas de pies

Camino del cementerio.





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En la noche oí la lluvia.

En las calles desiertas,

Anegadas en agua,

Flotan pequeños ataúdes blancos.





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Anoche, en la cama,

Escuche la lluvia en el tejado.

Repiqueteaba cantarina

Como las campanas del sacrosanto.


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Anoche, a la lumbre,

Con la escudilla y la sopa,

Oyendo la lejana lluvia

Borrando los colores.

Tuesday, February 27, 2018

Saber mi lugar…


Saber mi lugar…

Con la puerta abierta y el apartamento vacio, las pocas cosas en mi maleta de plástico negro, y, a la espalda, mi guitarra…

Sentado sobre la cama deshecha contemplo la negrura del pasillo…

Debería rendirme ya de una vez, son tantas guerras en mi alma, tantas batallas cruentas en mi corazón, tantos olvidos, tantos dolores…siempre es doloroso arrancar de nuevo, empezar otro camino y otra habitación, otros brazos, otros olores…

Debería…o, como siempre, con ese miedo cerval, continuar mi ruta hacia ninguna parte con esas paradas esporádicas en tugurios de mala muerte; una cena por una sesión de viejas canciones, una copa a veces  cuando me piden una canción, una noche de lujuria cuando alguien se conmueve conmigo o solo doy lastima.

Quedar, asentarme o seguir. Es la pregunta, es la duda en medio de una puerta abierta y una maleta vieja  en el suelo. Pierdo la noción del tiempo, no se cual es mi lugar en este mundo, ni mi donde, ni cuando, ni porque…

La guitarra me pesa y me empuja a seguir la ruta…

El corazón me duele y me dice que me quede en unos brazos cálidos y una mirada dulce y sincera… la puerta me invita en silencio a salir y huir….

La cama arrugada me habla de olores a canela y rosas, fragancia que me enloquecen y me duermen como si volviera a un ser el niño pequeño…

La escalera es una boca hambrienta que da miedo, como dragones inmensos llenos de apetito, voraces….

El aire lleno de humos huidizos de los escapes de los coches me ahuyenta y su ruido me aturde como una mal canción….

Recuerdo los pechos cálidos y suaves que me acogen….

Desearía poder saber mi lugar…

La cama deshecha y vacía, la puerta abierta, la maleta hecha, la guitarra en mi espalda, las canciones en la cabeza…

Sunday, February 25, 2018

El ruido te ahonda


El ruido te ahonda

en lagos profundos

de inútil depresión.


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Como se sentirá en su soledad,

la canción no ahuyenta el deseo,

el canto aviva llamas de fuego,

los tiburones, oliendo sangre

sensual, se abalanzan tristes sobre

su vientre hinchado, maduro, pleno.


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¿Donde esconder un cadáver?
 
-Entre muchos cadáveres:
en el fondo marino,
en un cementerio olvidado,
en un campo de batalla,
en la sala del congreso,
en el sótano de un teatro,
en la lonja municipal....

¿Y donde los platos rotos?
En una cocina junto
al resto de huesos quemados,
ya carcomidos por buitres
y extrañamente blanqueados
por el sol de la sabana.

Pero ¿Dónde me escondo yo?
dentro estoy de tu mirada,
atrapado en el insomne
instante del papel viejo

de la maquina de fotos,
en la cartera de cuero

cerca del calor del pecho.

Friday, February 23, 2018

Ojala no hubiera abierto el armario.


Ojala no hubiera abierto el armario- pensaría mucho más tarde, derrengado, cansado y con las ropas hechas girones- ojala no se hubiera sentido atraído por el misterio de lo que encerraba el armario de la abuela, con su gran luna delante, con sus miles de cajones, con sus lugares oscuros y secretos, con sus olor a alcanfor y vainilla…

Pero la vida está hecha de pequeñas elecciones. Derecha o izquierda; la derecha te lleva a  encontrarte con el tío y la tienda de los helados de chocolate con topping; la izquierda te lleva a encontrarte con Pepón el bruto de la escuela y dos o tres capones mientras se ríe de forma loca y alucinada: Derecha o izquierda pero nadie sabe a dónde vas o cual era el resultado de tus acciones.

O abrir un gran, muy gran armario lleno de años de atesorar cosas o simplemente dormir la siesta y dejar pasar el tiempo de verano, tiempo que parece ralentizarse de  forma alucinatoria, perezosa, muy lenta; peor que una clase de matemáticas con Don Pedro y sus bostezos y sus extraños garabatos en la pizarra.

Decisiones. Para un crio de doce años las cosas son más fáciles. Así tumbado en la cama, sin taparte, hace calor, es verano, son las vacaciones en el pueblo (la crisis, le dijeron sus padres, no habrá playa esta año así que iremos a casa de los abuelos a pasar un par de semanitas, a que te de el sol y aprendas algunas cosas de la vida rural y etc.….) dando vuelta y vuelta como un cordero a la brasa, como había visto que hacían en una peli de aventuras en el desierto, el reflejo del espejo de cuerpo entero (se enorgullecía y mucho de su vocabulario, el más amplio de la clase, le gustaba encontrar palabras o frase interesante y meterlas como pudiera en sus conversaciones con los mayores que se quedaban lelos y lo miraban con cara de croqueta reventada) lo llamaba una y otra vez, una y otra vez…

Se puso boca abajo y medio grito en voz bajita. Se desesperaba. Oía como un murmullo lejano, las frases quedas, la conversación entre sus padre y los abuelos en la cocina, palabras que no se entendían pues atravesar los muros de piedra de la casa las dejaba hechas polvo. Hablaban además bajito, como con miedo de que alguien se enterase de lo que decían. Problemas, decían con aquel tono casi siniestro.

Las gallinas, más lejos todavía, estarían en el gallineros sentadas o picoteando la tierra, buscando un alimentos que se les escaqueaba.

La luna del armario le decía ven a mis brazos, dentro de esta fresquito, te devorare con camisa y todo, hay tesoros en mis cajones y secretos lucidos y hermosos en mis rincones a oscuras, ven, ven, te dejare contemplar todo y todo además se arreglara para bien ven, ven, necesito algo de un niño, su imaginación, su dulzura, su ilusión incipiente…

Los avisos de que no tocara nada se difuminaban como pasando por redes y árboles y ventanas cerradas.

Se dio cuenta que no se había quitado los mocasines al subir a la cama, un error, si lo veía a si su madre le reñiría con la voz de madre inteligente a un niño subnormal. Se los quito con desgana y pensó que descalzo nadie lo oiría…andar…se acerco al armario…abrió las puertas que chirriaron como el estertor  final y desgarrador de un moribundo…un soplo de aire fresco y alcanforado le inundo al nariz…