Saturday, January 13, 2018

La perfeccion...


La perfección no está en la obra acabada, está en los ojos que la miran. Tus ojos, mis ojos. los ojos azules del perro, los ojos del vecino...lo malo es que nadie mira igual, nadie comprende la realidad total de los que ve pues somos seres subjetivos y creativos. Tan subjetivos como creativos pues hemos creado el universo, todo el universo, lo hemos configurado en nuestra conciencia, lo modificamos con nuestra presencia y lo destruiremos también por nuestro egoísmo...

Lo curiosos es que los ojos no ven lo que vemos. Ve el cerebro metido cinc calzador en esa triste caja ósea. El cerebro contempla el exterior a base de simples impulsos eléctricos que poco tiene que ver con la realidad tangible del exterior.

La perfección esta en una cueva oscura y solitaria, como un niño enfurruñado que se esconde todo, como un viejecito que se retrotrae en si mismo...células grises decía un rechoncho inspector de policía que nos confunden y nos engañan...

La perfección está escondida y nosotros estamos engañados por los sentidos.


Thursday, January 11, 2018

Ante el semaforo te fuiste.


Ante el semáforo te fuiste.

Abandonaste mi mano,
alejándote, calle abajo,
entre el gentío que nos rodeaba. 


Sin palabras de despedida.
Ni un reproche agridulce,
ni un grito estentóreo,
ni una situación violenta,
ni un brillo de ira en tus ojos.

Soltaste mi mano y te fuiste
entre el humo de los coches,
a lomos de los pitidos de guardias
domando fieras de ruedas,
con el abrigo del silencio
que mas duele, el del corazón.

Tuesday, January 09, 2018

Bajo la niebla…


Bajo la niebla…

En otoño, por la mañana temprano, la bruma de la ría invade los capos y la ciudad, la envuelve en un abrazo de oso con un olor peculiar, olor que recuerda a las algas, al pescado fresco, a la madera calafateada de los botes de pesca…te levantas, te vistes y al abrir la puerta es como si entraras en otro mundo, un universo lleno de dudas, de formas difuminadas, de preguntas que solo se contestan con un avanzar casi de ciego.

Me gusta mi ciudad bajo la niebla de otoño. Me traen recuerdos de los libros de Lovecraft o, ya pensando en algo más modernos y brutal, del amigo Stephen King de sus buenos tiempos, cuando sus novelas eran como un tajo a nuestras seguridades y un mono con sonajas nos podía fastidiar una buena noche o ese piloto nocturno…

Bien abrigado avanzas por entre calles y bultos que se mueven como espectros, huyen de tu calor o de tu odio. Todo está cerrado y en silencio, no es una ausencia de ruido sino que este es como si estuviese contenido bajo paneles de cristal, silencio de respiraciones entrecortadas y de palabras al oído...

Los coches con sus luces encendidas asemejan unos modernos ciclopes rumbo a Dios sabe dónde o cuando…

La cartera te pesa.

La humedad se te mete por cada resquicio de la ropa, te va humedeciendo. No hay que decir lo del pelo ya encrespado y mojado, esas gotas que se acumulan sobre las cejas y, bien formadas, corren por las mejillas como si llorases por la humanidad en pleno. Tiemblas de frio húmedo y viscoso lo que te lleva a pensar en serpientes y cosas peores que no puedes ver. La bruma te va robando el calor que tienes y con el la seguridad.

Es curioso, piensas, en este estado no hay sombras, es como si nos las hubiesen robado o estas huyeran de súbito presintiendo algo terrible o perverso.

Te guías por los pequeños soles, casi sin luz, de las farolas de la gran vía. Avanzas como aquella vieja insomne, la de la alcuza buscando vida y palabras y amor…

Notas que el sol lucha por hacerse presente pero todo lo que consigue es una huella pálida en lo alto…como si fuera un sol pálido, al que le quietaran la sangre un vampiro estelar gigantesco…

Algunas sombras fantasmagóricas se cruzan contigo; algo deben de ver en ti que se apartan para no rozarse, nadie se acerca a nadie. No te pasa nadie pues normalmente tú vas más rápido que la gente del barrio. Te queda poco para el insti, ya está a punto de llegar, cinco minutos y estarás a salvo…

En tus pensamientos no te das cuenta de la sombra que te alcanza por la izquierda, como se adecúa a tu velocidad y a tu paso, como se pone  a una distancia que podríamos decir que no muy correcta. Tu en tus nubes de rimas y miedos, de libros y de fantasías. Casi te roza, ya a tu altura lanza su mano a tu entrepiernas, estruja tu sexo, lo manosea como buscando un hueco, una raja; es un segundo o menos pero no por ellos dejas de reaccionar con el inicio de un empalme; el desconocido lo nota, lo soba como con sorpresa, se le escapa un “Uffff” audible y rápido lo suelta y sale corriendo diciéndote: “Lo siento, creí que eras una chica”…

No sabes si salir corriendo y darle una buena tunda (por lo de tocarte o lo de confundirte con una chica) o meterte detrás de  unos setos y hacerte una paja…no sabes, no reaccionas y terminas riéndote de la bruma, de los fantasmas, de los monstruos de Lovecraft y de todo…”el hombre es el mayor monstruo para el hombre”…

Sunday, January 07, 2018

Fantasia.


Llueve y debe hacer frío,


La noche es desagradable,


Los muertos del cementerio


Vienen a visitarnos


A la luz de la chimenea.

Thursday, January 04, 2018

Misterios.


1.- Misterios, misterios, misterios…

La juventud tiene unas cosas…todo empezó con la devolución del recibo del colegio del mes de Marzo por el banco, una chorrada. A veces la vida se complica con una simple idiotez, la devolución por parte del banco de un simple recibo de sesenta euros, cosas del sicólogo, el seguro escolar y demás. La llamada de la secretaría de la escuela diciéndole y que por favor enviasen el dinero por medio de la niña. Sin más, fácil, sin problemas.

Le dieron el dinero a la niña para que lo pagase y pasaron las semanas, tres, por puntualizar. La cría dijo que ya lo había pagado ¿el recibo? No se lo habían dado, que lo pediría al día siguiente.

Ni día siguiente, ni la siguiente semana, ni nada, vino la semana santa y las vacaciones respectivas. Se reanudaron las clases y nada de nada, ya era otro mes, Abril aguas mil y todas caben en un barril. La madre ya cabreada le exigió que lo pidiese y se lo prometió, alguna colleja debió de haber por medio, creo yo. Ya el pasado catorce le entrego el recibo de haber pagado. ¡Aleluya!

¿Misterio? Diréis, Pues si, ¿porque tanta tardanza por un papel si ya estaba pagado? ¿Porque el recibo pone la fecha del 14 de abril y no antes?...no hay respuestas, solo preguntas y dudas, muchas dudas.

Acudió a mí esta vecina, mismo piso, puerta con puerta, amigas y confidentes de siempre. Calzada con la pipa de Holmes y el móvil de baratillo llame a la escuela preguntando por la fecha del recibo y si, muy amables, que no importaba, que si patatin que si patatan, pero es que la fecha es la de cuando la niña pago en efectivo, que pago el mismo día catorce, como no  le iban a dar el recibo, se da de inmediato nada más se paga, que todo lo llevaba ella y nadie más, imposible, que se acordaba. Claro se caen las ideas y las esperanzas y, de pronto, remachando la posible tragedia me dicen que le falta el justificante de haber faltado el 13 y martes por la mañana, ni te case ni te embarques que por favor que se lo envíen lo antes posible, mañana mismo por ejemplo.

Cuando llegó su marido le explico el problema delante mía, posible problema y el, todo tranquilo, le acaricio el hombro y le dijo que no hiciese una tragedia que si que había habido un pequeño problema y él le había dado, en semana santa, veinte euros para completar el pago pues no tenía suficiente, algo que se lo gasto sin pensárselo dos veces yendo de salida con las amigas de toda la vida de la semana en curso.

No quedo la madre muy convencida, veinte no eran sesenta y si los tenía porque espero tanto. Por el contrario si pago el catorce es que antes no tenía ese dinero y si encima había faltado el trece sin decirlo sería por algo o para conseguir el dinero (recordó como hablaron de los exámenes de recuperación de biología y otra que no recordaba) y …¿Cómo lo consiguió si de verdad le faltaba algo más de dinero? Esa pregunta y sus posibles respuestas la espantaban, la tenían en la picota y esa noche, ya era la tercera, no durmió nada. Como enfrentar las cosas, ella, que creía que la relación con la niña era fluida y clara, sin mentiras, sin engaños. No era así y todo se iba desmoronando por pedacitos pequeños como esa gota de agua que termina socavado el edificio y tirándolo abajo.





2.- Interrogatorio.

Quede con ella para la hora de la merienda, seis de la tarde, así la madre, la cría recién llegada de la escuela y yo, en plan investigadora y confidente,  trataríamos de desentrañar un asunto que se veía turbio y problemático. Quien sabe que encontraríamos detrás de cada aplazamiento, de cada mentira.

La chica llego alegre, como si se hubieran sacado un peso de encima, no encontró raro el que yo estuviese presente. La madre estaba la pobre asustada trajinando sin parar en la cocina y, eso sí, con las antenas desplegadas para no perderse ni una palabra. Y yo en plan de investigador mirando las reacciones con lupa, tal como pone la amiga Agatha en todas sus novelas de investigación.

Le pregunte inicialmente cuando había pagado y me dijo la primer fecha, la falsa. Le saque el recibo y le mostré la fecha allí puesta. Se le demudo el color, un fallo, dijo pero ya dudando y ante mi insistencia empezó a  cantar, nada del otro mundo, desafinaba. No lo había pagado, tenía el dinero en la cartera y de un día para otro pasaba el tiempo sin darse cuenta. Cuando fue a la secretaría le faltaban veinte euros y ya no pudo pagarlo; ese mismo día se los pidió a su padre en secreto y en secreto, a toda luz diría yo todos los lectores, pues se los dio. Y pagó, si, es cierto, ese día, el catorce, no antes.

¿La falta del trece? Es que su madre no se acordaba que fueron a una visita en Carabanchel, a la tía Paloma exactamente y como se encontraba mal le pidió que fuera con ellas ¿no te acuerdes mami? Fue ese día trece por la mañana, por la tarde si asistí a las clases y nos olvidamos del justificante.

La cara que se le puso a la pobre mujer fue tal que me dio pavor que le diese algo allí mismo, un infarto, una embolia. Todo aclarado, problema solucionado, no fue tan difícil, esperemos que el siguiente sea más complicado para las circunvoluciones de mi cerebro.


Monday, January 01, 2018

Nuevo poema para un nuevo año.


Enfrente de mi balcón,

peligro, vuelo, vacío,

el triste árbol de ciudad

se viste de amarillo...



mientras sus hojas vuelan

festivas, rumbo a la acera,

camino de la hoguera,

una a una, como lluvia,



alegría, no, alegoría.

Pesares, no, morriña.

Como llanto de invierno

sin agua, sin comida.



El peque limonero

un poco más arriba

muestra pequeños frutos

con cierta envidia...



La gris ciudad dormita,

caminantes de nieblas

deambulan, canto voraz

de perlas amarillas...



Mi mirada se pierde

en tus hojas marchitas,

ya desterrado, uncido...

de campanas reviejas.




Mi alma, por tu ramaje,

asciende pobre y lenta

robar tu color quiere,

atrapar esa ardilla....



Recostado en mi balcón,

triste, yo te vislumbro

muchachita del bosque

te agitas y desnudas...

Sunday, December 31, 2017

Otro tipo de maltrato.


El tiempo todo lo cambia, las estaciones se van sucediendo, los meses vuelan, no digamos de los días que son como un soplo de brisa….así ya no hay quien conozca el barrio o los miles de nuevos vecinos venidos de diversos sitios del mundo. Ni ella misma se conoce ya: los ojos viejos que se hunden en sus ojeras oscuras, ya sin brillo ni vida; nuevas arrugas que aparecen y que el espejo de la mañana refleja sin misericordia; mas pelo blanco, la artrosis que empieza a estragar los dedos de las manos y duele, como duele;  el cansancio que se va acumulando como en un hucha llena de centimillos…

Todo muta salvo el miedo enraizado en su corazón, esa angustia flotante que hace aflorar una lagrima gruesa y  fría y que deja correr por su mejilla… solo es el temor a lo que encuentre en casa…su único momento feliz y tranquilo  es ese, el de la compra, el irse por la mañana temprano con la cesta doblada bajo el brazo y unas monedas en el bolsillo, ”a lo que haiga”,  rumbo al Mercadona o  El filón, eligiendo lo que puede comprar…demorándose en los puestos, mirando con detalle unos precios que no es capaz de memorizar, pero que no importa; aspirando el olor de los cafés o acariciando las piel de la frutas, eligiendo bien el pescado fresco…

A veces, al salir, a primeros de mes, claro, hasta se permite el regusto de un buen exprés en la cafetería que está enfrente. Su vicio.

Hoy ha vuelto andando, despacio,  sin prisas.  No le llega para coger el autobús. También es que quiere retrasar lo inevitable, el llegar a casa. Algún vecino la saluda al pasar o al cruzarse en la acera con ella, de los de siempre, los viejos del barrio, más un gesto de cabeza que otra cosa pero se agradece entre tanto desconocido.

Las manos le tiemblan al introducir la llave en la cerradura, no lo consigue fácilmente, hay que atinar bien y las manos empiezan a sudar;  escudriña los sonidos del interior al tiempo que  se congela su respirar, pero el corazón se pone a mil en cambio, hay tambores de la selva en el interior de su cabeza…abre con mucho cuidado de no hacer ruido, un chasquido leve hace la cerradura al engranar y correr los pestillos (todos los días la engrasa con mimo y una oración en los labios),  el interior está todo en sombras y en silencio, no, un pequeño ronquido atenuado por una puerta cerrada se puede escuchar si se presta al debida atención, es como una respiración queda y fuerte y profunda y de sueño.

Entra con cuidado y casi con mimo cierra la puerta, le lleva toda una eternidad para que no suene. Se pone las zapatillas que están en el rincón de siempre, a la derecha de la puerta, que no suene el parquet.  

Se mete rápida y ágil  en la cocina, su reino, y cierra la puerta dejando una pequeña rendija. Respira hondo y tranquila por un momento, como si, de pronto, se acordase de respirar….la hija, su hija de diecisiete años,  aun está dormida, a ver cuando se levante como estará el patio y la que te rondare morena…

Friday, December 29, 2017

En la arena de la playa...


En la arena de la playa


Blanco pastizal cercano


La luna refleja airada


Carne abierta, traicionada


Como un solitario volcán.

Wednesday, December 27, 2017

Velatorio.


Velatorio.

Nadie lloraba tanto en el velatorio del abuelo como la desconocida, para mi, mujer de la esquina. Ni la abuela que, incansable,  iba atendiendo a todo el mundo, de una habitación a otra, al salón y de allí a  la cocina. Ni las mujeres, “las lloronas profesionales” que estaban para eso, llorar y llorar y llorar. Ni sus hijas, mis tías, ni las nietas lograban hacerse oír tanto. Bueno a las lloronas las llaman “plañideras”.

El abuelo lucia esplendido en su ataúd abierto, sobre la cama del dormitorio con sus cuatro grandes cirios encendidos en las esquinas. Recién afeitado, lavado y vestido por las vecinas. Su traje negro de los domingos y la corbata, también negra, le resaltaban su tez cerúlea y un tanto azulada que se le había alisado como por encanto; sobre los parpados cerrados le habían puesto unas medallas de santos. Su pelo entre canoso y grisáceo era el de siempre, muy corto, a lo militar. Una cruz de madera en la pared, se inclinaba levemente sobre su rostro placido y sereno y era como si el Cristo lo mirara dulcemente en su agonía, como un amigo de toda la vida. La tapa del ataúd la habían puesto  al lado de la ventana, vertical y apoyada en la cómoda donde guardaban la ropa de vestir. Al otro de la cama se veía, tapado por una sabana vieja y blanca, el ataúd de la abuela, similar en todo al otro, y, colgada de un gancho, su mortaja.

La gente del pueblo, ante la atenta mirada de la  abuela que iba como pasando lista, llegaba, visitaba al difunto, le rezaba o hacia que le rezaba y se iban al cuarto correspondiente, al de las mujeres donde estaban mis tías que lloraban y se mesaban los cabellos o al salón, el de los hombres, con sus aguardientes, sus cigarros y sus chiste guarros. Solo unos pocos, de la familia, le besaban en la frente.

Mis recuerdos son de entrar en una casa con una atmosfera muy cargada, a humo de tabaco y velas y maderas quemadas en la cocina. El aire estaba impregnado de una lentitud extraña, como si todo se hiciera a ritmo muy lento, pausado, terriblemente desfasado de las voces y los ruidos; me recordó, de pronto, a un disco puesto una velocidad más baja de la adecuada o a una película, como pasaba a veces en el cine del barrio, que se trababa y avanzaba a trompicones. Había cuchillos en las voces histéricas más que dolor. Y vi como la gente negaba la muerte, estaban allí no por el difunto sino para decirse a sí mismo que estaban vivos, que a ellos no le había tocado la negra; hoy el abuelo, mañana… ¿mañana?  Y por eso ese toque picante que era sexual tanto en las mujeres como en los hombres. Para negar la muerte se cuentan chiste verdes, se mira de otra forma a las mujeres prometiendo placeres y descendencia. Porque de siempre los niños nacen nueve meses después de las bodas y de los funerales. Ley de vida, el miedo nos atraviesa y esa noche follamos como locos olvidando temores infantiles, creyendo que así hacemos huir a la Parca sin saber que el amor es como morir un poco cada día.

Me llevaron, a mí, el nieto mayor, a ver al abuelo. No quería verlo, quería recordarlo como realmente era, como lo tenía en la cabeza. Esa montaña de hombre fuerte y duro con su portentosa  voz. Con su caminar recio y sin pausa por los montes, dando órdenes a los hombres, haciendo los trabajos más duros e imposibles, enfrentándose a pecho descubierto al matón del grupo que se ponía farruco y que agachaba, de forma inevitable,  la mirada ante el poderío físico  y la generosidad de la bota de aguardiente que, siempre, sacaba a tiempo para todos.

No era mi abuelo, lo dije en voz alta. El hombre que estaba dentro del ataúd no era mi abuelo. Mi abuelo era mucho más grande, mas alto, tan ancho como un armario ropero, lleno de miles arrugas sabias, de sonrisas bonachonas y cansinas, sobre todo con unas manos grandes como palas de cavar en las que las venas azulada sobresalían como pistones: no era mi abuelo. Aquel de allí tenía unas manos planas, leves, como vacías por dentro. Se parecía más a una cascara vacía, a un globo en forma de persona al que se inflo demasiado. Se lo dije a mi padre que me sonrió tristemente. Se lo dije a mi tío mayor que me dio un cachete en la cabeza y me dejo por imposible. Incluso se lo dije a mi abuela que lloro un momento en silencio antes de abrazarme muy fuerte y volver a ponerse en marcha con aquel dinamismo y vitalidad que siempre tuvo, olía a vainilla y soledad, a noches futuras al calor de la lumbre, a añoranzas y deseos.

Me llevaron, no recuerdo quien, al salón con los machos. Yo no entendía ese beber con ansia, ese fumar de forma compulsiva, esos chistes que sabían que eran feos y guarros y que no era capaz de entender, esas miradas a la otra habitación procaz y poco sutil.

Sobre todas la voces destacaba un llanto tremebundo que, poco a poco, fue absorbiendo el rastro de ruidos y voces y frases y dolores. Me quede con aquel ruido atronador, el resto dejo de tener sentido para mí. Seguí el rastro que dejaba en el aire de la casa que me llevo a la otra sala, a una esquina casi en las sombras, a una mujer invisible salvo por sus alaridos. Me quede cerca de sus pies descalzos. La mire largo rato aunque sabía que era de mala educación. Si no fuera por sus alaridos no sabría que allí estaba esa señora toda de negro, con su compulso pecho subiendo y bajando como un fuelle a presión. El velo le caía sobre la cara como una tela de araña. Me sorprendía que solo yo estuviese preocupada por la señora, como si solo yo la oyese, como si yo fuese el único capaz de sentir sus lloros y gritos.

Un engranaje empezó a dar vueltas en mi cerebro y hacer ruido, como un grillo melómano siguiendo con un ritmo prefijado. Los pensamientos se unían y se enlazaban como cometas en una batalla aérea. A la idea del abuelo que no era se unía la de esa señora con velo y llanto mientras los espectadores de la función éramos el resto de personas que estábamos en aquella casa. Todos éramos como actores de un mal drama, tanto mi padre como yo, mi abuela, mi madre, todos estábamos interpretando algo burlesco o prohibido y, por mi edad, no me  habían dicho la verdad pensando en que no me enteraría de las cosas. Quedaba como atacar esa situación, no podía preguntar de forma abierta, no sabía cómo darle la vuelta a la tortilla, frase tan de mi padre. Tenía que hacerme el inocente, pero no con mis padres, ellos pronto verían el brillo de mis ojos, entenderían que detrás de las preguntas habría algo mas pues por algo me conocían y demasiado bien. No con mis tíos que solo bromeaban y me tomaban por el pito del sereno. No con mis primos demasiado inocentes como para aceptar la burda trampa que estábamos viviendo. Lo decidí con un fuerte dolor de cabeza y toda un tribu de africanos de la selva exuberante de Trazan empezó  a  golpear los tam-tam en el medio de mi confuso cerebro.

Me acerque, arrastrando los pies, a la abuela con el cierto miedo que me daba y con la valentía de mis pocos años y le pregunté, señalándola con mi mano derecha,  quién era aquella mujer, porque lloraba tanto si no era de la familia, si era una desconocida. Le pregunte medio balbuceando porque estaba allí donde no debería estar. La abuela me miro desde su metro cuarenta y poco y cogiéndome del brazo, haciéndome inclinar sobre ella,  me susurro al oído que era una pobre mujer, vecina de la aldea,  a la que su hijo la había echado de casa y no tendiendo a donde ir pues se había metido en el velatorio a llorar su desconsuelo y hacer tiempo mientras comía algo y estaba acompañada.

Monday, December 25, 2017

Tienes el alma, niña,


Tienes el alma, niña,

Del olor de las fresas

Recién lavadas en el agua

Fresca de las torrenteras.



Tienes los ojos, niña,

Del brillo de la cerezas,

Cogidas recién del árbol

Con el frescor del alba.



Tienes el amor, niña,

Como una granada inmensa

Que se abre a la vida

Con curiosidad plena.



Y mueves las manos, niña,

Abarcando toda esencia

De azules y rosas y rojos

¡Cuidado! Con las cuentas.



Y es que tienes el alma,

Niña, llena de pétalos

De flores, de pájaros,