Sunday, November 15, 2015

Problemas en la playa, (9).- ¿Hablamos del verano?...

¿Hablamos del verano?...

¡Sí!

Verano es calor, es sudor por todo el cuerpo, es un nudo en la garganta que se constriñe como el cauce de un rio estival y es sed, esa sed espesa, caliente y pastosa que te hace buscar como sea una gota de agua. Pero Murphy en verano, maldito sea, también funciona como un preciso reloj suizo y cuando hay sed, o no hay donde beber o no  llevas algo de dinero para tomarte una caña en el chiringuito de la esquina o estas sin camiseta y sandalias y no te van a dejar entrar así en algún sitio o el kiosco de bebidas y chuches está cerrado.

¡Es Murphy!

Y, claro, lo que nos queda es que hay que buscar una fuente pública, que no púdica. Y eso, una fuente pública que como ya debéis saber, ya sois mayorcitos, nada tiene que ver con una mujer pública (u hombre público que tiene un significado altamente diferente al caso de la mujer). En ambos casos nada tiene que ver con el agua que apeteces, necesitas, quieres, anhelas, deseas, añoras, ansias, buscas, sueñas, codicias, aspiras, pretendes, persigues, ambicionas, suspiras por un traguito de agua fresca de pozo en mena de mármol…si por ti fuera, hasta pedirías de rodillas una limosnita de agua por el amor de Dios.

Recuerdas haberlas visto pero no donde. Sabes que las hay a millares, pero no por donde, al menos no por el sitio en el que estas. Pasas al lado de ellas un día sí y otro también. Ahora, que las necesitas, no aparecen tan fácilmente.

¡Es Murphy en verano!

Y la buscas con un raquítico ahínco, el que te deja la bajada de tensión debido al fuerte calor y la chicharrera que está cayendo desde arriba. Sera uno de esos días en que el asfalto se derrite como en aquel gran episodio de “Historias para no dormir de Chicho Serrador” y los pajaritos, los pobres, se caen muertos de los nidos.

Con el tiempo que pasas buscándola, mirando a todos lados, olfateando con ansias mil el rastro imposible de la humedad,  la saliva se hace arena en la boca, esta casi ni se mueve con los goznes maxilares oxidados y hasta el aliento te sabe mal o huele peor, tragar es un suplicio y el estomago esta reseco y vacio y áspero y llenos de gases y ruiditos.

Buscas y, al final, (playa de bandera azul, paseo marítimo de precios astronómicos y comisiones varias más allá del dos por ciento, plaza principal del pueblo, parque lleno de arboles o jardín austero o medio asolanado), es obligatoria, la encuentras allá en la lejanía. Te aflora una sonrisa, ya te deleitas, de forma anticipada, pensando en beber, casi notas el frescor del agua en la garganta, avanzas más rápido que nunca…y la encuentras rodeada de cientos de críos jugando a los globitos de agua, toda una batalla campal en la que la fuente es el centro de la acción, son varios equipos enfrentados casi a muerte…pero tú quieres beber y pedirles con educación que te dejen un segundo no es la solución pues, normalmente, puede empeorar el problema planteado que es el de echar un traguito de agua.

¿Pero hay un problema? Se planteara algún lector despistado.

¡Sí! Aparece el problema y las distintas opciones.

La primera posibilidad que se ocurre a toda persona normal es buscar otra fuente que, ya lo sabes de antemano, o no tiene agua o tendrá otras decenas de niños diferentes o iguales jugando a las batallitas de globos de agua con lo que el problemas no solo no estará resuelto sino que vuelve al punto de partida.

La segunda, es la más equivocada, es pedir educadamente, con un poquito de por favor, un segundo para beber… ¿Cómo? ¿Qué porque es la más equivocada?... ¿Pero quién es el ingenuo que pregunta eso?...es que, de inmediato, te conviertes en la victima ideal  para toda la pandilla, se produce una alianza mágica entre toda la panda, enemigos de siempre de todo el veraneo,  y aparte de fusilarte primero (imagínate delante de un pelotón de treinta niños con sus globos preparado y todos a una contra tu cuerpo y no sabiendo, además, cuales son de agua, cuales son de arena, cual es una piedra…), te perseguirán corriendo después por toda la zona que dominan y no te dejaran ni  a sol ni a sombra ¡tirándote globitos de agua…o de arena, que son los peores! La mezcla resultante sobre tu cuerpo o tu ropa es asquerosa. Tu moral por los suelos.

¿No habrá una tercera?, sí, claro que hay otra(s) opción, normalmente hay mas, pero bueno, puedes tratar de hacerte el invisible, colarte de rondón con media sonrisa en los labios, esquivarlos con todo el tino posible, pero, a la hora de ir a beber, recuerda que es Murphy siempre, algo pasara que serás el centro de la atención y eso significa que todos, todos, iniciaran la batalla contra el enemigo principal: TU.

¿Una cuarta?...ya te he dicho que si, que es posible, hay múltiple posibilidades, lo dice la filosofía clásica pero nosotros sabemos, tu también, que solo hay un final y no demasiado digno para esta historia. Puedes entrar en la guerra para disimuladamente acercarte a beber. Le coges unos globos a uno de los equipo y al ataque pero…por arte de magia, es magia, es verano, en una fuente publica de agua en un paseo marítimos, son jóvenes de sangre caliente y ganas de pelea, todos (hasta los enemigos acérrimos de toda la vida) se ponen de acuerdo en una alianza contra natura, todos los equipos de pronto se unen en una alianza inusual y todos contra ti que aun no has llegado al pitorro. No llegaras nunca. La moral por los suelos y la sed que te abrasa la garganta.

Solo querías beber un poco de agua y terminas como el rosario de la aurora, mojado, lleno de arena, mojada por supuesto, y en medio de un grupo de jovencitos que te gritan y jalean  como demonios…y, cuidadito, no se te ocurra defenderte, es peor, hazme caso, es mucho peor pues en vez de “luchar” con unos críos terminas escapando de la furia de sus madres que aparecen como por arte de birlibirloque. Previamente hay una discusión violenta, hay que  escuchar bastante epítetos nada agradables sobre tu persona, más de un insulto procaz y escandaloso, posibles zarandeos nada decorosos, rotura de camisa si la llevas; tú te callas, agachas la cabeza y las orejas, estas alucinado viendo como la situación escapa de tu control, no sabes ya dónde meterte o que hacer y maldices el momento en que decidiste beber…y que no se te ocurra tocar a uno de ellos, acabas en comisaria esposado con un denuncia por pederastia y abusador de críos pequeños…y querer escapar corriendo tampoco es la solución al problema…no…tampoco…

¿No hay solución entonces? Dirá el pesimista y el optimista y el realista (que es no más que un optimista o pesimista bien informado).

¡Sí! La hay pero no creo que sea del gusto de nadie. Rebuscada y cobarde como las buenas resoluciones, eso dice. Te escondes, miras pero que no te miren. No muy lejos pero nada demasiado cerca. Nunca dentro del barrullo, eso  nunca, es lo peor y lo más peligroso. El objetivo, tu objetivo, es ese globo hinchado de agua, rebosante de agua que cae y no explota. Siempre hay más de uno, alguno caerá cerca de tu escondrijo. Alguno podrás coger con disimulo o a la máxima velocidad posible. Eso dice la estadística, Murphy dice otra cosa. Veremos dijo el ciego que nunca vio. Lo coges, lo abres, suelen estar flojamente cerrados y, con cuidado, con fervor, hasta con miedo, bebes su agua….según tu necesidad esperas por otro o te vas. Lo habrás conseguido… ¡Aleluya! ¡Aleluya! o habrás conseguido que todos, digo todos y los que se unan a la fiesta, te persigan encarnizadamente con sus armas dispuestas a todo…

Thursday, November 12, 2015

Problemas en la playa (8): Trucos.


VIII.- ¡Aaaahhhh! Trucos en el coche con dos fieras detrás debidamente sentado y con el cinturón de seguridad puesto.

No intento ser un experto ni nada por el estilo. Cosas hemos intentado y alguna conseguido, otras en el fracaso más absoluto. Los críos son todos diferente y sus pautas del comportamiento, por mucho que lo nieguen los sicólogos infantiles y pediatras,  son totalmente  aleatorias. Lo que vale para uno no vale para el hermano o el amigo. Cada uno es un mundo único y diferente. Es el complejo de “El otro” o “La otra”.

Son consejos a padres primerizo, en eso de los viajes con los niños, más de uno,  en el asiento trasero. Que lo intenten, mal no les va hacer, todos lo hemos hecho y aun sobrevivimos, gracias a Dios.

1.- Canciones infantiles.

¿Por qué?: Es lo más socorrido junto con un casete de siempre. Bueno, ahora se llevan los cedes y, mas moderno  aun, las pantallitas de televisión con Dvd incluido, que son una maravilla. ¡Quien las hubiera tenido en nuestros tiempos!

¿Problemas?: terminan con la garganta seca y se acaba pronto el repertorio. Si hay que aprender algo nuevo se cansan más rápido. Si hay niño hay que desecharlo pronto pues parece ser que lo asimilan menos.

¿Resultado?: Puede durar, en buena armonía, una media hora antes del consabido “Me aburro” o el siguiente “¿Falta mucho?” y empieza por el “Esa es de mariquitas”….

Alternativa: Martillazo en la cabeza, no muy fuerte. Te pueden acusar de agresión a un menor pero…

2.- Adivinanzas.

¿Por qué?: fácil y cómoda, puede dirigir el juego  el mismo conductor haciendo descansar al copiloto un poco, que falta le hará.

¿Problemas?: hay que pensar, por eso hay que ponerlas muy, pero que muy sencillas, muy fáciles, repetidas las más de las veces. El otro es si hay chica en el grupo que como son más rápidas enseguida empiezan a ganar y, claro, problemas con el chico que amenaza con sopapos,  con el consabido que hace trampas y todo eso.

¿Resultado?: Máximo media hora de distracción antes de la tormenta trasera que acaba, como no, con el grito de fiera del conductor y termina con los consabidos “Me aburro”, “¿falta mucho?”, “quiero mear”….

Alternativa: Dejarlo en la cuneta llorando, sorbiéndose los mocos, diciendo que se quedara calladito. Te acusaran de abandono de menor pero por unas horas mientras no te cogen…

3.- Al veo-veo….

¿Por qué?: el de siempre, de toda la vida, no falla. No funciona por desgracia, estos niños de ahora van a otro ritmo y a otras historias.

¿Problemas?: aburre a los quince minutos y, encima, les crea ciertos traumas que hacen que, al final, todo sea peor.

Resultado: Medio hora escasa antes de que te pidan “pipi” o “caca” o que tienen que dormir, cosa que no harán nunca, por supuesto.

Alternativa: Una buena dosis de tranquilizante, que los dejen fritos por unas horas. Lo malo es lograr la dosis adecuada, si no aciertas pues tiene a unos críos dormidos por una semana con todos los problemas consiguientes. La acusación será de drogar a unos menores pero mientras tanto….

4.- Color de coche enfrente.

¿Por qué?: fácil, hay que prestar atención, nuevo, siguen la carretera, están en el coche, hay movimientos, hay tensión.

¿Problemas?: El convencer a los críos de participar, ayuda algún tipo de premio final cuando se pare o se llegue a destino; que el premio no sea muy chorras o demasiado alto pues si no se mal acostumbran.

Resultado: Depende pero no mucho más de media hora. Suele terminarse cuando alguno empiece a acusar al otro de hacer trampas que será el momento adecuado para cerrar el juego y pasar a otra cosas pues suele haber baile de brazos en esa zona trasera del coche y algún llanto si no estamos ojo avizor.

Alternativa: La madre atrás con ellos, en el medio. Lo malo es que en vez de bregar con dos ahora bregaras con tres y uno de los cuales es un mayor lo que complica y agrava mucho la situación….

5.- Palabras encadenadas.

¿Por qué?: fácil y educativo. No funciona en estos tiempos modernos y modelnos. Una pena, están sobre aviso.

¿Problemas?: Normalmente con chicos que son los que no quieren jugar nunca y si son menores que la niña pues peor. Empieza como acaba con algún fallo y “Para, que quiero hacer pipi”.

Resultado: Pues eso, escasos quince minutos de gloria, muy escasos.

Alternativa: Ver punto 1…

6.- Comer puentes.

¿Por qué?: Nuevo y fácil, hay que poner la imaginación al uso y que la carretera tenga eso, puentes. Los de metal y rojos no se deben comer pues son de gusanos y sientan mal, el resto pues eso sabores de gambas, un cocido, bocata de calmares, etc.…

¿Problemas?: Que parece una tontería pero si se meten en el ajo es bastante entretenido,  novedoso y poco competitivo. Nos funciono bien en un par de viajes, una delicia solo que acabamos llenos y sin apetito.

Resultado: un atracón de puentes en la carretera o, al revés, que no aparezca alguno en tiempo y se aburan con el famoso “¿Cuándo llegamos?”…..

Alternativa final: paras el coche, coges tu maleta y, diciendo adiós con la mano, te vas en el primer coche que te para…ya sabes, abandono y todo eso pero mientras no te cogen….

Tuesday, November 10, 2015

Problemas en la playa (7.5): la vomitona.


7. 5. Alguien pensara que después de una vomitona los niños estarían ya  extenuados, cansados, flojos, débiles y hasta con un toque de miedo con lo que el resto del viaje seria como un lago calmo y tranquilo, lleno del decaimiento normal que precede a un mal estar….pues el que piense así no conoce a estos críos y nunca, digo nunca, ha viajado con ellos. O es un iluso. O todo no es más que una vana ilusión.

Tendemos a minimizar la cosas, a desear la felicidad y lo mejor que creemos para todos pero en ese coche, con esos cinturones, ese viaje crea la transformación definitiva a monstruos sin vísceras y puede con todo, hasta con la fatiga y el dolor.

Así, con ellos en el coche, ya amarrados, con sus caritas pálidas, las manos caídas, respirando despacio y flojamente (el mal olor, ya se sabe), el pañuelito perfumado en sus manitas pálidas en el que se traslucen unas leves venas casi azules, y nuestro corazón en un  puño al verlos así arrancamos y…de pronto, de forma súbita y casi imperceptible, (solo se atisba algo por el borde del ojo en el espejo trasero) las sonrisas torcidas afloran rápidamente en sus labios, nos miran de reojo buscando momentos de bajada la guardia y que el amor que les tenemos nos haga caer en sus redes. Se miran el uno al otro, se sonríen y, cuando menos lo esperamos los adultos y cuando ellos están más preparados,  al ataque…

“Esto huele fatal, huele a mierda y todo por culpa de este pequeñajo”.- Mara al ataque con voz aflautada, como no, mirando de forma directa y descarada a su madre al tiempo que el toquecito, que no aguanto, a mi hombro no puede faltar. No puede perder comba. La carretera nos aguarda y los conductores no deben ir tranquilos, hay que alterarlos y deshacerlos en un manojo de nervios si es posible.

“Mama, mama, Mara se mete conmigo; dile que no se meta conmigo que ella también vomitó que yo la vi”

“¡Si!, pero yo no manche todo el coche y ahora hay que oler a tu mierda, pequeñajo ¡no sé cómo te aguantamos!”

“Mama, Mara me está insultando, dile que se calle y me deje tranquilo. Quiero dormir un poco y no me deja.”

“Pequeñaaajooo, vomitoooo, que eres un vomitoooo verde”

“Mara, ¡cállate!, deja tranquilo a tu hermano por una vez y te recuerdo que si el vomitó tu vomitaste sobre mi espalda así que deberías estar calladita”- entro ya sin poder contenerme aun sabiendo que será peor, la discusión ya está a tres  bandas. Yo pierdo siempre, tengo que mirar hacia delante y por el espejo retrovisor poco puedo hacer más que echar miradas asesinas que nadie ve. Mara medio sonríe ante mi alegato. Lo ha conseguido, van ganado por 0-1.

“Pero Papi, es que huele muy mal y me molesta el viento que entra por las ventanas, me despeina, toda.”- atenúa su tono, se hace más dócil, más tierna. Todo se viste de rosa y la trampa a los adultos esta lanzada.

“¿Quieres que cerremos las ventanas?”- entra el freno de mano en el juego con una leve sonrisa en los labios y una cierta inclinación del cuello al estilo de las madonas de Modigliani y sus prodigiosos cuellos de jirafa. El freno la mira con un tono medio pícaro, medio diciendo que lista soy. No sabe que el partido está ya en cuatro bandas. Y vamos perdiendo por un 0-2 que clama al cielo.

“’ ¡Nooooo! Pero es que la culpa la tiene siempre Javi, siempre al final hay que fastidiarse, es un mierdero”. Enfurruñada se cruza de brazos, se cruza de piernas y baja la cabeza con el ceño fruncido.

“Mama, me ha vuelto a insultar, me ha llamado mierdero. No soy un mierdero. En todo caso lo será ella que se echa horas en el cuarto de baño oliendo a caca, porque otra cosa no se qué se puede oler o hacer en el cuarto de baño. Dile que no se meta conmigo y me duele la barriga. Papi …¿no podemos parar?”

“¡Mara!, es la última vez que te lo digo”- insiste el copiloto de forma inútil, sabiendo que nada cambiara las cosas-“deja a tu hermano en paz y si huele mal pues te pones el pañuelito con colonia en la nariz y aguanta lo que puedas pero a tu hermano lo dejas en paz de una puta vez”.

“Papa, papa, ¿has oído? Mama me está diciendo palabrotas gordas y feas. A mí me riñe si las digo, una vez hasta me lavo la boca con jabón. ¡Qué asqueroso estaba!”.

“Acusica, acusica, Mara es una acusica y acusica  barrabas al infiernos caerás de cabeza para atrás”-Javi en ayuda por la banda izquierda con el punto de velocidad adecuado y justo para que yo desee estar en una isla desierta, en medio del mar, solo, solo, solo en el inmenso mar. Le saca la lengua a su hermana.

“¿Qué sabrás tu pequeñajo que solo sabes vomitar,  vomitar y quejarte?”

“Mama me vuelve a insultar y yo no he hecho nada malo.”

“Pero, queréis callaros de una vez o hablar como gente normal, me estáis poniendo de los nervios y es peligro conduciendo así”. Apelo, sabiendo que no vale para nada,  al peligro y a mis nervios a punto de saltar una vez más. Hay que aguantarse, hay que morderse la lengua y los labios y el corazón y el alma si es preciso. No son ellos, son los monstruos que habitan en el coche, solo en el coche, es duro y remato…”por favor, por una vez, solo una vez…” Un final patético para un conductor que se siente patético en un viaje que resulta más patético que nunca. El equipo trasero sigue ganando y va por la goleada, el 0-3 ya es un tanto frustrante y puede ser más abultado.

“Pero papi yo no soy es Mara que me insulta y se mete conmigo. Yo me siento enfermo y me duele el estomago.”

“Si, si, quéjate. Huele muy mal, ¿Me dais otro pañuelito con colonia?”

“Mama, Mara  se mete en mi sitio”

“Yo no me meto en tu sitio solo quiero otro pañuelito”

“Si pero te aprovechas para pasar a mi lado y sabes que este lado es mío. Vete a tu lado y no me toques. ¡Ayyy! ¡Mama! Me ha dado un codazo y me duele de verdad, me ha dado a posta y muy fuerte.”

“Mentiroso. No quiero tocarte además hueles mal, a mierda, no quiero que me pegues el mal olor”

“Mama, lo ves, otra vez me insulta y dice que huelo a mierda. ¡Ayy! Me ha pisado. Mama me ha pisado”

“Mara, por favor, es la última, te pego, te juro que te pego si sigues así…”el copiloto, mujer, freno de mano, esta ya desesperada, se tapa a ratos los oídos como queriendo escaparse de la pesadilla en la que se ha convertido, sin comerlo ni beberlo, este viaje que mas que viajar en un coche parece un ataúd siniestro llenos de malos y salvajes pensamientos. El resultado pasa a un escandaloso 0-4 y lo que siga…

“Es que huele muy mal y  no lo soporto. Además me viene de delante un tufo horrible, de la parte de papa”

“Mara, no seas….que sabes que llevo la espalda sucia con tu vomito…”Le replico recordando con asco toda la experiencia pasada.

“Me aburro, quiero llegar. ¿Falta mucho papi? ¿Podemos para un rato?”. -Javi al ataque en su caballo de perdedor.

“Ya falta poco, no veis que ya hay mas casas, estamos en las afueras de la ciudad, queda casi ná”

“Pero se ha hecho muy largo, el viaje… Quiero parar ¡ya!”

“¡Ayyy!. Papi, me ha tirado del pelo, este Javi  no sabe comportarse, le tienes que dar un correctivo…”

“Es que me ésta pisando y no para…”

“No le hagas caso, papi”-Mara interviene de forma condescendiente y peligrosa, el copiloto sigue agachado y con las orejas tapadas-“es un crio y no sabe comportarse acuérdate cuando se ponía a gritar y llorar como un descosido. Ahora, en vez de eso, se pone a vomitar y ensuciar el coche para que tengamos que oler su mierda durante días, y días… ¡qué asco de crio! Podíais haber tenido otra niña en vez de esto”

“Mara…”-la madre al ataque salvador, como siempre, que crea más problemas que resuelve-“como sigas así te aseguro que le digo a tu padre que pare el coche y te dejo sola, que te recoja el primero que aparezca pero así… no… te… aguanto. Por una vez, se buena, por favor.” Ese último por favor suena a perdida, a derrota y es una pena, había empezado muy bien con el tono y la amenaza justa pero…Es el 0-4 no hay solución, no podemos con ellos y lo saben, se aprovechan.

“No es culpa mía que Javi haya vomitado y todo huela a mierda ¿Tu no hueles mal, a podrido dentro del coche? Yo sí y encima me ha tirado del pelo y tendré que peinarme todo de nuevo, es un asco viajar así”

“Mara tu también has vomitado y encima de tu padre así que cállate que estas mucho más bonita con la boca cerrada”

“Eso es injusto, estamos en una democracia y puedo decir lo que quiera ¿verdad papi? Si no os denuncio a la policía”

“Ya estamos llegando, ahí está la calle de nuestro destino. ¡Aleluya! ¡Aleluya!”  Pocas veces he sido tan feliz llegando a destino” -En mi cabeza, ante el silencio que se crea y como la mutación se repliega esperando la vuelta a casa, con ese 0-5, la manita, que es ya un desastre en toda regla.

Y bajan alegres y contentos. Yo me quedo un par de minutos en el coche, la frente apoyada en el volante y mis dos manos a la altura de mis oídos en los que retumba, como con un eco lejano, el corazón….

Wednesday, October 28, 2015

Problemas en la playa (7.4): Un niño dormido...


/. 4.- Pocas cosas hay tan bellas en este mundo como un niño dormido. Las hay, claro, por ejemplo, ver dos niños dormidos. Pocas veces se hace tan  intensa esa ternura como en un viaje en coche cuando así te dejan en paz, hay armonía, suenan músicas celestiales, no se oyen gritos ni peleas, los ángeles viajan contigo haciendo sonar campanillas. Los ves así  y te  sientes en la gloria conduciendo, y viéndolos por el espejo retrovisor, casi te saltan las lágrimas del cariño que les profesas a pesar de todo.

Avanzas rápido, con prudencia siempre, pues el freno de mano está instalado en el puesto de copiloto y no pasa ni una. Las cabezas, de los críos, observas, se bambolean con las curvas, dulcemente, pero siguen dormidos que es lo realmente importante. Los cinturones de seguridad los sostienen bien y las orejeras de los asientos limitan un tanto esa oscilación de las cervicales (pobres y dolientes si fueran las mías).

Pero todo tiene un límite, a un minuto de gloria y paz y felicidad, el desastre premonitorio, (es la conocida tempestad que precede a la calma… ¿o es al revés?), le seguirán  horas de sufrimiento. A la, por una vez siniestra y siguiendo a Murphy,  voz del copiloto que te dice, rompiendo el hielo: “Qué bien ahora que se han dormido, ¿verdad?” Y, claro, antes de que puedas mandarla callar o chistarle que hable muy bajito y que no se enteren, pues entre el movimiento de cabeza, la dormidera y la bebida  anterior y el bollo con pocas ganas y la mala leche de bastante tiempo y todo eso mezclado con la frase anterior pues, como no, movimiento compulsivo, las primeras arcadas del pobre Javi y, sin tiempo a reaccionar, el copiloto es rápido pero no tanto, la primera vomitona cae sobre sus propios pantalones y camiseta. Súbitamente, con la vomitona, se llena el coche de un tufo apestoso como a queso azul, a vómitos, mitad leche agria, mitad mierda, mitad acido de aliens supurante, azufres de diablo maligno y retorcido con diarrea.

Javi, el pobre no se despierta del todo, se queda hecho polvo y nos mira con ojitos de cordero degollado como diciendo yo no he sido, no sé qué ha pasado. Se le nota un poco de miedo en la cara, expresión que pocas veces se le aparece cuando un nuevo retorcijón le hace vomitar y expulsar lo poco que le quedaba dentro. Tras unos segundos un nuevo retorcijón le hace vomitar apenas un poco de bilis. Le duele. La mujer ni corta ni perezosa medio se saca el cinturón, se gira de forma inverosímil y se pone a limpiar al crio, primero la cara después trata de recoger todo el vomito posible al tiempo  que me dice que pare como sea, donde sea…al tiempo prepara otra bolsa por si vienen otras arcadas.

Aparco el coche en el primer hueco grande que hay a mi derecha, una explanada amplia y con aparcamiento, gracias a Dios. La suerte. Murphy al garete por una vez, menos mal, no debería acertar siempre.

Lo primero que hacemos es que abrimos todas las puertas y ventanas y ni con esas se quita el olor de nuestras fosas nasales. Ese olor infecto, ya cómodamente instalado en la tapicería del coche y  en nuestra pituitaria sobre todo, no nos dejara en días, semanas, en meses, en años, todo olerá a vomito, todo sabrá a vomito, y yo soñare hasta con los mismísimos vómitos y el olor que conlleva. ¡Que asquito!

Mara se despierta ante la brusca parada del coche y el mal olor y se queda estupefacta viendo a su hermano hecho unos zorros e inundando de esa masa grumosa. Se aparta todo lo que puede que es lo que le da el cinturón de seguridad a movimientos pequeñitos del culo. Mi mujer, el copiloto y freno de mano siempre, se pone a limpiar al crio. Todo un proceso misterioso y de ingeniería espacial para quitar al crio la ropa,  limpiar todo lo que puede con los pañuelitos húmedos y refrescantes, recoger los restos, echar colonia (es lo peor que se puede hacer, nunca lo hagáis, la mezcla de vomito y colonia es espantosa pero….) tratando de forma harto difícil de no manchar o extender mas el desaguisado. Toda la ropa a una bolsa de plástico con la marca de El Corte Ingles. Todos los pañuelitos a otra bolsa con la misma marca comercial, al menos le damos buen uso, reciclamos. Ni míster fantástico seria capaz de hacer las contorsiones y movimientos precisos que va realizando, parece magia, es magia, es una madre ante una emergencia.

Mara con su característico, de niña cursi, que se le va hacer, “¡que aaaasssscooooo!”, frunce el ceño con esa mueca graciosa y repipi tan suya, se tapa la nariz y, con la primera contracción de estomago,  abre los ojos de forma desmesurada y se aguanta. Pero poco dura su aguante, a la segunda arcada que le viene empieza a vomitar también. Ella no se mancha, no, nunca, infaliblemente se echa hacia delante, no sé cómo pues esta con los cinturones de seguridad, se lleva las dos manos al estomago y todo el chorretón de comida descompuesta hace una parábola casi perfecta que superando el respaldo del asiento delantero, el mío,  cae en toda mi espalda. Noto una cosa pegajosa, húmeda, caliente, asquerosa, chorreante, grumosa, caldosa, me siento fatal, asquerosamente fatal. Voy notando como se introduce entre el cuello de mi camisa y mi cogote y se va resbalando, es caliente, es cálido, por mi espalda rumbo a mi cintura. Me separo rápidamente del respaldo, es preferible que me manche yo pues tiene un pase pero minimicemos el daño a la tapicería. La miro alucinado, casi con odio visceral, casi pensando que lo ha hecho a propósito, que ha sido alguna venganza por el pecado de ser su padre,  pero ante sus ojitos asustados y sorprendidos, con sus manitas en forma de puños tapándose la boca como si con ello consiguiera que no saliera nada mas,  no digo nada, me muerdo la lengua y salgo del coche para poder quitarme bien la camisa chorreante antes de que se me meta por el pantalón (ya sería el colmo), sacar a la niña de su asiento, limpiarle la boca y que respiremos aire fresco. Mi estomago protesta, le hago callar ante la urgencia. Pero jamás olvidare esa sensación del vomito espalda abajo, jamás, una pesadilla recurrente con los ojos grande y de colores cambiante de Mara, bella al tiempo con esa palidez espectral que le da estar mala y mareada.

La mujer termina por sacar a Javi en calzoncillos y chanclas y, no se ha enterado todavía de todo lo que me pasa, me mira como diciendo que hago yo así. Lo comprende deprisa y rápido cuando ve la camisa en el suelo y llena de grumos y mojada. Si algo pasa con Mara me toca a mí, siempre yo, siempre mi sino. Se echa a reír a carcajada limpia. Me contagia. Allí, en medio de nada, los dos, cada uno con uno de nuestro mareados hijos y yo sin camisa y asqueado de los olores.

Me pasa una toallitas por la espalda, me frota con la colonia de frasco que siempre lleva. Es peor la mezcla de olores pero que se le va hacer, no voy a protestar encima.

El coche con las cuatro puertas abiertas, ventilándose, oreándose, aireándose, tentación de ladrones, vacio de mente y esperanzas….sabemos que el olor no se irá en meses, hasta la siguiente, y eso a pesar de colonias, de perfumadores y de ambientadores que la mujer ira probando de forma inútil y esperanzada; nada quitara ese olor que se hace peor con cada nuevo intento pues esa mezcla de olor nauseabundo mezclado con los miles de olores… ¡buenos!... es todavía peor que peor. Queda un tufo indefinible que retrotrae a pocilgas, ciénagas, cuadras mal cuidadas, pescaderías no muy limpias y de pescado de otros lares y tiempos pasados…

Me da al crio y ropa de la maleta y cogiendo aire puro se mete en el coche para terminar de limpiar lo imposible. Un coche de la policía de carreteras se para y nos  pregunta si necesitamos algo. Le decimos que no y le agradecemos su interés. Buena gente salvo los de las multas pero eso es otro cantar que tiene que ver con otros departamentos más políticos que otra cosa.

Mientras tanto visto como puedo al pobre de Javi, camiseta, pantalón, calcetines, le dejo las chanclas para que este mas cómodo, se deja hacer, esta sin fuerzas, sin ánimo, sin ganas de nada, ni de bromear, ni de meterse conmigo….Mara conmigo no dice ni mu, la pobre intenta incluso echar una mano con su hermano y, de forma harto tierna y sorprendente, le hace una caricia en la cabeza y retira la mano rápidamente cuenta se da cuenta que la miro.

Las bolsas con los restos a la papelera. La de la ropa la metemos dentro de otra y  otra más y bien atada al interior del maletero. Ya la lavaremos en otro momento.

¡Y eso que era un viajecito de solo dos horas y media para ver a los abuelos, parada intermedia incluida!

Sunday, October 25, 2015

Problemas en la playa (7. 3). “¡¡¡¡Callaros ya!!!!”


3.- “¡¡¡¡Callaros ya!!!!” Digo yo en un tono más alto delo que debía y en el  momento menos oportuno. Para compensar, el silencio que se hace es sepulcral y la mirada que me dirige la mujer es de las que te quitan el hipo. Ya lo sé, si, soy peor que ellos, la bronca la empieza el que quiere, no el que puede. Pero el recuerdo de ese sabio rey que fue Herodes viene a mi cabeza y le riño por no haber realizado bien todo su trabajo.

“¿Jugamos al veo, veo?”- digo tratando de arreglar lo que no se puede solucionar, tras un largo suspiro y haber contado hasta diez. Parece una tontería, es una gilipollez pero a mí me funciona para calmarme un poco.

“Es muy aburrido…”-suelta la experta en ese juego que es Mara.

“Es un juego de niñas. Yo a eso no juego ni loco”- dice Javi, que siempre pierde con su hermana.

“Y si jugamos al conductor: hombre, mujer”- les dice mi mujer, un juego que inventamos sobre la marcha una vez no muy lejana de camino, Dios nos cogiera confesados, hacia Peñiscola, mil kilómetros en ese plan.

“No, yo quiero dormir y no me dejáis con tanta cháchara”-salta Mara cruzándose de brazos, bajando la cabeza y frunciendo el ceño; la pose de siempre que esta enfurruñada o hace que lo está.

“Yo quiero parar”-salta Javi-“Nunca llegamos. Me aburro”

“Bueno, ¡¡¡vamos a comer puentes!!!! Pero recordar los rojos no, que están podridos, nos podemos comer cualquier puente menos los rojos y a ver  a que nos sabe…”-les digo con un suspiro de resignación- “Vamos a buscar el primero”

“Pues yo no tengo hambre… ¡quiero parar!”-suelta Javi medio enfurruñado.

Me dan ganas de soltar el volante y darle una colleja pero sé que no puedo.

“¿Falta mucho?”-Mara al ataque  de mis nervios, toquecito al hombro incluido, que se salvan cuando veo la salida de siempre a la estación de servicio de siempre, con cafetería y aseos en la que paramos siempre. Me pongo a la derecha, desacelero y cojo el desvió.

“¿Porque paramos? Vamos a perder mucho tiempo. Yo no quiero bajar, quiero llegar de una vez. Y no tengo ni sed ni hambre”-Javi al ataque……las collejas que se merecía y no se le deben dar…las ganas no me faltan pero está el volante, el que debo mirar para delante y el freno/mujer al lado que si no…interiormente algo me va reconcomiendo y alterando y vuelvo a contar hasta diez…

La batalla sigue en el interior. Saben lo que pueden pedir y lo que no y, como lo saben, pues quieren todo lo prohibido como las bebidas gaseosas y, además,  no quieren comer nada, tampoco quieren hacer la visita a los aseos pues, según ellos, “Ya no tienen pipi, están vacios, ya lo hicieron por el camino”, así bien alto para que los escuchen hasta en cien kilómetros a la redonda. Todos los de la cafetería por supuesto se enteraron y las risitas florecieron  mientras otros chiquillos cuchicheaban y los señalaban de forma acusadora y cómplice, al tiempo que se solidarizaban con ellos.

Yo con mi café y trozo de bizcocho sabroso y mantecoso, típico de la zona, suspiro y me resigno y trato de aislarme todo lo que puedo. Pero no me dejan. La mujer me mete en la discusión de lo que pueden beber y lo que no, lo que pueden comer y lo que no y, sobre todo, en que algo ligero deben comer. Las voces van subiendo a alturas que solo consiguen los grandes cantantes de ópera. Mara, ya en el colmo de los colmos, se pone en jarras y, con gesto de fiera salvaje, se enfrenta a la madre de forma despótica  y faltándole un poco, casi nada, para la bofetada salvadora; pero no pegamos los niños, no, hay que aguantar y ser razonables, hacer que sean razonables, son el futuro y todas esas zandajas, bla, bla, bla.

Javi se empeña en su coca cola, solo dice eso. Mara quiere una fanta de naranja o un helado. Ninguno de los dos quiere nada solido. El camarero hace rato que se ha marchado tras servirme a mí y a la mujer con un leve gesto de “que me van a decir ustedes a mí!”.

Les pido, ya ni discuto,  ni los miro, con la voz seria y brusca de estar alcanzando el límite de la paciencia, les pido dos trinas de naranja y dos croissants y me dedico a lo mío, tras un mirada a los dos de esas que echan fuego y que resulta ser mas cómica que otra cosa pues, los dos, al verla, se echan a reír a carcajada delante de mi cara y me señalan con el dedo; lo mío es degustar el café, saborear la coca que se derrite en mi boca y me deja un toque de mantequilla y ligeramente a almendras amargas. Me noto un poco colorado y les echo la culpa. De reojo los veo como se beben sus refrescos y se comen a pedacitos, a miguitas, el bollo. Están haciéndose los enfadados, hasta gruñen un poco cuando su deditos cogen una migaja de bollo y se la llevan a la boca. De vez en cuando miran sonriendo a la madre que ya no les hace ni caso.

Nueva discusión al acabar con el famoso y universal “Ya te dije que no tengo que ir al servicio”, Y nuestra contestación también millones de veces repetida de que hay que hacer la salir sino después habrá que para de nuevo para ello.

¿Solución?, muy fácil. La mujer coge por las orejas, perdón, por la oreja derecha a Mara y yo por la izquierda a Javi y, así, tan amiguitos al servicio, ellos quejándose y yo, la verdad, disfrutando del tirón de orejas que le voy dando. Lo curiosos es que entrando ya en el servicio y con la puerta cerrada todo se vuelve clama y hasta una cierta complicidad entre los dos, nos hacemos un poco más cercanos. El va a su meadero, yo al mío. Hacemos lo que hacemos, nos lavamos las manos, hasta nos sonreímos mutuamente. Me llama papi y todo eso. No secamos, por orden, las manos. Un momento mágico que se rompe de inmediato al abrir la puerta y….empezar a quejarse de la oreja, de que soy un tirano, de que me va a denunciar, que soy un mal padre, que nunca quiso ir de viaje, que todo es un coñazo…Mara, por supuesto está haciéndole lo mismo a su madre en el otro lado del pasillo, justo enfrente de la puerta de su servicio y a pie de la escalera…en fin, al coche que seguiremos con la transformación de unos niños encantadores en los monstruos de Hyde.

Apenas quince minutos de paz y tranquilidad. Al coche de nuevo para hacer la segunda y última etapa. Lleno de  gasolina (con estos precios da miedo y te dejas la cartera temblando si no fuera porque pagas con la visa que sino) antes de incorporarme al tráfico de la autopista y en marcha.

Los veo por el espejo retrovisor central, están medios adormilados, aun no se ha producido la nueva transformación  monstruosa. Sus cabezas se tuercen en un ángulo tremendo hacia el hombro y con las curvas de la carretera oscilan un poco, flácido el cuello;  los parpados semi cerrados y las bocas ligeramente abiertas. Los cinturones de seguridad bien colocados.

Soy feliz viéndolos así (Un refrán antiguo dice que si quieres ver el rostro de Dios, mira el rostro de un niño dormido). Tanto mi mujer como yo  no hablamos, estamos en silencio completo no sea que todo cambie y todo cambia en poco tiempo para mal o peor, que es la manera normal de cambiar las cosas. Lo bueno si breve, dicen, dos veces bueno…pues no, y una mierda en lo de breve….y una mierda lo de los rostros de los críos inocentes y una mierda que el flautista de Hamelin solo sea un cuento….cuando estos están en un coche rumbo a alguna parte y conduce el padre.

Tuesday, October 20, 2015

Problemas en la playa (7. 2): Los niños siguen detras...


2.- “¿Falta mucho?, me canso.”-insiste Mara, obstinada y terca, tocándome el hombro derecho. Sabe que no soporto que haga eso mientras conduzco, sobre todo si lo hace de forma sorpresiva.

“Ya falta menos”- le responde la madre, siempre al quite, antes de que, ante la sorpresa, salte con alguna gorda, algún exabrupto o inconveniente….

Se callan todos, silencio, oigo el motor como un ronroneo suave y ligero al compas del viento y del mar que se ve en la lejanía, a nuestra derecha, tras los pinares hermosos y escasos. Entre los arboles pequeños chalecitos de tejados rojos.

“¿Podemos parar?- es Javi que toma el relevo- Tengo ganas de hacer pis”

Aprieto los labios, me trago sapos y culebras.

“Sabes que no podemos en la autopista, tendremos que buscar una zona para eso y, además, has hecho antes de salir”.-No puedo evitar contestarle con un cierto deje de cabreo, ya un poco enfadado.

“Si, pero Mara ha hecho dos veces y yo solo una. Me meo, hay que parar. Tienes que parar”

Mi mujer me mira suplicante y asiento y busco, en la lejanía, ese desvió hacia una zona de descanso o una salida que me permita volver, mas tarde, a cogerla. Como siempre, funciona muy bien la ley de Murphy con los niños, y acabamos de pasar una zona de descanso y la siguiente quedara lejos…

“Que me meo. Parar”….se agarra de forma exagerada sus partes para manifestar así de forma trágica su situación desesperada. Le paso, de broma, la botella del agua ya medio vacía y le digo que si tantas ganas tiene que lo haga allí mismo. La mujer me mira con exagerado cabreo. Javi, atrás, sin coger la botella se queda sin respuesta y Mara, siempre la bendita Mara, suelta una risilla por lo bajo….

“Papa, que me meo…..”-Noto que mi cabreo va en relación directa con el aliento que noto en la nuca con cada frasecilla que van soltando.

“Papa, para que…..” arece que al pobre le quedan dos o tres minutos de vida, se agarra el vientre, se congestiona, casi ya no habla, se desgarra..

Aparece a la vista el desvió, lo cojo bajando la velocidad  a 80, 50, 40, 20…aparco. Voy a bajarme pero no lo hago, ella es más rápida y baja, saca al crio y lo lleva detrás de unos mini pinos, casi unos arbolitos de navidad. Veo que hace lo que hace, en verdad no tenía ganas, dos gotitas. Mara se ríe por lo bajini con lo que, a mí, me parece una sonrisa siniestra, la de estropear cualquier viaje.

Ya estamos todos de nuevo en el coche. Arranco de nuevo, Nos movemos, voy pensando cual será el siguiente paso, no llegaremos nunca.

“¿Falta mucho?”- sigue con la perra, segundo acto, Javi, -“Es que me aburro”

“Ya falta menos y por mucho que digas o hagas no llegaremos antes, Cállate y duerme un poco”- contesta siempre la de “al lado” con un deje de pedagogía barata que nunca, digo nunca, funciona con estos dos. Y es una incógnita grande el saber que conmigo si funciona. ¿Porque con ellos no?

“¿Cuándo paramos a beber algo?”- se mete la sabiondilla de Mara, relevando a su hermano- “tengo mucha sed”

“Ya falta menos, a mitad de camino paramos y tomaremos algo. Ya lo sabéis y no seáis tan pesados”

“Es que me aburro y tengo la boca seca”-insiste Mara. (Nuevo toquecillo en el hombro con sus deditos mientras mira disimuladamente a ver como reacciono)

“Pues yo ya tengo hambre”- se une al juego, si esto es un juego, el impaciente Javi.

“Pues haber traído algo para jugar o leer. No quisisteis y ya está, tratar de cerrar los ojos y descansar. Piensa en ver a los abuelos, hace mucho tiempo que no los ves y la abuela estará feliz de darte un abrazo (…o piensa en la playa, jugar en la arena, volver a ver  los amigos del año pasado, el agua para bañarse…) ¿no te acuerdas?”-Da lo mismo que diga, todo seguirá en esa línea de atacar y atacar y atacar…mis nervios poco a poco se van estirando como cuerdas de una guitarra en máxima tensión a punto de hacer un clic y saltar por los aires rompiendo la armonía de la canción.

“¿Podemos parar? Yo también tengo sed, mucha sed…… ¡y hambre!”- entra como una víbora Javi.

“Ahora no, mas tarde, a mitad de camino pues si no nunca llegaremos”- contesto yo con voz dominada, más baja de lo normal mientras mis ojos echan miradas envenenadas por el cristal retrovisor.

“Me aburro”- dice Mara. Me vuelve a dar dos golpecitos en el hombro. Su madre, le pega en la mano justo en el segundo golpe. Hace un mohín, como de enfadada, pero se la ve alegre pues ya ha conseguido la primera reacción un tanto desproporcionada. Saca la lengua con descaro y dice que no le ha dolido.

“Me aburro”-dice Javi.

“Si lo sé era mejor no ir a la playa, es un coñazo…”-suelta Mara.

“Ha dicho una palabrota. Mami, ha dicho una palabrota, ha dicho coñazo ¿se puede decir coñazo?”- Javi a todas.- “porque si ella puede decirlo yo también, este viaje es un coñazo, el coche es un coñazo, esta tía es una coñazo….tengo una hermana coñazo…”

La madre, le da un simple toque, una caricia más bien, le susurra silencio y prohíbe repetir esa palabra. Javi cruza los brazos enfurruñado, baja la cabeza con el ceño fruncido y hace que llora pero sin llorar.

“A ella le dejáis decir palabrotas y a mí no. No es justo. No es justo. Os odio. Siempre habéis querido mas a “la niña” y es un coñazo”- Saca la lengua en mi dirección, más bien en la dirección del retrovisor por el que lo voy espiando. El copiloto y freno de mano y madre amaga con un sopapo que nunca llega a destino. Se la ve cabreada, se pone el índice en la boca y le dice que chitón, que ya hablaremos a la vuelta y que ya hablaríamos de la paga semanal, del ordenador y de la game.

Es nombrar la “game” cuando un silencio sepulcral inunda el coche, por unos minutos, claro,…. (Seguiremos en el viaje).

Tuesday, October 13, 2015

Problemas en la playa (7): Y los niños detrás en los Viajes, viajes….


VII.- Y los niños detrás en los Viajes, viajes….

Las vacaciones se van acabando, ya quedan pocos días para el regreso y la vuelta a la rutina, a la depresión post vacacional,  las broncas, la cuesta de septiembre con la ropa y los libros de los niños. Todo lo bueno se acaba pronto y no vale aquello de lo bueno, si breve, dos veces bueno. ¡Pues no!

Y con esos días se acaba la odisea de la arena por todos lados, las comidas de verano a cual peor, el apartamento y sus problemas, las conversaciones sobre el tiempo o recordar los embarazos y sus complicaciones, las averías del coche que, normalmente, no se producen en el regreso….todo se acaba pero, claro, aun no hemos hablado de esa extraña transformación, del tipo de Hyde/Jeckyll, que se produce en nuestros angelitos cuando los metemos en el coche rumbo a lo que sea. Les ponemos el cinturón de seguridad y, ¡Zas! Se cambian a unos monstruos sanguinarios capaces de alterar nuestros pobres nervios, sacarnos de nuestras casillas y provocar los más terribles pensamientos de muerte y destrucción, creando el famoso síndrome de Herodes…

1.- Animado metes a la familia en el coche, los chicos detrás, el seguro anti niños en las puertas (de forma que no se puedan abrir desde dentro), todos con los cinturones puestos y alegres, casi cantando, arrancas. El viaje tanto da que sea un compromiso veraniego, de esos gozosos, pues visitar a tus padres no lo puedes hacer todos los días; o la huida de la ciudad, rumbo a las promesas de playa y agua y arenas rubias….; o rumbo a un fin de semana para descansar que buena falta te hace. El destino final no está demasiado lejos, pero tampoco cerca. Es esa distancia problemática  que se hace entre  dos hora y media y cuatro y que se hace eterna al pensarla y corta en la realidad, solo es un paseo un poco más largo de la habitual.

Metes las llaves en su sitio, te pones los guantes de conducir, te santiguas y cuando vas a arrancar, un simple giro de muñeca  en el sentido de las agujas del reloj, tu niña bonita, muy niña, Mara, grita que tiene “pis”, que tiene que ir por última vez al servicio, que se mea….tú te quedas petrificado como una estatua de mármol mientras tu mujer, la madre, se quita el cinturón, abre la puerta, sale, abre la puerta de la cría, le quita el cinturón de seguridad y se la lleva de vuelta al piso.

Cuando vuelven tu están aun en la misma posición, entre incrédulo y atónito. Entre asombrado y cabreado. Miras al chico y este te devuelve la mirada con una leve sonrisa como diciendo “Ya me tocara a mí, ya me tocara y tu sufrirás”. Miras a la niña ya feliz y contenta, tarareando por lo bajini.

Arrancas. El sonido del motor te encanta, una mezcla de ronroneo de gato y la potencia de una manada de caballos salvajes corriendo libres por las praderas pero, ya lo sabes, hay experiencias pasadas, llevas un freno de mano en forma de mujer sentada a tu lado que no te dejara pasar de los cien kilómetros por hora: el peligro está en lo que no se sabe a lo que llegaría a suceder si no haces caso y, aun mas, con los críos en los asientos traseros. La responsabilidad del padre y todas esas cosas….

-Papi, ¿cortaste el gas como te dijo mami? A mí me parece que no.- La voz del angelito rubio que te está mirando con cariño al tiempo que sonríe aviesamente te deja petrificado en el asiento. Tratas de acordarte si lo hiciste o no, el corazón te resuena como un tambor por todo el cuerpo ascendiendo hasta las sienes. Tienes dudas y sudor frio que te recorre como una ola de agua fría. La mujer y copiloto, tu mujer, te mira como siempre; sonríe y saliendo te dice que va a comprobarlo. Como siempre está cerrado el gas, apagadas las luces, bien cerradas ventanas y balcones.

El coche se mueve con suavidad, te separas del arcén y entras en la carretera. Primer semáforo en rojo, como siempre. Paras. Esperas. Te sobresalta el crio, Javi, con su primer: “¿Cuánto falta?”.

Frunces el ceño, esperas que conteste tu mujer que sonríe sabiendo la que nos espera: “Acabamos de salir y sabes que nos llevara sobre dos horas y media y que pararemos por el camino tranquilamente así que juega un poco o trata de dormir”- le dice mirando mas en mi dirección que al niño.

Se pone en verde, me meto en la nacional que me llevara  la autopista. No hay mucho tráfico, es temprano, y es el tiempo ideal para conducir. No hace frio, no hace demasiado sol, no hay lluvia o viento, mucho menos la niebla que es temible por estas zonas costeras. Pocos coches circulan, en general parecen calcos del nuestro.

Avanzamos despacio, cojo el desvió a la derecha hacia la autopista y ya voy poniendo el coche a esos ciento diez permitidos, bueno, que me permiten, no puedo pasar de los ciento veinte pero, con niños, ya se sabe, con freno de mano al lado, ya se sabe….lo que no sabe la de al lado es que desde su punto de observación constante su visión de los cien permitidos es, en realidad, de ciento diez pasados….¡que no se entere de esa diferencia!.

Todo se acelera, los arboles, los arcenes, los puentes, los pasos elevados de peatones. Parece que el tiempo, en cambio, se detiene, pasa lentamente al compas triste del sonido del reloj electrónico del coche.

“¿Cuándo paramos?”-es la voz de Mara medio adormilada. No quiere dormirse (antes de salir les hemos dado una pastilla anti mareo a los dos y eso la adormece un tanto), lucha por estar ojo avizor y sacarme de los nervios.

“Pronto”-contesta la madre ya nerviosa por la velocidad y el miedo que le ha cogido al coche al tiempo que estira las piernas como tratando de frenar el coche como si tuviera en su lugar algo que pudiera reducir la velocidades. Es el famoso síndrome del freno fantasma. Mira hacia el frente como si tuviera el volante entre las manos, avisa de cualquier cosa que ve o que teme a pesar de que yo veo mejor y tengo mejor ángulo de visión. Ya me avisa de antemano: “No corras, no tenemos prisa y están los críos, despacio y recuerda las multas y que sacan muchos puntos, así que despacio” “Cuidado con la curva” “Viene un camión, ten cuidado” “Señal de máximo 120 kilómetros por hora” “No corras tanto que me da miedo” “Aviso de curvas peligrosas” “Reduce un poco, por favor”

De nada valdría que le dijera que aun no me han sacado ningún punto, que la ultima multa fue de hace cinco años y no estaba de acuerdo con ella…todo es y será inútil ante el miedo irracional y me callo y despacio, como una tortuga coja y vieja y aburrida,  avanzamos por la carretera.

Monday, October 05, 2015

Problemas en la playa (6). Buenas e interesantes conversaciones.


Y VI.-  Bueno coche,  viaje, comida, arena, apartamento y… ¿Qué me decís de las hermosas conversaciones veraniegas? No me diréis que no tienen su encanto y, siempre, los lugares comunes que tan bien domina la fámula.

El tiempo, por ejemplo. Haga el tiempo que haga, en el mediterráneo salvo un día al mes, hace sol y calor. Mucho sol y mucho calor. Hace años de sol y calor. Pues bien, hay que hablar del tiempo del que hará mañana al tiempo que todo el mundo mira el horizonte, se señala con dudas esa nubecilla veraniega sobre la iglesia y que avanza a trompicones, se comenta el halo sobre la luna y siempre se señala el temor al día malo y el no poder ir a la playa. No se acaba ahí la cosa, al día siguiente, con los bikinis puestos, bajo la sombra de la sombrilla, a hablar del tiempo que hace y que hará y el “menos mal” que buen día hace hoy. Tiempo por las tardes, tiempo por las mañanas, tiempo en la hora de comer. Fuente inagotable de charlas y comentarios a cual más ridículo.

Cuando no es del tiempo pues hay que hablar de las enfermedades, dolores y, los que los tenemos, de los críos. Estos están jugando como toros saltando olas en la orilla de la playa, haciendo castillos  de arena que se desmoronan a la primera o subiendo por las pirámides de las cuerdas que alguien del ayuntamiento tuvo la ocurrencia de ponerlas para la famosa comisión….pero se habla largo y tendido de la tos ferina, de la duración del parto y el número de los puntos que le pusieron en cada ocasión, de la menopausia futura y de cómo hay que prepararse, de las varices peligrosas y los remedios mágicos, de la inflamación del útero .

Los hombres, llegando a estos extremos, por pudor o asco o miedo escénico, quien sabe, se dedican a lo suyo, a comentar lo buenas que están las  cervezas y sus pinchitos, el futbol y sus respectivos equipos y el que harán después por la tarde (todas, todas las tardes se encuentran en el mismo paseo, a la misma hora, para hacer el mismo recorrido que termina en el chiringuito donde cenan un poco tarde). De vez en cuando y es toda un proeza salta algún chiste viejo (¿Sabes en que se parecen un buena paella y una mamada?.... ¡las mejore son siempre fuera de casa!…. ¡Ja, Ja, Ja…!)o algún chiste, son peligroso por aquello de lo políticamente correcto, de los llamados regionales (Sabéis aquel del bilbaíno que entro en una librería y pidió un mapamundi de Bilbao..jajajaja..Sabéis en que se diferencia Dios de un gallego: En que Dios está en todas partes y el gallego ya ha estado…ja jajaj…. Sabéis aquel del andaluz acodado en la barra del bar que le dice al compadre: Pepe no siguas bebiendo que te estás volviendo borroso…jajajaja….)

Y se vuelve a las comidas y el intercambio de recetas que nadie apunta, no hay donde, no hay ni ganas, son todas autenticas tonterías de trucos secretos a voces. Y los hombres, ya escabullidos de parejas y niños, hablan de restaurantes y de las ocasiones no perdidas, la sueca por ejemplo, siempre hay una sueca que esta como un tren y te que deja como un  trapo de cocina sucio (nadie se explica el donde o el cómo pues siempre están juntos y, cuando no, son las duchas  de los críos, la compra, los avatares del día a día, pero la sueca que no falte en ninguna conversación de hombretones en la playa)….

¡Y el hablar de los michelines! Como se analizan una a otra de forma sonriente mientras se despellejan mutuamente. ¿Cuántas amistades de toda la vida han sido rotas por un comentario de una lorza a destiempo?...o comparando los colores del moreno de los críos primero y de ellas mismas después. Y se cuentan el secreto de la alcachofa, o el de las kilos de zanahorias que se han comido ante por aquello de los carotenos. O los tomates que es lo mejor para el sol. O la dieta milagrosa del tofú que cada tres años vuelve a las ondas. Se medio esconde el tratamiento de diez masajes a  precio de órdago  antes de ir a la playa; tratamiento que sirvió, realmente, para engordar un par de kilos, por aquello de la confianza da asco y, claro, se pica un poco más de la cuenta. Se esconde el segundo tratamiento, casero, como no, de ese producto milagros que es “4, 3, 2, 1” y que no funciono salvo para ir, cuando una menos se lo espera a la servicio creando situaciones más bien delicadas o vergonzantes. Se esconde el tratamiento drástico de las marcas buenas a última hora, un pastón oigan,  y que prometen reducir en 2 centímetro en un  mes (mentira, más bien se gana porque se come algo mas, ya lo repetimos por si las moscas). Se esconde que la última semana a base de lechuga para desayunar, comer y cenar y… ¡aun así!

Y los comentarios sobre las arrugas…y el año que ha pasado y los disgusto y las posibles o reales operaciones que se han hecho o que se quieren hacer, si pueden, claro. Al tiempo se observa un creciendo de la socarronería en estos temas, son pequeñas puyadas que se tiran unas a otras, sobre todo, de las mayores y más baqueteadas y mas ruines a las más jóvenes e inocentes y sencillas. Los hombres ya lejos aprovechan para tomas la primera cervecita, ¡qué buena!,  rubia, con su pinchito, y con las gafas de sol bien caladas, a mirar tetas y culos de las más jóvenes que se solacen con disciplencia y falta de pudor (con las gafas reflectantes piensan que nadie sabe donde miran o a quien miran y solo dan vergüenza ajena y comentarios de crápulas para abajo).