Wednesday, September 09, 2015

Problemas en la playa (1)


Problemas en la playa, es verano aun y ya se acabaron las vacaciones. Se pueden contar

I.- Sitio de múltiples ventajas y, también, de miles de problemas a cual más desagradable. Deseos y decepciones a miles. En ningún sitio como en ese se dan las peores condiciones para que las cosas salgan bien, no se vayan de madre. Antes de nada deciros que soy un ferviente adorador de la playa, no del estar tumbado a tomar el sol, no, de pasear por la orilla, de meterme en el agua y estar una o dos horas entre nadar y jugar, o dejarme mecer por las olas haciendo el muerto, o saltando olas cuando el mar está un poco picado, o surfear las olas a cuerpo limpio cuando del mar esta intranquilo y las olas vienen grandes y rompientes.

Antes, cuando los niños eran pequeños les organizaba auténticos campeonatos atléticos en la arena, saltos de longitud, altura, destrozar castillos o realizábamos auténticos mundos subterráneos. Empezaba con los míos (eran dos, son dos) y terminábamos con diez o doce chavales en una autenticas prueba para gladiadores, mas ejercicio de que harían en mucho tiempo. Ahora ya no es posible, estos, los míos, ya no entran al juego, se consideran  mayorcitos y no voy a ponerme con los ajenos, yo un hombretón y solo, se ve mal en estos tiempos.

Pero siempre es lo mismo. La arena si va es a los ojos. Es el viento unas veces, las pisadas de la gente que no sabe andar por ella y van dejando un rastro de ojos cegados otras veces, una pelota de un chiquillo emulando a sus ídolos las más de la veces, una sacudida de la toalla de al lado (eso sí lo hace con mucho cuidado pero es lo mismo, da siempre lo mismo, es siempre el mismo resultado). Siempre hacia ti y tus sensibles ojos. Y, como norma, mires donde mires, la arena te golpeara aunque estés avisado, algo hará que se abalance sobre tus parpados y penetre entre ellos y el globo ocular, autentica tortura china.

Salvo que estés comiendo, claro, entonces por una ley inexorable y aun no formulada va indefectiblemente sobre la comida haciéndola incomible. Por experiencia la paella es una atracción irresistible para este elemento y, que conste en acta, pocas veces he comido una paella playera sin arena. A bote pronto es que no recuerdo alguna. Y es asquerosa esa arena entre los dientes, solo de pensarlo me rechinan los dientes y me asquea y babeo como en el peor de los días. Seguro que tiene que ver con algunas grasas quemadas que, creando unos radicales libres, la atraen como el imán atrae y retiene a los elementos férreos. Y no digamos una sopa, o la ensalada de siempre o, lo peor de todo, el helado con arena… ¡aghhhh!....

Hablaremos de los helados y sus caprichos, pero antes hablemos de la recogida y marcha al apartamento después de un día en la playa (lo del apartamento es para otra historia, la contare por supuesto, mas adelante). Recoges todo bajo el atento supervisor del jefe de turno (mujer, novia, amiga, madres, etc.) y avanzas. Te pica la cabeza, te molesta el sobaco, parece como algo de lija las entrepiernas y hasta la raja del culo parece que está irritada y andas incomodo tratando, inútilmente, de ajustarte bien el bañador. No lo consigues en la vida.

Vas por el paseo, todos alegres, tú con las dos bolsas, la sombrilla, la nevera, las chanclas que se te van y un rastro de arena que te sigue. No lo entiendes, nunca entiendes las cosas importantes. Te has dado buen un repaso con el agua de la playa tratando de eliminar la mayor cantidad de  arena posible. Pues bien, te va  cayendo poco a poco y dejas un rastro  como de caracol de arena rubia. O como aquel malvado de los comic de antaño como si te fueras deshaciendo en minúsculas granos, “el hombre de arena”. Hay cientos como tú, ves los rastros, las huellas. Cientos de rastros, cientos de huellas.

En casa dejas todo y te ganas la bronca de todos los días por tratar de sentarse en el sofá sin ducharte primero. Pero, en la ducha, están todos y todas, tú eres el último. No sabes dónde ponerte. Te pica todo, sobre todo la cabeza que es como una gran playa en miniatura y sin agua. A donde vayas arena que te cae. Donde tocas de tu cuerpo, arena que se cae.

La ducha, la salvación, y ves que estas con arena entre los deditos de los pies, normal. También la encuentras en los sobacos, también normal con la pelusa. ¡En el ombligo! Pero eso de encontrarla entre las pelotas, a kilos (perdón por la expresión) ¿Cómo se ha metido ahí? Y donde la espalda ha perdido su nombre también un par de kilos que amenazan con tupir el sumidero por lo que con el pie das una y otra vez apartándola del agujero y dejando correr el agua.

¿Qué no te has lavado la cabeza? Craso error. Champú  abundante y tu cabeza parece un balón de arena, apenas hace espuma. Te la lavas tres veces y no te notas muy conforme aun.

Te llaman para la cena, te secas con la toalla que te ha dejado, la que te corresponde y… ¡está llena de arena! Arena que te persigue como si fuera tu amante total y eterno. Arena rasposa y dura.

Friday, September 04, 2015

Velatorio.


Velatorio.

Nadie lloraba tanto en el velatorio del abuelo como la mujer de la esquina. Ni la abuela que, incansable,  iba atendiendo a todo el mundo, de una habitación a otra, al salón y de allí a  la cocina. Ni las mujeres, “las lloronas profesionales” que estaban para eso, llorar y llorar y llorar. Ni sus hijas, mis tías, ni las nietas lograban hacerse oír tanto. Bueno a las lloronas las llaman “plañideras”.

El abuelo lucia esplendido en su ataúd abierto, sobre la cama del dormitorio con sus cuatro grandes cirios encendidos en las esquinas. Recién afeitado, lavado y vestido por las vecinas. Su traje negro de los domingos y la corbata, también negra, le resaltaban su tez cerúlea y un tanto azulada que se le había alisado como por encanto; sobre los parpados cerrados le habían puesto unas medallas de santos. Su pelo entre canoso y grisáceo era el de siempre, muy corto, a lo militar. Una cruz de madera en la pared, se inclinaba levemente sobre su rostro placido y sereno y era como si el Cristo lo mirara dulcemente en su agonía, como un amigo de toda la vida. La tapa del ataúd la habían puesto  al lado de la ventana, vertical y apoyada en la cómoda donde guardaban la ropa de vestir. Al otro de la cama se veía, tapado por una sabana vieja y blanca, el ataúd de la abuela, similar en todo al otro, y, colgada de un gancho, su mortaja.

La gente del pueblo, ante la atenta mirada de la  abuela que iba como pasando lista, llegaba, visitaba al difunto, le rezaba o hacia que le rezaba y se iban al cuarto correspondiente, al de las mujeres donde estaban mis tías que lloraban y se mesaban los cabellos o al salón, el de los hombres, con sus aguardientes, sus cigarros y sus chiste guarros. Solo unos pocos, de la familia, le besaban en la frente.

Mis recuerdos son de entrar en una casa con una atmosfera muy cargada, a humo de tabaco y velas y maderas quemadas en la cocina. El aire estaba impregnado de una lentitud extraña, como si todo se hiciera a ritmo muy lento, pausado, terriblemente desfasado de las voces y los ruidos; me recordó, de pronto, a un disco puesto una velocidad más baja de la adecuada o a una película, como pasaba a veces en el cine del barrio, que se trababa y avanzaba a trompicones. Había cuchillos en las voces histéricas más que dolor. Y vi como la gente negaba la muerte, estaban allí no por el difunto sino para decirse a sí mismo que estaban vivos, que a ellos no le había tocado la negra; hoy el abuelo, mañana… ¿mañana?  Y por eso ese toque picante que era sexual tanto en las mujeres como en los hombres. Para negar la muerte se cuentan chiste verdes, se mira de otra forma a las mujeres prometiendo placeres y descendencia. Porque de siempre los niños nacen nueve meses después de las bodas y de los funerales. Ley de vida, el miedo nos atraviesa y esa noche follamos como locos olvidando temores infantiles, creyendo que así hacemos huir a la Parca sin saber que el amor es como morir un poco cada día.

Me llevaron, a mí, el nieto mayor, a ver al abuelo. No quería verlo, quería recordarlo como realmente era, como lo tenía en la cabeza. Esa montaña de hombre fuerte y duro con su portentosa  voz. Con su caminar recio y sin pausa por los montes, dando órdenes a los hombres, haciendo los trabajos más duros e imposibles, enfrentándose a pecho descubierto al matón del grupo que se ponía farruco y que agachaba, de forma inevitable,  la mirada ante el poderío físico  y la generosidad de la bota de aguardiente que, siempre, sacaba a tiempo para todos.

No era mi abuelo, lo dije en voz alta. El hombre que estaba dentro del ataúd no era mi abuelo. Mi abuelo era mucho más grande, mas alto, tan ancho como un armario ropero, lleno de miles arrugas sabias, de sonrisas bonachonas y cansinas, sobre todo con unas manos grandes como palas de cavar en las que las venas azulada sobresalían como pistones: no era mi abuelo. Aquel de allí tenía unas manos planas, leves, como vacías por dentro. Se parecía más a una cascara vacía, a un globo en forma de persona al que se inflo demasiado. Se lo dije a mi padre que me sonrió tristemente. Se lo dije a mi tío mayor que me dio un cachete en la cabeza y me dejo por imposible. Incluso se lo dije a mi abuela que lloro un momento en silencio antes de abrazarme muy fuerte y volver a ponerse en marcha con aquel dinamismo y vitalidad que siempre tuvo, olía a vainilla y soledad, a noches futuras al calor de la lumbre, a añoranzas y deseos.

Me llevaron, no recuerdo quien, al salón con los machos. Yo no entendía ese beber con ansia, ese fumar de forma compulsiva, esos chistes que sabían que eran feos y guarros y que no era capaz de entender, esas miradas a la otra habitación procaz y poco sutil.

Sobre todas la voces destacaba un llanto tremebundo que, poco a poco, fue absorbiendo el rastro de ruidos y voces y frases y dolores. Me quede con aquel ruido atronador, el resto dejo de tener sentido para mí. Seguí el rastro que dejaba en el aire de la casa que me llevo a la otra sala, a una esquina casi en las sombras, a una mujer invisible salvo por sus alaridos. Me quede cerca de sus pies descalzos. La mire largo rato aunque sabía que era de mala educación. Si no fuera por sus alaridos no sabría que allí estaba esa señora toda de negro, con su compulso pecho subiendo y bajando como un fuelle a presión. El velo le caía sobre la cara como una tela de araña. Me sorprendía que solo yo estuviese preocupada por la señora, como si solo yo la oyese, como si yo fuese el único capaz de sentir sus lloros y gritos.

Un engranaje empezó a dar vueltas en mi cerebro y hacer ruido, como un grillo melómano siguiendo con un ritmo prefijado. Los pensamientos se unían y se enlazaban como cometas en una batalla aérea. A la idea del abuelo que no era se unía la de esa señora con velo y llanto mientras los espectadores de la función éramos el resto de personas que estábamos en aquella casa. Todos éramos como actores de un mal drama, tanto mi padre como yo, mi abuela, mi madre, todos estábamos interpretando algo burlesco o prohibido y, por mi edad, no me  habían dicho la verdad pensando en que no me enteraría de las cosas. Quedaba como atacar esa situación, no podía preguntar de forma abierta, no sabía cómo darle la vuelta a la tortilla, frase tan de mi padre. Tenía que hacerme el inocente, pero no con mis padres, ellos pronto verían el brillo de mis ojos, entenderían que detrás de las preguntas habría algo mas pues por algo me conocían y demasiado bien. No con mis tíos que solo bromeaban y me tomaban por el pito del sereno. No con mis primos demasiado inocentes como para aceptar la burda trampa que estábamos viviendo. Lo decidí con un fuerte dolor de cabeza y toda un tribu de africanos de la selva exuberante de Trazan empezó  a  golpear los tam-tam en el medio de mi confuso cerebro.

Me acerque, arrastrando los pies, a la abuela con el cierto miedo que me daba y con la valentía de mis pocos años y le pregunté, señalándola con mi mano derecha,  quién era aquella mujer, porque lloraba tanto si no era de la familia, si era una desconocida. Le pregunte medio balbuceando porque estaba allí donde no debería estar. La abuela me miro desde su metro cuarenta y poco y cogiéndome del brazo, haciéndome inclinar sobre ella,  me susurro al oído que era una pobre mujer, vecina de la aldea,  a la que su hijo la había echado de casa y no tendiendo a donde ir pues se había metido en el velatorio a llorar su desconsuelo y hacer tiempo mientras comía algo y estaba acompañada.

Sunday, August 30, 2015

Partido en la tele.


El partido de fútbol en la televisión era muy, pero que muy malo, aburrido, sin salsa y los dos equipos estaban jugando a perder. Era el Real Madrid-Valladolid de la liga. Eso sí, a lo tonto, muchos goles.

Entretanto picando un poco de jamón, chorizo, unas aceitunas, unas patatillas, yo metiéndome con mi sobrinillo, Joaquín, ya os he hablado de él en muchas ocasiones. Un forofo del fútbol, (“vamos a jugar a meter gol”) y, por empatía con su padre, forofo del Madrid.

Yo: Oye, ¿Cuál es tu equipo?
 
J: El Madrid.

Yo: ¿Sabes cuál es el mío?...

J: ¿Madrid…?

Y: ¡NOOOOOO!, mi equipo es el más divertido de España, es el equipo ascensor.

J: ¿Barcelona?.

Yo: ¡NOooo!, es el Celta.-Joaquín pone cara de no haberlo oído nunca.- Si, hombre, el Celta de Vigo que tiene el mejor portero de toda la península Ibérica, Javi Vara.

J: Noooo, mentira, el mejor portero es Casillas….para todo.

Y: ¡Ja! El mejor es el mío, Javi.

J: Mentira cochina, los mejores son Casillas y Ronaldo.

Y: ¿Ronaldo?, Pero si a ese hasta le huelen los pies. Ronaldo es un manta, hasta le huelen los pies.

J: No, Ronaldo mete goesl y es el mejor.

Y: ¿El mejor? ¡Ja! Ronaldo es un manta y además de que le huelen los pies, para que lo sepas, no sabe ni hacer una tortilla de patatas. Yo si hago tortilla de patatas y muy ricas pero Ronaldo no, que no sabe.-Y termino con un saque de lengua en su dirección con gesto de niño pequeño, chinchándole.

J: ¡Si que sabe!, Mete goles y hace tortilla patatas. Mama, mama, dile que si, que Ronaldo sabe hace tortilla patatas.

Y: No sabe, que yo lo vi y no sabe.-A esto, ya nervioso, empieza a gimotear un poco y una lagrima le cae por la mejilla.

J: ¡Si sabe! ¡Es el mejor! Y tú tienes la cara de culo. Ronaldo sabe. Papi, ¿verdad que sabe hacer tortilla?

Y: Oye, que estás hablando conmigo y yo te digo que no, y que no y que no.-Le vuelvo a sacar la lengua burlándome de el. De forma sorprendente las lágrimas ya llegan a los labios y esta casi llorando, mi corazón se encoge en un puño.

Pone las manos en las sienes y me hace burla con los ojos anegados en lágrimas.

J: Y tú no sabes….

Lo cojo en brazos y le doy un gran beso, y le digo que tiene razón que Ronaldo es el mejor y que espero que, dentro de unos años, el mejor futbolista del mundo sea él.

 

Wednesday, August 26, 2015

Mis manos gimen llenas de vacío,


Mis manos gimen llenas de vacío,

lloran enrojecidas gotas de silencio

culpable...

se estiran inútilmente hacia el infinito

de una lista inadaptada de tiempos

culpables.

Mis manos ¡Oh! mis manos manchadas

marcando paredes y muros y mesas y sillas y rostros y pasamanos y arboles caducos y puertas y fantasmas y pieles rotas y lagrimas robadas y pelambreras arrebatadas y huesos quebrados y días perdidos y cariños arrebatados y rabias infinitas corroyendo ansias e inocencias perdidas en abismos pasionales.....

¡Culpables!...

cercenadas de caricias y mimos

mutiladas por crueldades de viejos sayones

culpables...

siempre culpables....

Friday, August 21, 2015

Gimnasio, Día 4...y ultimo.


Día 4.

 
No se lo creen nadie en el gimnasio al verlo entrar el cuarto día o intento.

Una monitora, a distancia, de gran escote, le indica de hacer un poco de bicicleta elíptica y, poco después, unos abdominales.

Saca pecho, ¿Cuántas van?, se pone y hace…no una, medio.

Lo ayudan a levantar acalambrado de cintura. Se le mueve el pantalón. Todo el paquete al aire, se ha olvidado de poner un slip debajo del pantaloncito. La monitora se escandaliza.

Medio cabreado, casi sin poder andar, se va al baño, cansado ya por ese día agotador y sin conseguir hacer nada de lo propuesto.

Se mete en la ducha y se enjabona tan bien que se empieza a masturbar cuando se abre la puerta y entra otro tío en pelotas comentando de que “El empalmao”, el tío que se ha cagado y ha dejado un pestazo en el gim y que hoy se ha puesto en plan exhibicionista, delante de todos, con Jules, la monitora; que tenían que echarlo de una vez.

Tapándose como puede, la erección ya se sabe, y evitando tocar al otro resbala y se pega el gran coscorrón. El nuevo lo agarra solicito y lo levanta casi en vilo.

Se viste como puede y lo llevan a urgencias, al médico le dice, sin saber que los que le hemos acompañado estamos escuchando, que una paliza de unos gamberros en la calle. El médico viendo como esta, le dice “Se nota”.

Monday, August 17, 2015

El gimnasio. ¡Día 3!.


Día 3.

¡Increíble!, lo intenta una tercera vez.

Con la cabeza gacha, pidiendo ayuda al monitor de turno.

No sabe que en el gimnasio ya es famoso por: “El empalmao”, “El pedorro”.

Empieza bien, calienta en la bicicleta, en el andador. Se controla...

Una maciza deja libre una maquina sensacional, de esas de pesas. Se anima, se le encienden los ojos,  y se escapa a las pesas, le corre prisa. No puede más. No se controla...

Se sienta y prueba. No se da cuenta del nivel en que esta. Le cuesta.

La siguiente que ve libre es de bíceps, fácil. Chulo el llega, se esfuerza, huele, nota un muy mal olor. Mira el asiento…empieza a pensar… ¡el!, conclusión: sale escopetado al aseo, silbando por aquello de disimular, en el baño hace lo que puede, se quita el slip, se seca con papel higiénico. Sale.

Una chica espectacular se dirige a el, que piensa, “¡He ligado!”, ella con media sonrisa curvada le dice al tiempo que le señala el culo: “Te sale el papel higiénico por el pantalón”. Chafado se lo quita y se vuelve a la maquina de bíceps. De la que sale con ayuda del monitor por un calambre descomunal en el bíceps izquierdo, una parálisis del cuello y un golpe tremendo, una pesa de un kilo, en el pie derecho..

Thursday, August 13, 2015

El gimnasio, dia 2.


Día 2.-

Sorpresa, aparece un segundo día en el gimnasio con mas ansias si cabe. Por supuesto a una hora totalmente distinta de la del día anterior.

Disimula pues la costalada aun le duele pero linimentos milagrosos los hay y el es muy macho.

A cambiado también su look, ya mas normalito.

Directamente se va a la maquina de presión para hacer elevación de hombros. No mira como está. Hace un esfuerzo sonriendo y no la mueve ni un centímetro. Hace uno cojonudo arrugando la frente, mordiéndose la lengua y nada….

Se levanta cuando ve a unas chavalas que lo miran con cierto cachondeo. Se cabrea y diciendo que se creen estas vuelva a intentarlo. Hace un esfuerzo sobrehumano y casi a punto de sufrir una aplopejia, cuando piensa que la esta levantando nota algo por abajo-….¡Pugggduufgguuuuu!..¡Un pedo sonoro!

La gente del entorno: “Ha sido el empalmado ese, creo que se ha cagado”.

El disimula haciendo ruiditos con la zapatilla en el suelo.

Sale corriendo a limpiarse y aprovecha para irse.

 

Sunday, August 09, 2015

El Gimnasio.

Un primer día de gimnasio. Día 1.- Se apunto en el gimnasio del barrio y ¡FUE!. Sacando pecho, con todo el material que pensaba que iba a necesitar. Entro en el vestuario de chicos, se puso su camiseta ajustadita, sus mallas y sus zapatillas Niké último modelo. Salio sacando pecho y con ganas de hacer un no se que. La camiseta metida a presión saltó para arriba por la presión del estomago, saliendo por abajo la tripa enorme y peluda que le iba colgando sobre un pantalón dos tallas más pequeño de lo que necesitaba. El pensaba que marcaba bien el paquete. El monitor lo miró de forma aviesa. ¡Uf!, pensó, uno de dos días, el primero y el último. Lo manda 20 minutos en la bici. Allí se queda dando pedales, a los diez minutos baja corriendo al servicio y vomita; se fuma, ya que esta allí, un cigarro de forma compulsiva y diciendo que duro era todo ese deporte. Después 20 minutos en la cinta. A los lados unas chicas están corriendo a buen ritmo. Se le queda mirando las domingas y su cabeza empieza a seguir el ritmo de los pechos de las mismas; aturdido, sin saber ya donde esta, se marea. Hace un gran esfuerzo y aguanta, mira para delante, como un jabato…unos culos prietos, dentro de unas mallas ajustadísimas….termina de marearse, nota como se le sube el bulto en la entrepierna por lo que se la tapa con la mano derecha. Olvidando donde estaba, se suelta y se pega la gran costalada de novato. Se acercan a ayudarle, lo levantan. Se disculpa con vergüenza y dolorido se va al vestuario.

Wednesday, August 05, 2015

Comer una luna.



Comer una luna.

Es de noche, ya has cenado de forma sustanciosa. Estas bien, cómoda, feliz.

El niño juega con canciones de otro mundo al tiempo que hace gestos que son más un baile que otra cosa. Son manos que se mueven al ritmo escondido en el centro del mundo con los brillos de volcanes en sus ojos azules.

La luz artificial esconde arrugas en los rostros.

El niño se habla y se responde; se cuenta chistes vagos y se ríe de sí mismo al tiempo que me mira, a mí, su madre….

Carita de luna llena, pálida como la perfección de la crisálida y el renacer tras la noche.

Se abre la ventana. La luna oronda y plena. Creando mundos ilusorios.

El niño juega con la luna que se pierde entre sus regordetes dedos llenos de  celulitis infantil.

Luna plena y huidiza. Apetitosa, casi de queso, añorados por las hueste de hambrientos ratones de ciudad.

Me la ofrece estirando sus brazos con una amplia sonrisa. Se la quito rápido. Le rio. Me como la luna ante su atónita mirada. Sabores de sal y de mar. La luna me sabe a ambientes de sirenas y añoranzas del hogar lejano. Canciones viejas.

El niño, mi hijo, sonríe y trata de coger esa luna de mi boca. Sus deditos exploran mis labios, que le acerco,  de forma afanosa y juguetona. Desiste. Se vuelve y coge una estrella de los cielos. Cuatro puntas, no tilila.

Me da su estrella de la suerte con una gran sonrisa de bonachón o faquir o santurrón que va al baño ritual.

La cojo en mis manos y me la como también. Es mar y sal, es queso azul, es pan recién hecho. Me gusta.

El niño, mi niño por siempre jamás, juega con el triangulo de la vida con el ojo de Dios dentro. Juega a ser un dios menor que juega a algo más creando mundos virtuales, ideando nuevas formas de paz y de amor como si este no fuera más que el perímetro de una pirámide invertida.

El triangulo se cae al suelo de la habitación de mármol y plata, se rompe en otros dos triángulos casi iguales. El Ying y el Yang. El día y la noche. El bien y el mal acoplados en un juego de siglos por un niño pequeño y juguetón. Los recojo con mimo y los devoro como Saturno devoro a su prole.

El universo se está integrando en mi estomago, refundiendo y renaciendo, algo así con un bing bang casero. Pero algo falta, algún ingrediente secreto. No sé que puede ser. Lo busco y rebusco, le hago cosquillas y se ríe con risotadas estentóreas. Encuentro lo que falta, está entre los pies de mi fiera….

Es necesario el azar, la casualidad dentro y fuera de la entropía para que todo no se vaya cuesta abajo y que mejor que el trébol de cuatro hojas. El niño, mi niño, llora por el trébol que está en mi mano rumbo a mis labios. No quiere que me lo coma…el bote de galletitas ya esta vacio y el quiere conservar la ultima…
 

Saturday, August 01, 2015

Reflejos: ¿A que sabrá ese café extraño


¿A que sabrá ese café extraño

Del otro lado del espejo?

 

¿Cómo será la espalda de ese ser insolente

Que nos mira en el espejo?

 

¿Cómo será la espalda de ese

Ser insolente que nos mira

Airado dentro del espejo?

 

No hay ni palabras

Ni música, queda

El signo de los ojos

Y el ritmo de la cabeza.